cuadrosCiudad de México.- El brazo que le faltaba a José Clemente Orozco y que adquirió la forma de un demonio en cuadros donde exorcizaba el miembro faltante.

La cojera de Lord Byron que evoca el colombiano William Ospina en su reciente y maravillosa El verano que nunca llegó.

El cuerpo diminuto de Michel Petrucciani, a quien llevaban en andas a los conciertos.

La ceguera de Teté Montoliú, el pianista que amaron desde Joan Manuel Serrat hasta el contrabajista vasco Javier Colina.

Los gestos tullidos de Toulouse Lautrec.

La parálisis cerebral de Christy Brown, cuya vida inspiró la película Mi pie izquierdo con la que Daniel Day-Lewis ganó su primer Oscar.

A lo largo de la historia de la humanidad, hay ejemplos innumerables que demuestran que el cuerpo es un torrente de energía vertiginosa, definida muchas veces por un instinto de supervivencia y superación que es difícil de entender por parte de aquellos seres que nunca tuvieron que enfrentar un defecto físico, una carencia, una invalidez.

El arte ha sido, de ese modo, la expresión majestuosa por medio de la cual, el ser humano ha podido superar muchas barreras, entre ellas la física y hacer historia en circunstancias desventajosas, multiplicando la fe en la especie humana, lo que no es poco en estos tiempos de tanta desesperanza.

SD_01Tete Montoliú

(Barcelona, 1933-1997)

“Era un personaje maravilloso, un tipo muy ingenioso, además. Hay gente que lo ve como el pianista más importante de España y para mí ha sido uno de los pianistas más importantes de la historia del jazz. No es sólo un tipo que toca muy bien el jazz español, era mucho más que eso. Se dialogaba muy fácil con él. No tenía ningún tipo de pretensión musical, jamás preveía nada, cuando tocaba estaba abierto a todo, no tenía planes, como en la vida: me pongo a tocar y no sé lo que va a pasar, de pronto el bajo hace pum y yo hago pam, yo que sé. Lo importante es la música, en esos días, tocar con él fue muy transformador. Yo era muy joven, entonces, tenía 34 años. Tete fue una de las personas que mejor se ha portado conmigo. Era un tipo muy directo, sin ninguna falsedad, era un kamikaze y tenía un espíritu trasgresor en todo. Todo le daba igual delante de quien sea y opinaba lo que se le antojara en cualquier circunstancia.”

Así es el testimonio del contrabajista vasco Javier Colina, uno de los jazzistas más importantes de España y quien, efectivamente, tuvo la oportunidad de tocar con Montoliú.

Tete era ciego de nacimiento, lo que le impidió desarrollar una notable carrera como pianista en trío y como acompañante de grandes figuras del jazz estadounidense y europeo (B. Webster, L. Thompson, A. Braxton, entre otros).

SD_02Michel Petrucciani

(Orange, Francia, 1962 / Nueva York, 1999)

Michel Petrucciani, el pequeño gigante del jazz, fue uno de los hombres más pequeños del mundo y sin duda uno de los más grandes en la historia contemporánea del jazz.

Podría haber vivido un poco más de los 36 años que contaba cuando su vida se apagó en 1999, pero no estaba dispuesto a abandonar el vértigo, su voluntad de probar todas las drogas, enamorarse de todas las mujeres posibles y, sobre todo, de tocar el piano todas las horas del día y de la noche también.

Nacido en Orange, Francia, en 1962, medía apenas 101 centímetros a causa de una enfermedad congénita que le impedía crecer.

La osteogénesis imperfecta le dio pocos huesos a su esqueleto, pero mucho corazón a su cuerpo y, desde que tuvo uso de razón, Michel vivió para convertirse en uno de los músicos más importantes del siglo XX.

Su padre, un gran aficionado a la música, cuando descubrió el talento de Michel, prohibió que fuera a la escuela y a la universidad.

Estudiaba a distancia en cassettes con lecciones de matemática y ciencias que él borraba para grabarles música encima.

Esclavo del ritmo y dueño de una soberbia técnica pianística, como bien se ha sabido decir en el universo del jazz: “El piano puede sonar sencillamente a piano o puede sonar a lo Hancock, a lo Corea, a lo Petrucciani”.

SD_03Henri de Toulouse-Lautrec

(Albi, Francia, 1864 / Saint-André-du-Bois, 1901)

Era el amigo de las putas, despreciado por un padre que no lo podía llevar a cazar debido a una enfermedad congénita en los huesos que lo convirtió en un tullido.

Apenas medía un metro y medio de altura; con un torso normal y piernas que no crecieron,  su imagen era de un deforme melancólico que buscó consuelo en el arte y en el conocimiento.

En la academia de dibujo y pintura de Fernand Cormon conoció a Vincent Van Gogh, -de quien se hizo gran amigo-, tras lo cual se dedicó a cultivar con rigor autodidacta una pintura de luces y sombras que tradujo con colores vivos y neo-impresionistas la tristeza de su vida, el amor por la libertina Suzane Valadon (su “terrible Marie”) y el deslumbramiento por la pintura de Edgar Degas, su gran influencia y motivación.

En 1889 se inauguró en París el Moulin Rouge, que expone junto a su puerta una escena de circo pintada por Toulouse. El nombre del pintor y el del cabaret quedarán unidos para siempre en el cartel que el primero realizó para el establecimiento en 1891.

El Jardin de Paris o el Divan Japonaise fueron otros locales que visitaba Henri, un mundo de burdeles en Monmartres que constituye la esencia aunque no la totalidad de su preciada obra.

No comía. No dormía. Estaba siempre borracho de absenta e intercambiaba sus cuadros por favores sexuales con las putas de París, frente a las cuales se hizo voyeurista.

Quiso suicidarse con metileno, contrajo sífilis y a medida que su cuerpo y su espíritu se hundían irremediablemente en la oscuridad, ascendía su prestigio como pintor y su obra se hacía cada vez más notoria para la crítica y los aficionados al arte.

SD_04Betsy Pecanins, cantante

(Arizona, 1955)

Betsy Pecanins, nacida en Yuma, Arizona, pero radicada desde hace muchos años en México, donde es considerada una artista nacional, sufre desde hace muchos años una enfermedad en la columna que hoy le impide caminar con facilidad.

Por si fuera poco, hace unos años una extraña enfermedad en las cuerdas vocales la dejó prácticamente sin voz, aunque ahora parece haber dejado atrás sus delicados problemas de salud y promete regresar a los escenarios el próximo 29 de agosto.

Se trata del espectáculo Ave Phoenix que Betsy presentará en el Teatro de la Ciudad y que ha llevado a cabo con la colaboración de varios letristas entre los que destacan Guillermo Briseño, Rafael Mendoza, Jaime López, David Huerta, Frino y Magali Lara, en la confección de canciones dichas y rapeadas que hablan del amor, del cuerpo, de la migración, de las obsesiones, tomando como centro la visión de una artista que renace y a la vez se rehace.

Así, Pecanins incursiona en el hip hop, el rock, la música electrónica y contemporánea, siempre de la mano del hábito que la nutre y le da sentido: el blues.

Precisamente, fueron la fuerza y la lealtad a una manera de entender la música la que hicieron de Betsy Pecanins una intérprete extraordinaria. Personal al punto de tener que sacrificar en parte y sin quererlo una carrera internacional “porque cuando alguien quiere contratar a una artista desde afuera, buscan a alguien que interprete el cancionero folclórico”.

“Soy la eterna incomprendida”, supo decir en una entrevista que le hiciéramos hace unos años en su casa de La Condesa, al tiempo de reconocer que en los últimos tiempos, la globalización hizo mucho en beneficio de su arte.

“Hasta hace unos años hasta la tan mentada world music era muy cerrada y solo hacía hincapié en el folclore, ahora hay mucha más apertura”, dijo Betsy.

“En mi caso, hacer música es un acto profundamente personal, en todos los sentidos. Cuando era joven todo el mundo me decía: – Canta blues, que te sale muy bien. Pero yo decía que no, que no quería imitar a Koko Taylor, para mí cantar blues iba a ser el resultado de mi dolor, de mi humor, de mi sensualidad”, afirma.

“Siempre he dicho que para mí el blues es como un zapato viejo, no hay ninguno que te ayude a caminar como ese zapato viejo, aunque no puedo decir que compongo estrictamente blues. Cuando me pongo a componer, recurro a otras cosas y hasta ahora hice algunos blues y también hice otras canciones que no son blues. Soy de Arizona, por lo que el folk también es una influencia para mí”, agrega.

Con 16 discos en su haber, Betsy Pecanins a menudo dice que está viva de milagro y que su cuerpo, sometido a muchas operaciones, siempre ha respondido bien al estímulo de la música. “Es cantar lo que me ha dado vida y lo que me ha permitido luchar contra las adversidades”, afirmó cuando presentó, en 2000, Esta que habita mi cuerpo.

SD_05Christy Brown

(Crumlin, Irlanda, 1932 / Somerset, Reino Unido, 1981)

Su historia fascinante inspiró la película Mi pie izquierdo, dirigida por Jim Sheridan y con la que el actor británico Daniel Day Lewis obtuvo su primer Oscar en 1989. Hijo de un albañil y un ama de casa, tuvo 21 hermanos. Nació con una severa parálisis cerebral y a edad muy temprana mostró interés por la pintura y la literatura.

Aprendió a escribir y a pintar más temprano que tarde con su pie izquierdo, una historia que contó en una novela autobiográfica de gran éxito y que dio motivo a la película ya mencionada.

Cuando Mi pie izquierdo se convirtió en una sensación literaria, Christy se volvió famoso y comenzó a recibir cartas de admiradores, pero necesitaba ayuda para contestarlas así que contrató a Beth Moore, quién luego se convertiría en su esposa.

Su libro titulado Down, todos los días se publicó en 1970 y le permitió ser reconocido a nivel internacional. El trabajo fue traducido a 14 idiomas y dio rienda suelta a la pasión literaria de Brown.

Una sombra en verano (1972), Salvajemente crecen los lirios (1976) y Una prometedora carrera (1982, un año después de su muerte) constituyen su legado novelístico.

SD_06Ludwig Van Beethoven

(Bonn, 1770 / Viena, 1827)

Es famosa la sordera de Beethoven, pero mucho más célebre es la música que consiguió crear en medio de grandes dificultades de salud y una gran devoción a Sebastian Bach.

Miembro de la orquesta de la corte de Bonn desde 1783, trabajó con Haydn y Antonio Salieri y se dio a conocer como compositor y pianista en un concierto que tuvo lugar en 1795 con gran éxito.

Su carrera como intérprete quedó bruscamente interrumpida a consecuencia de la sordera que comenzó a afectarlo a partir de 1796 y que desde 1815 lo privó por completo de la facultad auditiva.

La paradoja de una existencia atribulada: en la cumbre de su carrera de música, pierde la audición a causa de una enfermedad conocida como labyrinthis, que lesiona el oído interno.  Al parecer, también sufría de saturnismo, un mal causado por altas consecuencias de plomo en la sangre, que provoca descomposturas permanentes.

Comenzó a comunicarse mediante lo que luego se conoció como “cuadernos de conversación” y fue creador de una obra inmensa que se disfruta con pasión aún en nuestros días.

SD_07El Langui

(Madrid, 1980)

Se llama Juan Manuel Montilla, pero es conocido como El Langui, un joven talentoso y de personalidad arrolladora a quien un accidente al nacer le provocó una parálisis cerebral con graves secuelas físicas.

A los 21 años sacó su primer disco como rapero y se convirtió en un personaje destacado de la música en su España natal.

Su primera película, El truco del manco, le valió dos Goya: al mejor canción y actor revelación y un trabajo muy destacado en la televisión con series como Chiringuito de Pepe y Taraska TV.

Crecido en un barrio obrero de Madrid, El Langui es la voz de su generación y de su clase social y se ha valido del humor para enfrentar una vida llena de dificultades a la que le ha opuesto un optimismo imbatible y contagioso.

“Aunque no vivas en tu barrio, aunque no pases mucho por allí, es importante. Pero esto vale para todos, no solo para la gente que nos dedicamos al espectáculo. No hay que olvidar tus raíces y mantener los valores. En mi barrio, Carabanchel, es donde más valores he encontrado. De esfuerzo de ilusión, de superación… Las grandes historias salen de estos sitios”, ha declarado en una entrevista al periódico El Mundo.

Por si fuera poco, también escribe y ya tiene tres libros publicados.

SD_08José Clemente Orozco

(Zapotlán, actual Ciudad Guzmán, 1883 – México, 1949)

Considerado uno de los muralistas más importantes en la historia del arte mexicano, unido a la experiencia artística y militante de sus colegas y contemporáneos Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo, nutrió la estética modernista latinoamericana con una vocación siempre experimental y de vanguardia.

Su consagración total a la pintura, con gran influencia expresionista, lo convirtió en un artista del pueblo que retrató, como Toulouse-Lautrec, a las prostitutas y la gente de la calle.

Fue llamado por eso “el Goya mexicano” por la violencia y la energía de una obra definida por el heroísmo trágico de sus criaturas y el espacio ideal que encontró la historia de su tiempo para expresarse y dar cuenta de sus constantes transformaciones.

Pocos saben que José Clemente Orozco era manco. Había perdido su mano izquierda en la infancia, una mutilación que se manifestó de forma metafórica a veces y contundente otras en diversos dibujos.

“Sí le importaba y le importaba demasiado la mutilación de su brazo izquierdo, situación que al principio escondía y hacia sus últimos años hizo evidente, alardeando en cartas y en imágenes que todo lo que hizo, lo hizo con una sola mano”, dijo la investigadora Teresa del Conde.

SD_09Lord Byron

(Londres, 1788 – Mesolongi, Grecia, 1824)

“Byron era bello como una estatua griega y no es extraño que se haya convertido finalmente en una estatua griega. Jane Porter dijo que era ‘como un vaso de alabastro iluminado desde adentro’. De inteligencia rápida y brillante, había aprendido a responder con sagacidad y con veneno a las palabras de los otros porque el destino lo favoreció con un defecto: una cojera que al parecer no era al comienzo fruto de una deformidad de los miembros sino de la debilidad de un ligamento del tobillo, que él mismo atribuía al excesivo pudor de su madre a la hora de darlo a luz. Esa cojera provocaba las burlas de sus compañeros de estudio y el desprecio de algunas muchachas a las que el joven pretendía, de modo que él para protegerse afiló su lengua hasta convertirla en un arma temible”.

Con ese hermoso texto de su nueva novela El verano que nunca llegó, el escritor colombiano William Ospina describe la vida fascinante del gran  poeta británico y aristocrático, figura señera del Romanticismo.

La cojera no fue poca cosa en la vida de Byron, quien toda su vida experimentó un gran complejo por dicho defecto físico, a pesar de que era como también describe Ospina un hombre de gran belleza.

A los 18 años de edad publicó su primer libro de poemas, Horas de ocio. Fue un viajero incansable y su esencia libertina lo convirtió en un poeta errante que terminó por ser el testimonio de la cultura griega, que adoró, y de la que fue gran difusor.

Murió en Grecia, con apenas 36 años de edad.

SD_10Jorge Luis Borges

(Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986)

Su obra literaria es tan importante que a menudo es considerado un género en sí mismo. “No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”, dijo el poeta que entre otras cosas era ciego.

Fue en la década de 1930, cuando a causa de una herida en la cabeza, comenzó a perder la visión hasta quedar completamente ciego y para ser un hombre que no veía consiguió convertirse en un verdadero clarividente y ver más allá del alma y el corazón de sus lectores.

Aunque es más conocido por sus cuentos, se inició en la escritura con ensayos filosóficos y literarios, algunos de los cuales se encuentran reunidos en Inquisiciones. La historia universal de la infamia (1935) es una colección de cuentos basados en criminales reales.

En 1955 fue nombrado académico de su país y en 1960 su obra era valorada universalmente como una de las más originales de América Latina. A partir de entonces se suceden los premios y las consideraciones.

En 1961 comparte el Premio Fomentor con Samuel Beckett, y en 1980 el Cervantes con Gerardo Diego. Murió en Ginebra, el 14 de junio de 1986, sin recibir el Premio Nobel.

SINEMBARGO.MX

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