La directora del Instituto Municipal de las Mujeres de Ciudad Juárez (México) asegura que cuenta con 1,6 millones de euros para luchar contra los feminicidios y así es cómo piensa hacerlo

El mismo fin de semana en el que el presidente electo de México, López Obrador, recalaba en Ciudad Juárez para comenzar su gira de la paz, 20 personas fueron asesinadas. No pasó nada extraordinario, es una cifra normal en uno de los enclaves más violentos del mundo, cuya brutalidad se ceba especialmente con la población femenina. La nueva directora del Instituto Municipal de las Mujeres, Verónica Corchado (Ciudad Juárez, 1978), asegura que ha conseguido lo más importante para combatir esta lacra: dinero. Y tiene un plan para convertir su ciudad en un entorno seguro para ellas.

Corchado se puso al frente de la institución a finales de 2016 y lanzó su programa del Corredor Seguro para las mujeres. El objetivo de la institución es rehabilitar el centro histórico de Ciudad Juárez y que sus calles dejen de ser una trampa mortal. Esta activista por la igualdad tiene algo claro: “Las leyes que se hacen sin dinero no sirven para nada más que para perpetuar la violencia”. A principios de noviembre visitó Madrid para contar su trabajo en el Foro Mundial sobre las Violencias Urbanas y Educación para la Convivencia y la Paz de Madrid.

“Este año pactamos un presupuesto de 10 millones de pesos (unos 433.000 euros) y la posibilidad de gestionar recursos de otras esferas gubernamentales por un valor de hasta 28 millones de pesos (1,2 millones de euros)”, explica Corchado. Su estrategia es integral y va desde la mejora de las calles y el alumbrado, hasta la instalación de los llamados botones del pánico (un interfono que conecta directamente con la policía) pasando por la formación en violencia de género del cuerpo policial. “Hemos identificado los 12 puntos más peligrosos y vamos a instalar botones del pánico con conexión wifi y cámaras de seguridad”. ¿Es suficiente este dinero para detener los asesinatos? “Esto no se puede conseguir en un año ni en dos. Necesitamos crear las condiciones para pasar del activismo al gobierno, que no solo se diga en los discursos que va a haber presupuesto, sino que lo haya”, asegura ella.

Con su 1,5 millón de habitantes, Ciudad Juárez lleva en lo que va de año más del doble de mujeres asesinadas que España (46,5 millones de habitantes): 100. Esa es la cifra que aporta Corchado, y que respalda la Fiscalía Zona Norte, aunque el organismo solo reconoce 10 de las muertes por motivos de género (el resto se atribuye a la venta de droga). Pero aun siendo uno de los problemas prioritarios de la ciudad, sigue habiendo disparidad en las cifras que se aporta desde distintos organismos. “Solo el año pasado, emergencias recibió 520.000 llamadas y un tercio de ellas eran por violencia domestica (un término que en España se abandonó por violencia machista)”, señala. En la cuenta de Twitter del Ayuntamiento de la ciudad y en la página de Facebook del Instituto Municipal de las Mujeres se suceden los carteles de niñas y mujeres desaparecidas.

En marzo se inauguró el centro de atención integral para las mujeres y en julio del año pasado lanzaron la app No estoy sola, que envía una alerta a familiares o amigos cuando las usuarias estén en una situación de peligro. También está previsto que se abran nuevos baños públicos más seguros (se han identificado como uno de los lugares en los que se producen más agresiones) y más casetas de vigilancia policial. Toda una serie de esfuerzos que, como se ha demostrado, no sirven de nada si no continúan de una administración a otra. Tal y como cuenta Jacobo García en esta información la ciudad tenía en 2010 una tasa de 253 homicidios por cada 100.000 habitantes. Calderón logró reducirlo a 17 en tres años, pero el posterior abandono volvió a aumentar las estadísticas hasta los 60.

Nacida y criada en una de las zonas más peligrosas del mundo, el activismo hizo reaccionar pronto a Corchado ante la brutalidad que la rodeaba. Por eso mismo, se muestra segura en sus palabras y concreta en sus acciones y no quiere más palabrería. Dicho de otro modo: “A mí no me doran la píldora, yo ya he vivido todas estas violencias”.

Fuente: elpaís

 

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