Pasado un mes y medio del combate entre el irlandés y Khabib Nurmagomedov, el psicólogo deportivo José García Donate analiza las variables que pudieron influir en que se desatase una sonada trifulca tras la pelea

Lo que prometía que iba a ser el combate más importante de la historia de las artes marciales mixtas (MMA, por sus siglas en inglés) acabó siendo un fiasco a nivel deportivo, no así a nivel mediático. Conor McGregor y Khabib Nurmagomedov se batieron en duelo el pasado 6 de octubre en la pelea estelar del UFC 229. El ruso defendía –y lo hizo con éxito– el título del peso ligero de la compañía estadounidense. El irlandés se encargó de que creciesen las expectativas de cara a esta batalla deportiva, como mejor sabe, utilizando la guerra psicológica para caldear el ambiente durante los días previos.

Sin embargo, en opinión de muchos analistas, McGregor se excedió entrando en terrenos pantanosos como el ámbito familiar de Khabib y la religión que este profesa, el islam, algo que barruntaba que el combate estaba llevándose demasiado lejos. Así fue, después de que el peleador ruso sometiera al irlandés, se desató una innecesaria trifulca entre ambos equipos. Ahora, más de un mes después del combate, ABC analiza con el psicólogo deportivo José García Donate, los motivos que pudieron desencadenar este suceso y qué se le pudo pasar por la cabeza a ambos «gladiadores» para llegar a dicha situación.

Para García Donate, que deja claro que este análisis toma una perspectiva subjetiva a partir de su experiencia como psicólogo en el campo de la lucha, los dos son «grandísimos» deportistas tanto en sentido físico y técnico como táctico y psicológico. «Tienen una forma muy llamativa y antagónica de actuar, ambos muestran una gran confianza en sí mismo», explica, para pasar a describirlos individualmente.

La confianza

«En el caso de McGregor, parece fijarse mucho en su entorno: pareja, amigos, equipo, familia… que como son los mismos desde que empezó, puede darle una gran seguridad. Utiliza un lenguaje con una gran cantidad de autoafirmaciones y halagos hacia su persona. Eso lo hace debido a uno de los principios que dice representarle: “Si tú crees en ello, si lo expresas, va a convertirse en realidad”. Con esto, no quiero decir que con que un deportista diga constantemente lo bueno que es va a llegar lejos. Pero sí que hay algo muy importante, tanto en el deporte como en la vida, y es que de nada te sirve tener una gran destreza y enormes capacidades en tu deporte si no te lo crees».

«En cuanto a la confianza de Khabib, el hecho de llevar desde muy pequeño practicando artes maricales y deportes de combate junto a su padre, tiene que ser uno de los puntos más fuertes de su confianza ya que se podría decir que su padre lleva toda la vida preparándolo para lo que le está sucediendo en estos momentos (título de UFC). Otro de los puntos que puede ayudar a Khabib a tener una alta confianza en sí mismo es la religión. Él mismo admitió que lo que tiene por encima del resto es que cree en él y en Dios y que Dios lo ayudará si él hace su trabajo. Por tanto, si considera que ha hecho su trabajo y que su religión le va a ayudar, es muy posible que acuda con más seguridad a la competición».

La gestión de la presión

El peleador irlandés ha comentado que cuando entra en un combate intenta que las emociones desaparezcan, con el propósito de vaciar su mente, evitando las animadversiones hacia sus rivales. En este caso, la gestión de la presión psicológica es una pieza clave a la hora de combatir. «Hablamos de dos ejemplos diferentes pero muy efectivos de afrontar la presión. Hay que tener en cuenta que no solo se trata de dos deportistas a los que les están mirando millones de personas, sino también de dos casos en los que están representando a su país, al mismo tiempo que se juegan su integridad física», explica García Donate.

En el caso de Conor McGregor, una frase le definiría muy bien en cuanto a cómo gestiona la presión: «La presión crea diamantes, la presión es una ilusión, pero yo quiero esa ilusión. Dame más presión». Al fin y al cabo la presión que se sufre de cara a una competición la crea cada luchador. «Las expectativas que tenemos, los miedos, los deseos o nuestro entorno de cara a un combate son aspectos que hacen que afrontemos la competición con mayor o menor peso en nuestra “mochila”», describe el psicólogo deportivo. «En el caso de Khabib dice que siente un poco la presión pero cree que todos la tienen y que en su mente se ve intacto. La forma en la que comenta que todos tienen esa presión es una manera de normalizarla. Aunque Khabib da la sensación de ser un témpano de hielo al cual no hay manera de derretir, no es una máquina, es una persona y tendrá sus miedos y debilidades aunque en muy pocas ocasiones las muestre. Algo que por otro lado afectó al juego psicológico de McGregor en la previa al combate, y le salió el tiro por la culata. Con el luchador ruso hablamos de una persona que no había sufrido ni una derrota, ni siquiera en un asalto. Ha sido siempre el mejor por lo tanto podemos intuir que la presión, al menos hasta ahora, no es algo que afecte a su rendimiento de forma negativa», concreta.

La motivación

A la hora de subirse a un octógono, son muchas las cosas que se le pasan a un luchador por la cabeza. También varían las motivaciones que hacen que un deportista ponga en juego su integridad física para disfrute de los asistentes y telespectadores. «Con respecto a la motivación, aunque se dice que Conor lo hace por dinero, realmente creo que ese no es el motivo real que lleva a realizar los duros sacrificios para poder llegar en las mejores condiciones a la competición. En la previa del combate, comentó que volvía “por amor a este deporte”. En ambos las ganas de pelear y ser grandes van más allá del dinero, ambos quieren demostrarse a sí mismo y al público cuál es su techo como deportista. Esto lo deja claro Khabib diciendo que pelea por su legado. Y por otro lado, el entrenador de McGregor, John Kavanagh, ha comentado que si la motivación es la fama, el dinero, etc, cuando se tiene eso, seguramente lo verás alejarse del deporte, y este no es el objetivo de McGregor, sino ser el mejor luchador posible. Estoy totalmente de acuerdo con la opinión de su entrenador», escudriña García Donate.

El combate

Como ya se ha analizado en cientos de páginas, en la previa, el irlandés Conor McGregor quiso meterse en temas personales, llegando a faltarle el respeto a su rival, Khabib Nurmagomedov. «Este juego psicológico que utiliza Conor estamos acostumbrados a verlo, y realmente es un juego que puede ser muy efectivo en un momento determinado y contra un rival determinado. Su objetivo es desestabilizar psicológicamente a su adversario y que pierda la concentración en la preparación de la pelea, para ello parece que siempre trata de encontrar el argumento que consiga una implicación emocional por parte del rival, consiguiendo así que pierda de vista la estrategia del combate», cuenta el psicólogo deportivo.

Este método, casi rutinario en el peleador irlandés, le ha surtido efecto en numerosas ocasiones. Especialmente caben destacar dos. En el combate por el título del peso pluma de UFC frente a José Aldo, en el que consiguió la victoria en tan solo 13 segundos debido a que el luchador brasileño se precipitó a la hora de intercambiar metralla. La otra ocasión fue disputando el título del peso ligero de UFCfrente a Eddie Álvarez, el cual se alejó de su estrategia inicial entrando a combatir con McGregor en la lucha de pie y sucumbiendo a este último. «Perdí de vista mi estrategia, me centré más en las manos», dijo entonces Álvarez. Es una consecuencia de que McGregor consiguió lo que quería. El segundo motivo de este juego psicológico del irlandés que enumera García Donate es calentar sus combates y que haya una mayor audiencia y, por tanto, mayor bolsa económica por combate.

Sin embargo, esta vez el rival era superior estratégicamente a los anteriores. «Aun con todas las vejaciones que sufrió el luchador ruso no afectó a su rendimiento deportivo de manera negativa. Incluso se podría decir que eso le dio a Khabib un plus de motivación para el combate. ¿Por qué digo esto? Hay un momento en el combate en el que Khabib se encuentra por encima de McGregor golpeándole y diciéndole: “Habla ahora, habla ahora”. Seguramente aquí estaría recordando momentos de la previa, donde se produjeron situaciones de tensión y es posible que Khabib ya hubiera visualizado este momento porque en la previa comentó literalmente: “Ya veremos si hablas”, haciendo referencia a cuando comenzara el combate. Cuando hablo de que le salió el tiro por la culata al irlandés es porque no consiguió descentrar la estrategia del ruso, aunque sí calentar la pelea, de eso no hay ningún tipo de duda, y se puede ver en las consecuencias que hubo», argumenta García Donate.

A Khabib le preguntaron que si estaba enfadado con McGregor y dijo que realmente lo estaba, aunque continuó diciendo que su trabajo era «controlar las emociones». Parece que no lo logró, como explica el psicólogo deportivo: «En mi opinión es algo que consiguió a medias: sí que es verdad que consiguió gestionar sus emociones de una manera muy productiva, supo sacar el odio que tenía guardado a la luz de manera efectiva dentro de la pelea. Sin embargo, durante el combate se empezaron a ver muestras de que Khabib estaba algo revolucionado, que no podía aguantar más ese odio. En el final de los asaltos siempre hay una discrepancia (Khabib se encara). O incluso cuando le finaliza, Conor se rinde y Khabib sigue apretando, es el árbitro el que tiene que separar las manos de Khabib, cuando ya está rendido». Y añade: «Justo después de esto, esa magnífica gestión emocional que había hecho Khabib se fue al garete. Había muchas cosas que en un primer momento parecía que no le afectaban en la conferencia previa de prensa, se vio que no era así y claramente le habían afectado».

Lo cierto es que, gracias a este combate, miles de personas sintonizaron por primera vez una pelea de MMA, y que el ejemplo, obviamente, no fue el mejor posible. Sin embargo, muchas voces se han lanzado a criticar este deporte sin tener conocimiento alguno, lejos de la mencionada pelea. «Es una pena que una velada de este calibre acabara de esta forma, alimentando algunas voces que definen a los deportes de combate y las MMA como proveedores de violencia, cuando verdaderamente no es así. Sin ir más lejos, Khabib ya se ha arrepentido de sus actos y ha dicho que este deporte es respeto o al menos debería serlo. Es una pena que este incidente tapase el resto de combates que hubo esa noche, como el enfrentamiento entre Anthony Pettis y Tony Ferguson, que fue sublime», concluye García Donate.

Fuente: ABC

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