Las familias venden a las chicas a las redes ilegales, que son traídas en pateras y sometidas con rituales de vudú: las obligan a comer corazones crudos, les arrancan las uñas y el pelo.

El negocio de la trata de mujeres nigerianas está en auge. En la última década, ha pasado se ser algo casi residual a crecer un 40% . «A día de hoy existe más prostitución de esa nacionalidad que de rumanas en términos porcentuales», alertan fuentes de la lucha contra el tráfico de seres humanos. Las operaciones policiales en este sentido son cada vez más numerosas (en frecuencia, número de detenidos y, lo más importante, mujeres liberadas) y desvelan técnicas de sometimiento «que son de las más salvajes que se conocen».

Los ritos de vudú practicados por chamanes y brujos contratados en el país de origen superan los límites de la tortura: sus cancerberos las obligan a comer corazones de pollo crudo mientras beben whisky, les arrancan las uñas, el cabello y el vello púbico. Es, aunque parezca mentira en pleno siglo XXI, su manera de someterlas.
Zonas de Madrid como el polígono Marconi, en Villaverde, la calle de la Montera y la misma Gran Vía son los lugares donde es más común ver a estas mujeres. Las mafias también las explotan en las mismas viviendas en las que permenecen hacinadas, en régimen de esclavitud y donde, incluso, se encargan (gratis, claro) de hacer las tareas de la casa y del cuidado de los hijos de los capos.
Entramados internacionales
Las tramas se han ido sofisticando, pasando de ser un tipo de delincuencia un tanto «desorganizada» a perfectas factorías del crimen: con lazos internacionales, especialistas en falsedad documental, matones y entramados de lavado de dinero. Los cabecillas se encuentran en Nigeria, pero también en nuestro país.
Hace apenas unas semanas, cayó uno de ellos, Mark Willson Oguie, un Dj muy conocido con el nombre artístico de Mark Ido Empire, afincado en Bilbao. Fue detenido por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil cuando regresaba a España desde su país, donde acababa de grabar un videoclip. Su función en la llamada operación Nanga-Parbat era, presuntamente, la de transportar a las mujeres desde Italia hasta distintos puntos de nuestra geografía, donde organizaba su explotación sexual, indican fuentes del caso.
Pero el recorrido previo de las muchachas hasta las calles de Madrid es largo y duro. Muchas provienen de Benin City, de los estratos más bajos de la sociedad. Las hay que son vendidas por sus propios padres y demás familia; otras, las que más, son sometidas a través de los mencionados ritos de vudú-yuyu. Para ello suelen contar con varios brujos en nómina.
Las muchachas, como si fueran un cargamento de carne y ya en manos de las mafias, son trasladadas por carretera desde Nigeria, por Níger, hasta Libia; durante ese primer trayecto las van cambiando de medio de transporte y cuentan con una rama de la organización que les prepara las documentaciones falsas. Desde la costa de ese país viajan a Italia en barcos, pateras o cayucos. «Las colocan en el centro de las embarcaciones más frágiles, y al resto de inmigrantes ilegales en los bordes», explican los expertos de la UCO.

Deudas de 45.000 euros

En tierra firme las esperan otros miembros de la red delictiva, que, ya en territorio Schengen, las traen hasta distintos puntos de España. Entonces, las colocan a hacer la calle, a 10 euros el servicio completo. Y, a ser posible, sin condón. Les ponen a otras prostitutas más veteranas, que gozan de la confianza de los cabecillas, como «mamis» o «madames», encargadas de vigilarlas y de que no distraigan ni un céntimo. Lo que ganan deben dárselo a la mafia para pagar la deuda (o así la llaman) por el viaje: de entre 30.000 a 45.000 euros, según las distintas investigaciones realizadas tanto por la Policía Nacional como por la Guardia Civil.

Los más de 4.200 kilómetros recorridos (además de su estancia en los campos de inmigrantes de Lampedusa) no son nada con lo que les espera en la capital. Palizas y amenazas están a la orden del día. Si alguna pone el más mínimo reparo, llaman a sus familias en Nigeria para intimidarlas o, incluso, también practican vudú contra sus padres y hermanos.

Solo la trama desarticulada en laoperación Nanga-Parbat, han sido detenidas 89 personas, de las que a 58 se les imputan organización criminal, trata de seres humanos y blanqueo de capitales. De ellas, 43 fueron enviadas a prisión y, además, 39 mujeres fueron liberadas. Algunas de ellas estaban encerradas por orden del Dj nigeriano en casas-cueva de Almería. Puesto que a estas mujeres es muy común que las muevan por distintas provincias españolas e incluso las lleven a otros países europeos.

Blanqueo por «hawala»

Las investigaciones patrimoniales realizadas tienen, en la mayoría de los casos, un nexo común: gran parte del dinero conseguido explotando a estas chicas acaba en Nigeria. Mucho se invierte en negocios inmobiliarios, tanto viviendas como hoteles, indican las fuentes consultadas.

El método más común para el blanqueo es la llamada «hawala», que consiste en que personas del mismo grupo, pero distribuidas en distintos países, se entreguen, en cadena, las cantidades obtenidas. Los hacen sin dejar ningún tipo de rastro, de manera que no queda constancia. Es la misma técnica que utilizan mafias de otras nacionalidades, como las chinas, expertas en mover a través de medio mundo millones y millones de euros y dólares.

Otra pata delictiva es la de la falsedad documental. No solo en lo que a la trata de seres humanos se refiere (que es el delito más grave), sino a la petición de solicitudes de asilo que realizan las organizaciones criminales para estas mujeres. Es una manera de tenerlas controladas casi de por vida y en ese flanco cuentan con la connivencia de especialistas legales en estas lides.

La Policía Nacional cuenta con un teléfono al que pueden llamar las víctimas, el 900 10 50 90 y el correo electrónico trata@policia.es.

Fuente: ABC.

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