Aprendamos

Editorial octubre 29, 2018 HL 0

Alguna vez un especialista en temas electorales me dijo que los 10 candados de seguridad que tenía la boleta electoral mexicana, retrataban mucho de lo que éramos como sociedad democráticamente madura. Ponía el ejemplo de países donde usaban el papel más corriente para emitir el voto, porque después de ser contabilizado se convertía en basura electoral inservible. Pero en México la desconfianza no es gratuita, la clase política nacional se la ha ganado con base en caídas de sistema, embarazo de urnas, mapaches profesionales y robos electorales descarados.

Hemos caído en el juego perverso de la trampa porque llevamos décadas bajo el yugo del que no transa no avanza.

Ayer se llevó acabo la primera jornada de la primera consulta nacional hecha por el gobierno en transición: la consulta por el Nuevo Aeropuerto Internacional de México resultó ser un ejercicio para no olvidar, falló en la organización, transparencia y está llena de incertidumbre. Las hojas en las que se emitía la votación no estaban foliadas, la aplicación que impedía que se votará más de una vez falló y hubo personas que lo hicieron hasta cinco veces, la tinta indeleble se borraba al primer intento de ser limpiada, no se anunció ningún tipo de protección de datos personales de los votantes, la página donde se informaba la localización de las mesas de votación estuvo caída gran parte del día, todo salió mal, en materia de organización resultó ser una decepción.

En realidad, el resultado de esta votación estará manchado por el poco rigor del ejercicio de participación. Vivimos en una sociedad que exige transparencia y que su voto sea protegido, y en este caso la consulta resultó ser una burla. Era una oportunidad para demostrar de lo que el gobierno en transición era capaz de hacer para escuchar a la ciudadanía y la desaprovecharon, ojalá rectifiquen.

Es grave porque sienta el precedente de un instrumento tan democrático como las consultas, que por años se buscó para facilitar la participación ciudadana, y que ahora tiene la mancha de un ejercicio a modo que pretende sólo legitimar una decisión tomada a priori.

Sin embargo, hay un par de elementos ganados: jamás había visto que la construcción de un proyecto de tal magnitud entrara en la conversación de la gente y llevara a miles a participar activamente, a opinar, a informarse; nos mostró que no somos la sociedad agachada y apática, somos una sociedad que exige y que evidencia lo que está mal hecho, que se indigna ante lo que parece una tomadura de pelo.

No defiendo la consulta, lo repito, es un ejercicio de participación ciudadana que fracasó, no importa si gana Texcoco o Santa Lucía, no hay forma de tomar en serio esta convocatoria; sin embargo, sí debemos como sociedad de asumir responsabilidades y de tomar en serio la oportunidad de participar de manera honesta ante un ejercicio como este.

Llevamos años exigiendo que se nos tome en cuenta y fue patético ayer ver cómo algunos ciudadanos votaron dos, tres, cuatro veces. Entiendo el ejercicio por parte de algunos periodistas de evidenciar una de las múltiples fallas, pero al menos en mi timeline de Twitter encontré a decenas de personas que repitieron la trampa, replicando actitudes que hemos criticado en nuestro país hasta el cansancio; al hacer esto sólo nos engañamos a nosotros mismos.

¿Por qué festejamos que si nadie nos vigila somos capaces de romper las reglas?

Aprendamos de lo que acaba de pasar, señalemos a los tramposos, exijamos ejercicios de participación limpios, ordenados y con rigor, aún hay tiempo de que el gobierno en transición reconozca la falla y rectifique a partir del 1 de diciembre.

Fuente: EL FINANCIERO

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