“Lo que más me motiva es que la gente vea que un negro puede estar en el equipo nacional y representarlo”, dice en su estreno mundial el español, que abandonó Senegal con 11 años. El padre llegó en patera y él estudia soldadura.

Babacar Seck tiene 20 años y llegó a España con 11. Este sábado consiguió la primera medalla española en el Mundial de kárate: bronce en kumite en la categoría de +84. Baba, como le llaman todos, es un tiarraco de casi metro y noventa. Dejó Senegal junto a su familia en busca de nuevas oportunidades y se instaló en Zaragoza, donde vive y se entrena. Es el segundo de seis hermanos. El padre fue el primero en llegar, lo hizo en patera. “Lo admiro por todo, todo lo que ha hecho, lo ha hecho por nosotros. Vino en patera, por recorridos difíciles y lo logró. El segundo en llegar fui yo, en avión. A medidas que a mi padre empezó a irle bien, fueron llegando mi madre y mis cinco hermanos”, cuenta Baba en las entrañas del WiZink Center, donde se está disputando el Mundial.

Tiene todavía la cara llena de sudor. Nadie de su familia ha podido venir a ver el bronce que ha conseguido en su primer Mundial absoluto. El padre vive y trabaja en Suiza de soldador. La madre y sus cuatro hermanos han vuelto a Dakar. Baba vive en Zaragoza con su hermano mayor, Yaya. “Le he dicho que pusiera Teledeporte, que a lo mejor salía”, cuenta con ganas de pasar el control antidopaje y de ir a avisar a la familia de la medalla que acaba de ganar. Se ha impuesto al portugués Reis Filipe por 7-1.

No para de dar las gracias a todo aquel que se cruce en su camino en la zona mixta. Su hermano trabaja de soldador igual que el padre. Baba, que hizo un curso de vigilante de seguridad, está ahora sacándose el grado medio de soldadura. “Es difícil compaginar las dos cosas, pero lo intento porque merece la pena. Voy a clase de 8.30 a 14.40 y por las tardes voy a entrenar”, cuenta.

¿Quién se encarga de cocinar? “Desde que se ha ido mi madre estamos un poco fastidiados con la comida. Mucho McDonalds y muchos pedidos…”, bromea. Solo se pone serio para recordar los momentos duros por los que ha pasado. “No fue fácil. Me gusta representar a España porque muchas veces a nuestro color de piel no se le respeta. Una de las cosas que más me motiva es que vean que un negro puede estar en el equipo nacional, luchando y sintiendo los colores”, cuenta.

“Este bronce significa mucho para mí, porque he trabajado mucho para conseguirlo. Cuando empecé me lo decían: ‘si trabajas muy duro algún día lo conseguirás’. Lo estoy consiguiendo y estoy progresando cada vez más”, explica con la menta puesta en Tokio 2020, donde el kárate será olímpico por primera vez. “Ha sido muy duro el torneo y más cuando eres joven como yo. La mayoría aquí tiene de 25 años para arriba y yo 20. La experiencia se nota, yo empecé a hacer kárate en 2010 y mis rivales igual ya eran campeones del Mundo y de Europa”, analiza.

En kumite hay categorías por peso, como en yudo y taekwondo. Los combates duran tres minutos (dos en categoría femenina). Hay un sistema de puntuación de yuko, wazari e ippon. Desde su llegada a España, Babacar se forma en el gimnasio Sankukai, de allí también proceden Raque Roy, integrante del equipo de katas femenino (que este domingo pelearán por el oro), Marcos Martínez y Samy Ennkhaili, ambos en el conjunto de kumite. Baba fue bronce júnior en el Europeo sub-21 y acumula títulos de España en todas las categorías desde cadete y júnior a absoluto. En mayo se quedó a las puertas del bronce en el Europeo absoluto.

“Esta medalla se la dedico a toda mi familia, que me ha apoyado un montón, a mi entrenador y a mi club y a todos mis amigos de Zaragoza”, dice Baba. “Cuando llegué a España en 2010 para nada pensaba en que conseguiría un bronce mundial. Recuerdo que un día entrenándome con mi amigo Sami le dije mirándome al espejo: ‘Tío, quien me iba a decir a mí hace años que estaría yo aquí concentrándome para competir en el Mundial”, desvela ahora.

No solo compitió, sino que ha sacado un bronce. “Al pisar el tatami ya solo pensaba en mi adversario. Pero al llegar al pabellón esta mañana me he emocionado un montón. Empecé a llorar por mi familia, por todo lo que he vivido, por el trabajo, por los entrenamientos, por todo lo duro que ha sido”, comenta antes de ir a celebrar la medalla con todos sus compañeros.

Fuente; El País.

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