El excéntrico exministro de Exteriores de Reino Unido ya no oculta su relación con la exjefa de prensa de su partido. El político se divorció tras 25 años de matrimonio.

Las extravagancias de Boris Johnson (54 años), cabecilla de los euroescépticos británicos, pesadilla de la primera ministra Theresa May y defensor a ultranza del Brexit, forman parte de su trayectoria política. El pasado septiembre las circunstancias que rodearon su divorcio de Marina Wheeler, su esposa durante 25 años y con quien tiene cuatro hijos, parecieron poner en peligro su posición dentro del partido conservador. Cuatro meses después la relación con Carrie Symonds, de 30 años y exjefa de prensa de los conservadores, puede oficializarse próximamente.

Así al menos lo consideran distintos medios británicos que solo unos días después de pillar a la pareja en un claro gesto de complicidad —ella le pellizcaba a él el trasero mientras paseaban por las calles de Londres el pasado fin de semana— aventuran que la relación va en serio y que ambos se preparan para volver a aparecer en público juntos o incluso para anunciar su boda. El divorcio de Johnson y Wheeler está todavía en trámites, pero la nueva pareja ya comparte un apartamento en Londres valorado en un millón de libras (más de un 1.100.000 euros, y allí organizaron una fiesta para amigos previa a Año Nuevo.

Este lunes el diario Daily Mail publicaba que un fuente próxima a la pareja afirma que “los sentimientos entre ambos son sinceros y no me sorprendería que se terminaran casando”. Otros sectores apuntan a razones más terrenales que recomiendan una futura boda. Unos afirman que Carrie Symonds “sabe cómo funciona el mundo, es ambiciosa y ve en Boris una ruta hacia la cima”. Otros dicen que Johnson es “carismático, una gran compañía y un hombre potencialmente poderoso”. Y todos coinciden en que es cierto que a Symonds no le gusta circular por carriles lentos, pero también que una boda sería una buena salida para el político, ya que le resultaría difícil manejar su actual situación sentimental si persiste en su ambición de llegar al 10 de Downing Street.

Llegue o no ese momento Boris Johnson sigue siendo uno de los grandes críticos de la gestión de la actual primera ministra, Theresa May, respecto al Brexit y fuentes del entorno político afirman que a Carrie Symonds ya se la conoce con el apodo de FLOTUS, el acrónimo que se utiliza en Estados Unidos para la mujer del presidente. Symonds conoce los hilos que se mueven en el partido y en el Parlamento y está aconsejando a Johnson. De momento no alardean de su relación porque el divorcio de la anterior esposa del conservador todavía está negociándose, pero Carrie Symons no se corta a la hora de hablar de su compañero con sus amigos y de publicitar lo bien que se encuentran juntos.

Ambos han pasado parte de sus vacaciones de Navidad en la casa que el padre de Johnson tiene en Grecia y parece que además de opinar sobre política la exjefa de prensa también ha persuadido al político para que mejore su aspecto físico y controle sus excesos con la comida. Sobre lo que todos están de acuerdo es que uno y otra derrochan pasión tanto en su relación como en su postura respecto al Brexit. Johnson hace campaña contra el acuerdo alcanzado con la Unión Europea y si se llega a mayo sin una solución satisfactoria para Reino Unido se desatará un lucha por el liderazgo conservador en la que nadie duda que Boris Johnson dará batalla. La situación de la pareja convendría que esté resuelta para entonces, porque el abultado historial amoroso del político podría pasarle factura. Johnson se ha casado ya en dos ocasiones y tiene una hija extramatrimonial de su relación con la asesora de arte Helen Macintyre, a quien reconoció después de que la prensa sensacionalista británica sacara a la luz su existencia. El mismo proceso que obligó al político a emitir un comunicado para anunciar su nuevo divorcio

Fuente: ELPAÍS

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