Boudica es solo el nombre que esconde a una serie de tribus europeas que decidieron no someterse al Imperio romano, que decidieron luchar por lo que les pertencía.

Boudica es una fascinante figura histórica que, con el tiempo, se ha elevado como un arquetipo muy poderoso. Reina de los icenos y líder de la Resistencia en la Anglia, Boudica dirigió un gigantesco ejército contra las legiones romanas para liberar Britania del Imperio.

Ha sido, durante siglos, el símbolo de la lucha contra la injusticia ejercida por la Roma patriarcal sobre los valores femeninos de la Europa prerromana. Boudica encarna todas las cualidades que el patriarcado romano no consentiría en las mujeres y que terminó por anular a la fuerza.

Esta reina celta era una mujer libre, feroz y salvaje. Rezaba a dioses paganos y era líder de un enorme ejército de salvajes pintados de azul que la siguieron hasta la muerte. Muchas de las guerreras clásicas se presentan como jóvenes vírgenes, pero no es el caso de Boudica. Tenía varias hijas que lucharon junto a ella contra la invasión romana y en defensa de su pueblo, sus hombres, sus mujeres, su cultura y su religión. Se convirtió en el arquetipo de la mujer y madre vengadora que trae el fuego y la sangre a quienes dañan a los suyos.

A diferencia de Juana de Arco y otras heroínas posteriores, Boudica nunca renunció a su condición de mujer, no adoptó costumbres masculinas, ni escondió su naturaleza femenina detrás de neblinas de misticismo.

Boudica fue una mujer, de los pies a la cabeza, que no renunciaría nunca a ninguno de sus aspectos como persona; ni siquiera a aquello que ha sido visto como símbolo de feminidad: la maternidad. Así es como entendían los celtas la naturaleza de la mujer, como la de un igual con características propias. Una idea muy alejada de la visión patriarcal romana de los roles de la mujer.

El encuentro con los romanos

Boudica nació alrededor del año 30 d. C., durante el mandato del emperador Claudio, cuando la invasión romana había establecido ya muchos puestos en las islas británicas. Hija de una familia probablemente noble, destacó desde su niñez por su inteligencia, su complexión atlética y su belleza. A los 18 años, se casó con Prasutagus, rey de los icenos, una de las tribus celtas asentadas en la parte este de las islas.

Los icenos gozaban de bastante independencia de los romanos, gracias a los acuerdos alcanzados con el emperador que implicaban un pago considerable de impuestos. Los pueblos celtas eran de tradición druídica, buscaban la armonía del ser humano con la naturaleza, la astrología y la magia. Eran bravos guerreros que creían en la reencarnación, no le temían a la muerte y eran fieros en la batalla. Pintaban sus cuerpos de azul y combatían casi desnudos. La magia aplicada a las batallas y su aspecto feroz aterrorizaba a las legiones romanas.

Boudica tuvo dos hijas con el rey y ejerció de reina consorte. Los celtas consideraban a la mujer un igual que podía ostentar cargos políticos y religiosos. Prasutagus sabía que, para los romanos, herederos de las culturas griegas de lo masculino, esto no era así. En un intento por proteger a su familia y a su pueblo, consintió un acuerdo con el procurador romano Cathus, en el que cedería la mitad de su fortuna y de su reino al Imperio romano, dejando la otra mitad a sus hijas y a su esposa, que ocuparía el cargo de reina de los icenos a su muerte.

Un acuerdo no respetado

El esposo de Boudica muere poco después de realizar dicho acuerdo y, aproximadamente en las mismas fechas, también fallecía el emperador romano Claudio. Su heredero, Nerón, no respetó ninguno de los acuerdos con la tribu celta. El nuevo emperador no reconoció a Boudica como reina de los icenos ni a sus hijas como herederas. Pues no estaba dispuesto a reconocer el poder de ninguna mujer celta.

En una muestra grotesca de poder, el procurador romano ataca a la tribu icena, convirtiendo a muchos nobles en esclavos y apropiándose de todas las posesiones de Boudica y su pueblo. En un ataque de desprecio absoluto por la reina celta, ordena azotarla desnuda públicamente mientras la obliga a contemplar la atroz escena de sus hijas siendo violadas, por todos los centuriones romanos a su cargo.

A través de la violación, los romanos estaban evidenciando sus principios, su imposición de poder a la fuerza, alardeaban de su masculinidad y hacían patente su supuesta superioridad. Es entonces cuando Boudica reúne a varias tribus celtas, las organiza bajo su mando y las prepara para atacar a los invasores romanos. Algunas fuentes llegan a calcular que contó con unos 230.000 guerreros a sus órdenes.

“¡Ganaremos esta batalla o moriremos! Eso es lo que yo, que soy mujer, me propongo hacer. Que los hombres vivan esclavos si lo desean”.

-Boudica-

Boudica y el ataque de su ejercito

Los icenos, bajo el mando de Boudica, deciden atacar Camulodunum, el poblado donde reside Cathus. El procurador romano había pedido refuerzos ante el ataque inminente del poderosísimo ejército de la resistencia británica, pero de poco le sirvió. Boudica y sus hombres aniquilaron los refuerzos enviados desde Londinium y a los 2.500 centuriones de la IX Legión enviada desde Hispania antes de llegar a Camulodunum. Una vez allí, ejecutaron a Cathus y masacraron la ciudad, pues los celtas, a diferencia de los romanos, no tenían prisioneros.

Inmediatamente, Boudica dirige su ejército a Londinium dispuesta a darle el mismo fin. Suetonius, el general romano y nuevo gobernador de Britania, decide que Londinium no es defendible y abandona la ciudad junto a su ejército y los nobles romanos que pudieron huir.

Cuando Boudica y su ejército llegan, Londinium está abandonada a su suerte y sin ninguna defensa. Los celtas toman la ciudad y, sin descanso, se dirigen rápidamente a Varalamium, donde vuelven a vencer. Se calcula que, en pocas semanas, el ejercito liderado por Boudica había tomado los tres principales asentamientos romanos en Britania.

Bajo los pies de la maquina patriarcal romana

Suetonius, que admiraba y respetaba abiertamente a Boudica y odiaba profundamente a Nerón, se vio obligado finalmente a reunir un ejército capaz en número de enfrentarse a los hombres y mujeres de Boudica. Tras una cruenta batalla épica, las legiones romanas sometieron al ejército celta.

Algunos autores dicen que Boudica murió en la batalla, pero no se sabe con certeza. Se la honró con actos funerarios como reina de Britania y sus restos se ocultaron para siempre. Su vida se transformó en un poderoso legado que funciona como arquetipo y que representa la rebelión frente al sometimiento.

Boudica y los hombres y mujeres del ejercito iceno sabían que iban a morir durante la última batalla contra los romanos. Pero también creían firmemente en la reencarnación y en que esa batalla, por lo tanto, no conduciría al fin de su existencia. Quizás habría que esperar unos siglos más, pero, finalmente, volverían a la vida para combatir de nuevo y, en esta ocasión, vencerían para siempre.

La historia de Boudica es la historia de muchos otros hombres y mujeres de las tribus de la Europa atlántica que combatieron a los invasores del Imperio romano, un imperio fundamentado en el patriarcado. Las tribus tan solo querían defender lo que legítimamente les pertencía, luchaban en defensa de sus tierras, su cultura y sus tradiciones en Britania, la Galia y la Ibérica. En definitiva, una lucha por su identidad y en contra del sometimiento.

La historia de Boudica, que oscila entre lo histórico y lo legendario, nos demuestra que, en el pasado, también hubo mujeres, también hubo madres valientes que consiguieron demostrar su talento más allá del ámbito doméstico. Boudica es el nombre de una mujer que se alza entre los infinitos nombres masculinos que escriben nuestra historia, un símbolo de lucha y valor.

Fuente: lamenteesmaravillosa

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