Además de mitigar y gestionar riesgos, tenemos que adaptarnos e implementar políticas públicas y de cooperación

En el debate sobre el cambio climático global, México siempre ha estado del lado correcto de la historia. Durante años, en numerosos foros e instancias internacionales, nuestro país ha sido líder en la búsqueda de acciones colectivas para frenar y enfrentar los efectos adversos del calentamiento del planeta.

En 2010, México organizó y lideró exitosamente la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la COP 16. Los Acuerdos de Cancún establecieron limitar por debajo de los dos grados centígrados el incremento de la temperatura mundial, fortalecer los mecanismos de transferencia de tecnologías y la implementación de un fondo verde. La nuestra, entonces, era una agenda de mitigación.

Apenas dos años después, México organizó en 2012 la cumbre del G20. Una parte central de las discusiones gravitaba alrededor de la agenda de gestión del riesgo de desastres naturales derivados del calentamiento global. Los ministros de Finanzas compartíamos información y experiencias sobre seguros y bonos catastróficos para la previsión de los gastos consecuencia de las afectaciones por el cambio climático.

En ese entonces, nuestros esfuerzos se centraron en la propuesta de soluciones ante las pérdidas ocasionadas por los desastres naturales, que para ese año ascendían a más de 380.000 millones de dólares a nivel global. Dimos a conocer el informe Mejorar la evaluación de los riesgos de desastres para robustecer la capacidad de adaptación financiera, en el que impulsamos la consideración del riesgo en la planificación del desarrollo.

Hoy ya no hablamos de los riesgos sino de los efectos del calentamiento global. A diario, conocemos de tragedias como incendios, sequías o inundaciones que afectan a decenas de millones de personas, muchas veces a las más pobres o desfavorecidas, en naciones con menos capacidades y recursos para hacerles frente, pero también en países más desarrollados.

Los Acuerdos de París derivados de la COP 21, celebrada en 2015, colocaron la agenda de adaptación a los efectos del cambio climático al mismo nivel que la agenda de mitigación. Los países acordaron entonces reforzar la capacidad de las sociedades a la hora de afrontar el incremento de las temperaturas de la tierra.

Además de mitigar y gestionar riesgos, tenemos que adaptarnos e implementar políticas públicas y de cooperación enfocadas en enfrentar los efectos del incremento de la temperatura en la Tierra.

La experiencia nos demuestra que es posible orientar esfuerzos financieros, de política pública y cooperación hacia la agenda de la adaptación al cambio climático. El reto es generalizar buenas prácticas y acciones a fin de que se conviertan en cotidianas.

La agenda de adaptación al cambio climático ha alcanzado su punto de quiebre y es nuestra responsabilidad conjunta lograr que llegue a buen puerto. Tenemos a nuestra disposición la ciencia, los datos y las herramientas financieras para ser exitosos.

Por este imperativo de adaptación, por el compromiso con las causas ambientales que trasciende posiciones políticas y administraciones gubernamentales, acepté la invitación que se me formulara para participar en la Comisión Global de Adaptación al Cambio Climático, convocada y hospedada los Países Bajos.

La comisión está integrada por personalidades internacionales que han ocupado distintos cargos en las administraciones de sus respectivos países, seleccionados por nuestro trabajo y liderazgo en asuntos de relevancia para la humanidad.

Bajo la dirección de Ban Ki-moon, Bill Gates y Kristalina Georgieva, directora general del Banco Mundial, trabajaremos con líderes globales en proveer dirección estratégica y asesoría para la agenda de adaptación. Quienes formamos parte de esta comisión trabajaremos en la elaboración de un informe con recomendaciones de acciones concretas para enfrentar este nuevo fenómeno.

El esfuerzo de la comisión irá más allá del informe a presentarse en septiembre de 2019. Los comisionados propondremos y guiaremos acciones concretas en temas de primordial importancia como seguridad alimenticia, infraestructura y resiliencia urbana. Porque no podemos desestimar la adaptación al cambio climático, pondremos en marcha un Año de Acciones en el que impulsaremos nuestras propuestas a nivel global.

Es para mí un alto honor y responsabilidad contribuir con mi experiencia al noble propósito de la comisión. Lo asumo, desde México, a título honorífico y con la firme convicción que servir es posible desde múltiples trincheras.

Fuente: elpaís

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