Tiene 21 años, utiliza su fama para defender a colectivos marginados por la sociedad y está entre las 30 jóvenes más influyentes de su generación.

Chloë Grace Moretz no es de esas actrices que van dando la nota. Desde que comenzó hace quince años su carrera es impecable. No tiene ni un escándalo en su currículo, cuenta con éxitos como Kick-Ass: Listo para machacar The Equalizer: El Protector y su fortuna supera los 10 millones de euros. Una trayectoria que incluye una activa presencia en las redes sociales y dos años de un noviazgo junto a Brooklyn Beckham, hijo de Victoria y David Beckham.

La rebeldía la deja para las películas. Pero hablar, habla claro, en la pantalla y fuera de ella. Esa es una de las razones por las que no deja el cine; a sus 21 años se lo ha pensado porque está cansada de los papeles que le ofrecen. Una cuestión distinta son los que se busca ella misma. “Como mujer quiero llevar las riendas del contenido que lleva mi nombre”, declaraba recientemente a EL PAÍS. Como ejemplo está su último estreno, The Miseducation of Cameron Post, una llamada de atención contra las “terapias de conversión” utilizadas para la reorientación sexual, práctica que el Parlamento Europeo condena pero que es demasiado común en Estados Unidos. “Tengo dos hermanos homosexuales y sé de lo que hablo”, incide la actriz.

Chloë recuerda la “salida del armario” de sus hermanos tanto o más que el comienzo de su carrera. Tenía 11 años. Entonces encontró la fuerza que ahora la caracteriza. “Cuando me lo dijeron me encogí de hombros preguntándome qué importancia tenía. Seguían siendo las mismas personas de siempre, mis hermanos, dos chavales sanos”, rememora. No tuvo que pasar mucho para ver cómo lo que para ella era normal, otros no eran capaces de verlo. “Ahí supe que tenía que ser su voz”, admite. No lo dice solo por sus hermanos sino por toda la comunidad LGBTQ. También habla de ella, de los derechos de la mujer, de feminismo. “Hablo de una defensa de todos esos colectivos que se ven subyugados por las normas de la sociedad”, dice esta actriz a quien la revista Time consideró entre las 30 jóvenes con más influenciade su generación.

Hija de un cirujano plástico y una enfermera, la vena artística la heredó de Trevor, uno de sus cuatro hermanos, también actor. “Además de ser mi profesor de arte dramático”, explica orgullosa. Brando, otro de sus hermanos, es ahora su representante. También señala el mérito de su madre por fomentar “la creatividad, lo que otros llaman las rarezas” de sus hijos y acompañarlos en su carrera. Primero con Trevor a Nueva York, donde probó suerte como actor, y luego con Chloë allá donde quiera que sus rodajes la llevaran. El último, el de Suspiria, la llevó a Italia y por toda Europa. “Nos va bien así. Es la forma de sentirnos seguros en una industria que puede ser caótica”, admite.

Junto a la familia Moretz van los paparazi. Especialmente mientras estuvo unida sentimentalmente al mayor de los Beckham. Ese momento ya pasó y no piensa hablar de ello, aunque por su tajante negativa se nota que aquello dolió. Cambia de tema: “Hay cosas que no duelen tanto a medida que te haces mayor”, afirma en referencia a la fama. “Te das cuenta de que los pros superan a los contras”, continúa, “los paparazi se interesan por mi vida privada porque el público quiere ver imágenes mías. Y la gente lee estas cosas porque les interesa mi trabajo. De ahí que el proceso sea incómodo, pero me ofrece una plataforma para dar a conocer mis ideas y hablar de feminismo, de igualdad”.

Hay quién no quiere escucharla. De ahí la que se montó cuando le sacó los colores en la red a Kim Kardashian por ese selfie desnudo que la esposa de Kanye West colgó en Twitter: “De verdad espero que te des cuenta de lo importante que es dar ejemplo a la juventud, enseñarles que tienen mucho más que ofrecer que sus cuerpos”. Chloé se lo dijo así de claro y no se achantó ante las pullas de la Kardashian.

Moretz dice las cosas como las piensa. Incluso cuando ella es víctima colateral del movimiento Me Too, que dejó en el limbo su anterior estreno, I Love you Daddy, tras las acusaciones vertidas contra su protagonista y director, Louis C.K. “No es que me alegre de que mi trabajo se quede en una estantería pero hay que tomar medidas contra aquellos que cometen abusos. ¡Me alegro tanto del giro que está dando nuestra industria!”, suspira con orgullo.

Fuente: El País.

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