Todos hemos vivido algún momento en el que hemos perdido los estribos. Nos enfadamos por algo y acabamos contestando mal a los demás. Aunque pensemos que el motivo viene de fuera, la ciencia apunta a que en muchas ocasiones se trata de desajustes hormonales. Más conocido es el papel de estas sustancias en el ciclo menstrual de las mujeres, pero estos cambios nos afectan a todos y pueden ser el resultado de situaciones cotidianas. Desde un atracón de bombones hasta que nuestro equipo de fútbol gane un partido: repasamos aquellas situaciones que alteran nuestro sistema endocrino y nos hacen ponernos de mal humor.

1.-Cuando nos duelen las muelas (o la cabeza)

Cuando nos duele algo “se genera un estrés en el que hay varias hormonas implicadas. Una de ellas es el cortisol, que se produce en las glándulas suprarrenales y sirve como un mecanismo de defensa para proteger el organismo frente a situaciones externas”, explica Aurelia Villar Bonet, especialista en Endocrinología e integrante de Top Doctors, quien añade que “esto nos hace estar más alerta y también más irascibles”.

Una vez dada la señal de alarma y para que una simple caries no convierta al Homo Sapiens en un ogro, el cerebro produce endorfinas de forma paralela. Esta hormona “se crea en la glándula pituitaria y en el hipotálamo para generar analgesia y una sensación de bienestar”. Es ese momento en el que, después de dar un bocinazo, nos arrebujamos bajo la manta y nos dejamos mimar.

Y no es necesario que haya dolor de por medio. El cortisol nos pone a la defensiva ante cualquier situación de estrés. “El problema es que en ese estado es fácil interpretar cualquier estímulo mínimamente negativo como un peligro inminente al que se responde con agresividad desmedida”, recalca esta experta.

2.- Cuando estamos cansados

La falta de sueño o el agotamiento no solo reducen los reflejos, también alteran el humor. Normalmente, para mal.

Y, en algunas ocasiones, la causa del cansancio no está en el ejercicio físico o la falta de sueño, sino en unos niveles bajos de serotonina, una hormona que produce sensación de felicidad y excitación. Al estar bajo mínimos pueden aparecer la somnolencia y la agresividad. “Las neurohormonas, como la serotonina, regulan las respuestas adaptativas al estrés y pueden interferir en el mal humor”, señala la doctora Villar Bonet.

3.- Cuando vemos un partido de fútbol

La testosterona, la hormona masculina, que se relaciona con la fuerza y la energía, también produce cambios en el estado de ánimo. Los niveles altos pueden producir sensación de euforia, pero también se asocian a la agresividad verbal, al comportamiento dominante y a la violencia física, entre otras actitudes negativas, según apunta un estudio publicado en el International Journal of Endocrinology Metabolism.

Según otra investigación, una de las situaciones que puede suponer cambios en los niveles de esta hormona es observar un evento deportivo. Los resultados mostraron que los seguidores de los equipos experimentan aumentos en la testosterona cuando su equipo gana y la hormona disminuye cuando pierde. A medida que pasan los años, el cuerpo masculino también puede tender a producir menos cantidad de esta hormona, un cambio que repercute en el deseo sexual, en la masa muscular y la grasa corporal, y también en el estado de ánimo. Aunque en menor medida, también pueden afectar a las mujeres, que también producen esta hormona.

Que la influencia de la testosterona en el humor se quede solo en un calentón o pase a mayores dependerá de cómo la serotonina le plante cara para amainar el temporal. Pero también de la educación y el grado de civismo de uno.

4.- Cuando nos hinchamos a bombones

Comer mucho dulce aumenta los niveles de azúcar en sangre y esto, explica la experta, “produce un efecto euforizante”. Cuando el azúcar en sangre cae por la acción de la insulina, aparecen el malestar y la agresividad. La neurocientífica Jordan Lewis explica que los alimentos azucarados alteran la producción de dopamina, la hormona de la recompensa, que también regula el humor. Al consumir dulce aumenta y cuando lo eliminamos del cuerpo, disminuye y hace que el cuerpo se altere.

Está demostrado que el azúcar puede llegar a ser altamente adictivo e incluso provocar síndrome de abstinencia. De hecho, muchos adictos suplen la droga con este alimento cuando están en periodo de desintoxicación. Debemos recordar que la Organización Mundial de la Salud recomienda consumir menos de 25 gramos diarios, o lo que es lo mismo, seis terrones.

5.- Cuando tenemos la regla

El ciclo menstrual va acompañado de cambios hormonales. Durante los días de la regla, por ejemplo, los niveles de estrógenos y la progesterona —las hormonas sexuales femeninas—, quienes disminuyen y producen cambios de humor e irritabilidad (también disminuyen durante la menopausia). Además, el dolor que produce este proceso “favorece la aparición de reacciones exacerbadas a situaciones que se dan en la vida cotidiana”, indica José María Fernández Moya, ginecólogo y director médico del Instituto de Medicina EGR y miembro de Top Doctors.

Los cambios hormonales también pueden afectar al estado de ánimo durante el síndrome premenstrual (un cuadro de síntomas que incluye acné, cambios de humor, náuseas, dolor de estómago e insomnio, y que afecta al 85% de las mujeres en edad fértil). “Hoy en día se desconocen las causas exactas que desencadenan estos síntomas. No solo la hinchazón o el dolor, sino aquellos que atañen a la esfera afectiva y que tienen un papel muy importante en la calidad de vida de las mujeres que los sufren. Desde el punto de vista biológico, las alteraciones hormonales de la segunda mitad del ciclo (descenso de los niveles de estrógenos y progesterona) asociados a niveles de endorfinas bajos, pueden favorecer estos cambios en el estado de ánimo”, concluye el ginecólogo.

Fuente: ELPAÍS

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