Un experimento con un Google ficticio muestra que los indecisos votan a los candidatos mejor posicionados en las búsquedas sin darse cuenta de la manipulación

Como antaño las religiones, Google es sinónimo de verdad. Por la misteriosa magia de sus algoritmos, los 10 resultados que salen en su primera página de búsquedas son los más relevantes para los internautas. Nadie mira más allá. ¿Qué pasaría si alguien manipulara estos resultados para que solo salieran las páginas que le convienen? Pues un experimento con web de políticos y elecciones muestra que el amaño podría influir en el voto de los indecisos y decidir el resultado electoral.

El interés en aparecer bien colocado en los resultados de un buscador lleva a las empresas a gastar más de 20.000 millones de dólares anuales en salir las primeras, solo en EEUU. El negocio del posicionamiento en buscadores es uno de los más boyantes y todo, por la tendencia humana a concentrar la atención en los primeros. Un estudio de 2013 muestra cómo las web que aparecen entre las 10 primeras (la primera página de Google en un búsqueda determinada) reciben el 91,5% de los clics. Solo el primer resultado ya concentra un tercio de ellos. Y entre el décimo resultado y el undécimo (el primero de la segunda página) hay una caída de visitas del 140%. Para los internautas, más allá de la primera de Google no hay nada.

Partiendo de este hecho, dos investigadores del Instituto Estadounidense de Tecnología e Investigación de la Conducta (AIBRT) han querido comprobar si amañando los resultados del buscador se podría influir en el voto. Para ello usaron una versión ficticia de Google, a la que llamaron Kadoodle, y la manipularon para que en los primeros puestos aparecieran páginas favorables a un candidato u otro. Los experimentos los hicieron primero con voluntarios de su país y, en una segunda fase, con votantes indios. En total, unas 5.000 personas participaron en el estudio.

En ambos casos, los participantes tenían que valorar a cada candidato, puntuar su simpatía o confianza y decidir si le votarían antes de informarse sobre ellos en Kadoodle. Tras hacerlo, tenían la posibilidad de cambiar de su opinión. En los tres experimentos realizados en EEUU, los voluntarios tenían que decidir sobre los dos grandes candidatos a las elecciones a primer ministro de Australia celebradas en 2013 y que enfrentaron al liberal Tony Abbot(finalmente ganador) y la laborista Julian Gillard. Los investigadores eligieron políticos de ese país en vez de estadounidenses para evitar que el conocimiento previo y la ideología de los participantes influyeran en su elección.

El 48% de los indecisos optaron votar por el candidato que aparecía mejor en los resultados del buscador

Tras valorar y decir a quién votarían, los participantes fueron divididos en tres grupos y tuvieron 15 minutos para informarse sobre los candidatos. Pero a uno de los grupos les mostraron un Kadoodle en el que todas o casi todas las páginas tenían un sesgo a favor de Abbot, mientras que en el otro favorecían a Gillard. Un tercero, como grupo de control, pudo informarse con un buscador sin trampas. Ni los voluntarios ni los ayudantes de los investigadores sabían la intención real del experimento.

Como esperaban, muy pocos pincharon en las páginas que no aparecían en la portada del buscador. Lo más significativo fue que los grupos manipulados aumentaron su valoración, simpatía y confianza hacia el candidato favorecido en el buscador. Más aún, hasta un 48% de ellos cambiaron su sentido del voto, algo que no sucedió con el grupo no manipulado. Ese porcentaje de cambio es lo que los investigadores llaman efecto de manipulación del buscador (SEME, por sus siglas en inglés).

“SEME puede tener efecto en cualquier elección política donde la victoria sea por un estrecho margen”, afirma el investigador del AIBRT y coautor de esta investigación, Ronald Robertson. “Dado que casi el 25% de las elecciones nacionales en el mundo se deciden por márgenes inferiores al 3%, SEME genera preocupación sin importar el número de candidatos”, añade.

De hecho, en la segunda parte de su investigación, publicada en PNAS, los científicos se fijaron en las elecciones indias y jugaron con votantes reales. Allí, aunque con un sistema de voto mayoritario, se presentaron a las elecciones parlamentarias del año pasado tres grandes candidatos, Rahul Gandhi, Arvind Kejriwal y Narendra Modi, que acabó ganando. Esta vez, los investigadores reclutaron a 2.150 votantes indios que aún no habían decidido su voto.

EL PAIS

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