1_copreroycazadorMahahual, Othon P Blanco.- A sus 85 años, don Santos Indio Fernández Vivas, con asombrosa lucidez y extraordinaria memoria, es una de las personas más emblemáticas de la Costa Maya.
Fue testigo en su infancia de la actividad coprera de la región, se dedicó a cazar lagartos en la región para la venta de pieles cuando no habían restricciones, sorteó la muerte tras ser mordido tres veces por una víbora de cascabel, y el punto de la Costa Maya denominado Río Indio, ubicado cerca de Majahual, se debe a su persona.
A diferencia de muchas personas que habitan en la Costa Maya que nacieron en otras entidades o en otros puntos de la Península de Yucatán, y que llegaron posteriormente a estas costas, Santos Indio Fernández nació en 1930 en estas playas debido a que su padre tenía un rancho coprero y ganadero.
En ese entonces, sólo se llegaba a la Costa Maya por mar, pues no había caminos ni carreteras, la gente comía de lo que pescaban o acudían a la selva por venados para comer carne.
En el rancho de Joaquín Fernández, padre de Santos Fernández, vivían más de 10 familias que trabajaban en la actividad coprera, pues era el auge de esta actividad en la región y este producto derivado del coco era demandado para obtener aceite y jabones.
En Uvero se concentraba toda la copra que era trasladada a Progreso en barcos conocidos como motonaves, que trasladaban entre 30 y 40 toneladas de este producto.
No obstante, tras la destrucción que dejó el huracán Janet en 1955, se acabó la actividad coprera en la Costa Maya y la gente de esa zona se dedicó a la pesca principalmente, mientras que otros paulatinamente fueron regresando a sus lugares de origen, como Cozumel.
Por la importancia de la familia Fernández, este punto ubicado a escasos kilómetros de lo que hoy es Majahual, fue nombrado Río Indio, precisamente por Santos Indio Fernández, quien acompañado por su amigo José Hoil Cante y su sobrino Luis Martín, tuvo amena charla con el equipo del POR ESTO! de Quintana Roo.
Dentro de las anécdotas de su vida en la Costa Maya, su amigo José Hoil Cante recuerda que cerca estuvo de morir don Santos Fernández cuando un día, en que se fue a cazar de noche, pateó una víbora de cascabel. Por su parte don Luis Martín bromea en el sentido, “no sabemos cómo se va a morir don Santos, si ni la víbora lo mató”.
“Se siente como un piquete de alacrán, después sientes que la sangre te sale de los poros, te sientes entumido, duele”, expresó Santos Fernández, quien tras ser mordido en un dedo del pie comía la planta conocida como “corta hierba”, la que le salvó la vida porque no había posibilidad de llegar con un médico.
Dice que estuvo un día completo aturdido por el veneno de la víbora cascabel y que su pie quedó muy hinchado, pero se recuperó.
Sin embargo, no fue la única experiencia con estas serpientes, puesto que posteriormente, en otras dos ocasiones, fue mordido por éstas, pero ya no tuvo tal efecto en su persona y no sintió en riesgo su vida.
Fue lagartero por
nueve años
Otra de sus anécdotas de don Santos Fernández es que por nueve años fue cazador de lagartos que medían de 7 a 8 pies de longitud.
“Durante el día íbamos a las cuevas y al hacerlo salir les dábamos un golpe en la cabeza con un machete, mientras que en la noche salíamos con lámparas y rifles, y cuando se observaban los ojos de los lagartos ahí les disparábamos”, relató.
Este hombre de 85 años reconoce que alguna vez comió la carne de lagarto, pero que no tiene mucho sabor y que realmente era desperdiciada, ya que sólo se ocupaba su piel.
Recordó que la piel de cocodrilo se vendía a un comerciante de Chetumal, quien a su vez la mandaba a Guadalajara y México para que ahí se le diera uso para zapatos y bolsas.
Otro encuentro que tuvo con la fauna silvestre en su vida fue con jaguares, que son llamados tigres por los habitantes de la región, pues durante la época en que su familia tenía ganado este gran felino se comía las vacas.
Por ello, en alguna ocasión hace muchas décadas, también con rifle mató jaguares que amenazaban al ganado.
Es conocido que los jaguares siguen habitando esta zona, pues en la época de desove de tortugas marinas son encontrados los caparazones rotos, ya que son cazadas por estos bellos animales. Además que, en fechas recientes, dos de los perros de su familia desaparecieron y se encontraron las huellas de jaguar en la zona.
Este personaje de la Costa Maya, con humilde vestimenta, mantiene mucha lucidez en sus recuerdos al grado de que recuerda perfectamente que en el año 2007, tras el huracán Dean, reporteros de esta casa editorial lo entrevistaron en su hogar destruido por la fuerza de la naturaleza.
Finalmente, don Santos Indio Fernández comenta que en Río Indio, a diferencia que en Majahual, nunca llegó la inversión pública, y por la falta de oportunidades laborales se dio un éxodo de las pocas familias que en la actualidad no son más de tres.

POR ESTO

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