El perfil mayoritario se corresponde con el de una mujer mayor de 45 años, según un informe de la Fundación Adecco.

Cuidar de un familiar en situación de dependencia supone un trabajo de 24 horas al día, los 365 días del año. Prácticamente, obliga a dejar todo lo que se hacía antes para proporcionar estas atenciones y gran parte de estas personas -en su gran mayoría mujeres- se encuentran con una enorme falta de apoyo. Esto es lo que se extrae del 7º Informe de discapacidad y familia realizado por Fundación Adecco en colaboración con la aseguradora Previsora Bilbaína tras realizar un exhaustivo análisis de las familias que tienen una persona con discapacidad entre sus miembros.

Según esta radiografía, los datos son concluyentes: crece un 44% el número de profesionales que dejan de trabajar para cuidar a sus familiares con discapacidad, pasando de 74.300 inactivos en 2012 a 107.100 en 2017. Representan el 19,9% del total de inactivos por cuidado de personas dependientes, frente al 14,1% de 2012. Este crecimiento se debe a dos motivos principalmente, apunta Irene Gil, coordinadora del estudio, «a cuestiones estadísticas o numéricas –estamos en máximos históricos de envejecimiento y, por tanto, de dependientes–, y por otro, a que se ha avanzado mucho en cuestiones de ocupación, pero no en bienestar social».

De esta forma, añade Myriam Ganado, consultora experta en familias de la Fundación, «si bien compatibilizar vida personal y laboral es de por sí un reto para todos los profesionales, hoy en día se convierte en todo un desafío cuando hay una persona con discapacidad en la unidad familiar».
Una discapacidad, matiza Gil, «que puede ser en un menor de nacimiento, sobrevenida en la edad adulta, o simplemente por edad». Sea cual sea el motivo de la misma, las insuficientes medidas de conciliación, denuncian en este informe, hacen que no sean pocos los trabajadores que deciden retirarse del mercado laboral para ocuparse directamente de su familiar. Son muchos los casos en que el profesional no puede costearse a una persona que brinde los cuidados adecuados a su ser querido, y otros, por ejemplo cuando el discapacitado es un menor, donde los progenitores entienden «que tienen que estar ahí para sus hijos, porque estos requieren de un apoyo aún mayor al necesitar acudir a terapias, tratamientos, revisiones médicas o de ayuda para desempeñar las funciones más rutinarias», apunta Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco.

Así lo corrobora Ganado, para quien la familia es un actor crucial en la discapacidad. En especial, remarca, «para los menores así en especial. Estos necesitan pasar el tiempo con sus padres, pues ellos son su primera referencia y los responsables de inculcarles valores, autoestima, confianza y fortaleza. Su presencia resulta vital para que estos niños puedan adquirir la máxima independencia y desarrollarse de una forma normalizada que les permita ser lo más autónomos que puedan el día de mañana».

Rol femenino

El informe también recalca que, de todos los perfiles de profesionales que se retiran del mercado para cuidar a su familiar con discapacidad, el mayoritario se corresponde, según datos del INE, con el de una mujer, en un 86,3%, y mayor de 45 años (88,4%). Tal y como explica Mesonero, estos datos vienen a constatar dos realidades: en primer lugar que en nuestra sociedad «sigue muy arraigado el rol femenino como cuidadora de la familia y del hogar y, además, las mujeres mayores de 45 años son las que más dificultades encuentran en el mercado laboral y, por tanto, las primeras que deciden retirarse cuando la situación familiar así lo requiere». Por eso la clave, determina el director general de Fundación Adecco, estaría en la conciliación: «no se trata de que las personas descuiden sus responsabilidades laborales, sino de que puedan flexibilizarlas para compartir momentos de calor, afecto y ocio con sus mayores o sus hijos».

 Posibles soluciones

Porque si bien no todos los profesionales en esta tesitura se retiran del mercado laboral, los que permanecen en él encuentran obstáculos y dificultades añadidas. De hecho, más de la mitad de los encuestados (55%) declara haber tenido que rechazar empleos y/o promociones que exigían una mayor dedicación profesional porque no eran compatibles con la atención y el cuidado de su familiar.

Este tipo de circunstancias, prosigue Ganado, «condiciona mucho la empleabilidad de estas personas, pero hay soluciones». Así, un 91% de los encuestados reclaman teletrabajar para poder compatibilizar su desarollo profesional con sus responsabilidades familiares. «En este sentido es necesario impulsar un cambio de mentalidad en nuestro país. No solo es una cuestión de responsabilidad social, sino de competitividad, ya que teletrabajar ahorra costes, reduce la rotación y el absentismo y potencia el talento», asegura Mesonero.

La conciliación, concluye el director general de Adecco, «sigue siendo un talón de Aquiles en nuestro país. En pleno siglo XXI urge impulsar políticas de flexibilidad que permitan a los profesionales dar lo mejor de sí mismos sin renunciar a lo más importante para ellos: su familia».

Fuente: ABC.

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