Las llevaron al orfanato Senkwekwe, en el Parque Nacional Virunga de la República Democrática del Congo. Las llamaron Ndasaki y Ndeze. Su cuidador, André Bauman, se ocupó de ellas durante once años. Lo hizo tan bien que ellas lo adoran.

Los gorilas de montaña son titanes de casi dos metros de estatura y doscientos kilos de peso, pero cuando Ndasaki y Ndeze abrazan a André lo hacen con una dulzura extraordinaria. El cuidador se da baños de arrumacos entre los fornidos brazos de estos primates en serio peligro de extinción: solo quedan ochocientos. Para ellas, André es un macho alfa; para él, Ndasaki y Ndeze son «mis niñas».

Fuente: XLSemanal.

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