Des+El empresario chino Liu Yiqian, de origen humilde, paga 158 millones por ‘Desnudo acostado’, que exhibirá en su museo

A pesar de que no lo parezca, Liu Yiqian tiene gustos caros. La barba de tres días y la descolorida camisa con la que suele aparecer en público camuflan bien a este multimillonario de Shanghái, pero la careta se le cae en cuanto una obra de arte que le interesa aparece en el estrado de una subasta. La última ha sido el óleo ‘Desnudo acostado’, firmado por el pintor italiano Amedeo Modigliani, y el lunes tuvo que desembolsar 170,4 millones de dólares (158 millones de euros) para hacerse con él durante una subasta de Christie’s en Nueva York. Media docena de coleccionistas pujaron al teléfono en una noche loca que acabó con Liu cantando victoria tras haber abonado la segunda suma más abultada jamás pagada por un cuadro. Solo ‘Las mujeres de Argel’, de Picasso, ha sido más cotizado en una subasta.

La obra de Modigliani se podrá admirar pronto en la capital económica de China, pero para hacerlo no hará falta pedir audiencia a Liu en su residencia privada. Porque el coleccionista ha afirmado que su intención es exponerla en uno de los dos coquetos museos que ha fundado en Shanghái junto a su mujer, Wang Wei. “Esta es una magnífica oportunidad para hacernos con una obra maestra de nivel mundial y lograr que nuestro museo entre en una nueva era”, comentó ayer al diario The Wall Street Journal. Y es también la culminación de una trepidante carrera que ejemplifica a la perfección la idiosincrasia del nuevo coleccionista chino que sacude el mercado del arte.

LAS JOYAS DE LA COLECCIÓN

La Taza del Pollo: Data del siglo XV y es una de las piezas de porcelana más apreciadas de China. Su diámetro apenas alcanza los 8 centímetros, pero Liu pagó 36 millones de dólares por ella en abril de 2014. Es la obra tridimensional china más cara de la historia.

El conquistador rojo de la muerte: Se trata de un tapiz ‘thangka’ tibetano del siglo XV. Creado con seda e hilo de oro, es uno de los que mejor se conservan en el mundo, y Liu tuvo que pagar 45 millones de dólares para sentir “el orgullo de repatriarlo a China”. Es la obra de arte chino más cara.

Desnudo acostado: Con el cuadro de Modigliani que adquirió el lunes por 158 millones de euros, Liu pretende dotar de mayor interés a la muestra de arte internacional de su museo. Su precio supera en 92 millones el anterior récord del artista italiano, a cuya última época pertenece el óleo.

No en vano, la de Liu es una historia que se repite a menudo entre los multimillonarios del gigante asiático. Como suele recordar siempre que tiene ocasión, nació en 1963, poco antes de que comenzase la nefasta Revolución Cultural, y a los 14 años abandonó la escuela para dedicarse con su familia a la venta de bolsos. “Vosotros id a la escuela, que yo voy a hacer dinero”, les dijo a sus compañeros de clase. Y, a los 20 años, cuando Deng Xiaoping ya había proclamado que ‘enriquecerse es glorioso’, Liu ya había logrado ahorrar los 6.000 yuanes -“toda una fortuna”- que costaba la licencia para ejercer de taxista en 1984. “Supe que sería un buen negocio porque cada vez que llegaba en tren a Shanghái me desesperaba no poder encontrar uno”, recordó en una entrevista concedida a la revista china Modern Weekly.

Pero lo que realmente cambió la vida de Liu fue la irrupción en China del mercado de valores. No en vano, fue de los primeros inversores que vieron el potencial de la bolsa, y dio pronto su primer pelotazo: en 1990 gastó 60.000 yuanes en la adquisición de 300 acciones de una empresa, y dos años después las vendió a 10.009 yuanes cada una. Esa es la fórmula mágica que, con los años, le ha reportado gran parte de la fortuna de 1.272 millones de euros que le atribuye Forbes, una suma que lleva su nombre a la posición 163 de la lista de los más ricos de China.

“Comencé a interesarme por el arte a mediados de la década de 1990. Tenía algunos amigos que hacían negocio con diferentes tipos de piezas y eso me permitió ver todo tipo de estilos y de modalidades. Entonces el mercado era muy pequeño y los tratos se hacían de forma casi clandestina entre particulares. Eso no me atraía porque me parecía peligroso, pero en 1994 leí en un periódico que una empresa comenzaría a hacer subastas en Pekín, y me picó la curiosidad”, explicó Liu a la revista especializada Artron. “Me gustan las subastas porque son públicas y transparentes, así que me estrené como coleccionista en aquella ocasión con dos piezas de caligrafía tradicional china”.

Liu reconoce que, al principio, no tenía ni idea de arte. “Me limitaba a comprar lo más caro para evitar cometer errores”, dijo. Sin embargo, poco a poco, fue desarrollando un gusto por el arte clásico de su país. “Coleccionando obras he podido comprobar lo rica en matices que es la cultura china, por eso me atraen especialmente las piezas de dinastías antiguas”. No obstante, el año pasado muchos compatriotas criticaron la falta de tacto de Liu después de ver una fotografía en la que utilizaba la ‘Taza del Pollo’, una pieza cerámica del siglo XV que adquirió por 32 millones de euros utilizando una tarjeta de crédito American Express, para beber té.

La obra ‘Nu Couché’ del artista italiano Amedeo Modigliani que se vendió ayer lunes en Christie´s Nueva York . / EFE

Y volvieron a saltarle a la yugular cuando circuló otra instantánea en la que se le veía imitando en calzoncillos la posición de un Buda de bronce que compró por 4,45 millones de euros. No obstante, Liu asegura que solo bromea, y que sus intenciones son buenas. “Si me he enriquecido es gracias a la sociedad china. Por eso, creo que es mi deber contribuir de alguna forma al país, y creo que la divulgación del arte es una de las mejores”, explicó al diario Xinmin Evening News. Por eso, en 2012 inauguró el primero de los dos locales que ocupa en Shanghái el Museo Long, en el que muestra muchas de las 2.500 piezas de arte que le convierten en uno de los coleccionistas más prominentes de China.

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