La historia de la no proliferación nuclear comienza desde el mismo Proyecto Manhattan que conduce a Hiroshima, un plan militar en tiempo de guerra y evidentemente secreto. No solo de cara a los enemigos, sino también con respecto a los aliados, especialmente la URSS. Estados Unidos ha hecho siempre los máximos esfuerzos para evitar que otros países tuviesen el arma atómica. Esta política ha tenido solo dos excepciones: Reino Unido e Israel. La temprana conversión de la URSS en potencia nuclear en 1949 puso de manifiesto las dificultades de su sostenibilidad. El gran instrumento de derecho internacional para ello es el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) de 1970.

EE UU y la URSS fueron sus impulsores estimulando la adhesión de muchos países, entre ellos Irán. Desde su entrada en vigor la historia de la no proliferación se confunde con la del propio tratado. Pero la adhesión al mismo no es universal.

Nunca lo han firmado India, Israel y Pakistán, de los que dos han hecho públicos sus ensayos nucleares. Corea del Norte firmó el TNP pero luego lo denunció y dice haber hecho también ensayos. El éxito mayor del TNP lo constituyen países que no lo firmaron inicialmente, mantuvieron abierta durante años la opción armamentista, pero acabaron firmándolo. El caso más relevante es el de Sudáfrica.

Otros países con programas nucleares significativos que con el paso del tiempo se incorporaron al TNP son Brasil y Argentina. España lo hizo coincidiendo con su adhesión a la UE y la OTAN. Irán constituye tras Corea del Norte el mayor desafío planteado por un país miembro.

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y el Consejo de Seguridad han dictaminado que no ha cumplido con las obligaciones que impone el Tratado. No es el único caso de este tipo de incumplimiento. En dos anteriores, los de Irak y Siria, la aviación israelí se encargó de garantizar manu militari que no habría proliferación nuclear en ellos. En el caso de Irán el incumplimiento del TNP le lleva acarreando desde hace una década un severo régimen de sanciones internacionales. Dado el historial de violaciones iraníes constatadas, lo que se negocia en Lausana entre Irán y el P5+1 es qué tipo de restricciones a los derechos que tienen reconocidos los países miembros del TNP cumplidores —entre los que están el enriquecimiento de uranio a bajo nivel y la operación de reactores de agua pesada— Irán está dispuesto a aceptar como contrapartida al levantamiento de sanciones y durante cuánto tiempo.

Ramiro Cibrián fue inspector del OIEA.

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