Desigualdad, a propósito

Opinion noviembre 27, 2015 HL 0

Para muchos gobiernos es políticamente rentable mantener una narrativa de confrontación permanente entre ciudadanos para confundir y disfrazar el verdadero origen de la desigualdad.

LAT_AM_-Hambre1América Latina destaca, entre otras razones, no por ser la región más pobre del planeta, pero sí la región más desigual. De distintas formas que varían de país en país, durante varias generaciones, muchos políticos oportunistas se han aprovechado de la pobreza, la desigualdad y la ignorancia para acceder al poder prometiendo lo que saben nunca van a cumplir. En muchos casos no sólo no resuelven, incluso empeoran los problemas.

Desde el poder, muchos han optado por debilitar a las instituciones comprando, amenazando y diluyendo a la oposición para eliminar cualquier contrapeso que los cuestione y concentrar el poder reteniéndolo de manera indefinida ya sea a título personal o como grupo y/o partido.

El miedo, la mentira y la manipulación son tácticas repetidas para lograr estos objetivos. Dentro de su fórmula, se vuelve políticamente rentable mantener una narrativa de confrontación permanente entre ciudadanos para confundir y disfrazar el verdadero origen de la desigualdad.

Lo que no dicen es que el sistema de privilegios que construyen para ellos y sus amigos es excluyente, pues cierra las puertas a la movilidad y al ascenso por mérito; que la ley la utilizan a su propia conveniencia para dotar de poderes extraordinarios al aparato gubernamental y restringir los derechos y libertades de los ciudadanos.

En fin, con una variedad de formas, éstos han sido los principales ingredientes de la receta castro-chavista, siendo Cuba y Venezuela los ejemplos más contundentes del fracaso social, económico y político que produce una ideología retrógrada. El triunfo de Mauricio Macri no sólo pone fin a 12 años del kirchnerismo en Argentina, país que en la última década siguió estos pasos, también inclina la balanza en la región hacia un futuro de mayor libertad con todos los beneficios que conlleva.

La derrota de Cristina supone un golpe mayúsculo para Nicolás Maduro en Venezuela y los Castro en Cuba, sin dejar de menospreciar sus efectos colaterales en otros países que se jactan de promover el socialismo del siglo XXI como Bolivia, Ecuador y Nicaragua. A diferencia de Chávez, los Castro morirán habiendo visto la cosecha de su fracaso.

Argentina tiene un largo camino por delante y enormes desafíos para revertir el desastre que deja el kirchnerismo. Más allá del merecido renacimiento que se vislumbra en ese gran país, la mayor esperanza es que el péndulo se está moviendo de nuevo y esta vez se inclina hacia la libertad. La batalla nunca termina.

Fuente: EL ECONOMISTA

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