Instituciones como el Banco Mundial ven en la desigualdad el auge de los movimientos populistas. Antes eran las organizaciones de izquierda que hacían crítica social como arma contra el gobierno y las estructuras de poder.

El populismo de ahora reacciona contra los gobiernos por su incapacidad para resolver los problemas de la economía y de la sociedad, porque la situación ha empeorado y no se ven perspectivas satisfactorias.

Pero el problema es que el populismo no propone nada cualitativamente mejor. Quieren el poder sin compartirlo. No son liberales y caminan en un abrevadero derechista. Dijo Máximo Gorki: “el pequeño burgués es el hombre que se ha preferido”. Los movimientos populistas se nutren de la pequeña burguesía.

Desde el observatorio económico la causa de la agudización de la desigualdad la reconoce Maurizio Bussolo, economista jefe del Banco Mundial para Europa y Asia, de la siguiente manera: “El principal problema reside en que el proceso de desarrollo ha cambiado profundamente. La globalización, el cambio tecnológico y el envejecimiento de la población han transformado los riesgos y los beneficios de las actividades económicas. Sectores enteros han perdido importancia y muchas ocupaciones viven bajo amenazas de desaparecer. Las generaciones más jóvenes, en particular, han estado más expuestas a estos peligros y pocos han podido aprovechar las oportunidades”.

Pero la situación es peor en los países atrasados porque el sistema político y económico no ha sido capaz de crear los empleos suficientes que demanda el crecimiento demográfico y que se convierten en Población Económicamente Activa. En México, por ejemplo, la demanda anual de empleos es de 1.2 millones de puestos de trabajo, en el mejor de los años, apenas se logra cubrir una tercera parte. La explicación es un crecimiento económico insuficiente.

El Banco Mundial propone un nuevo contrato social basado en tres principios: 1) Avanzar hacia una misma protección de todos los trabajadores (independientemente del tipo de empleo), 2) Buscar la universalidad de la asistencia social, y 3) Apoyar la progresividad fiscal.

Las propuestas del Banco Mundial son pertinentes. No hacer nada deterioraría más la cohesión social. Si no se resuelve el conflicto redistributivo lo pagará el desarrollo futuro.

En muchos países se ha intentado establecer una mayor carga fiscal a los que tienen los más altos ingresos, pero siempre aparecen los pretextos para impedirlo.

En Estados Unidos, Trump ha dado un pésimo ejemplo al bajar los impuestos a los ricos. Ello explica el triunfo republicano en la Cámara de Senadores.

La reflexión que hace el Banco Mundial plantea que el problema de la desigualdad es eminentemente político. Es una discusión que tendrán que abordar los partidos, que hasta ahora la han omitido porque ilusamente creen que pueden representar a todos los ciudadanos y evitar conflictos de clases sociales.

Los partidos políticos han olvidado imaginar ideas para fortalecer la cultura política y enfrentar los grandes problemas. Ello explica las indefiniciones.

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