“A veces el hambre aprieta y la dignidad mata”, ha dicho el flamante ganador del premio Alfaguara, en una historia escrita en forma diferente “sin renegar de todos mis libros anteriores. Ni siquiera del último y mucho menos del primero”, dijo refiriéndose a Za Za, el emperador de Ibiza y Lo peor de todo, escrita en 1992.

mg_6904bn-copy-jeosmCiudad de México.- El reciente Premio Alfaguara por su novela Rendición, un galardón al que aspiró con un seudónimo, el del futbolista argentino llamado Sebastián Verón, ha sido llamado por el New York Times “la estrella de rock de las letras europeas”.

Sus brazos tatuados, los lentes de sol pegados como con cola a su rostro duro, un caminar cansino, casi derrotado, lo asemejan a un personaje creado por John Fante.

“Siempre fui menos que mi reputación”: así reza una canción del rock en español que sobreviene, espontánea y oportuna, cuando la cronista está a punto de definir al español Ray Loriga.

De él se dice que llega borracho a las notas, que ha dejado plantado a varios periodistas, que es la estrella de rock de las letras europeas (según el New York Times)… Buceando en las hemerotecas virtuales, además, uno encuentra que al susodicho le ha llevado mucho tiempo convertirse en él, un viejo sueño que albergaba desde edad temprana y que ahora que se cumplió lo tiene un poquitín harto, aburrido.

Loriga es todas esas cosas que se dicen de él, sumadas a las enormes referencias literarias con las que han tratado de explicarlo los críticos. Desde Charles Bukowski a Michel Houellebecq, desde el mencionado John Fante al muy leído Haruki Murakami.

Todas son líneas extendidas hacia una descripción tal vez obvia pero no por ello menos pertinente: así se narra en el siglo XXI.

Pero, la vuelta a la novela luego de ocho años de silencio con Za Za, futuro emperador de Ibiza (Alfaguara) y su reciente libro premiado, Rendición, es muestra de que hay un autor allí capaz de saltar la valla de esas referencias, para construir un mundo que le es propio y que lo define como un escritor verdadero, honesto.

Porque, es cierto, para el esplín mesurado, el humor ácido, la contención narrativa, tan en boga en los libros de nuestro tiempo, podría ser Loriga considerado un tipo apto, preparado como ninguno. Su pluma avanza, de todos modos, hacia una frontera más allá o más acá de las modas.

Para decirlo en buen romance: su prosa rezuma chorizo español por todos los costados y en ese humor blanco, cándido, fresco, de un madrileño de 50 años ya de vuelta de muchas guerras ignominiosas, encuentra la literatura un camino por donde transitar sin tomarse de la mano de otras escrituras tal vez más consagradas y si no, seguramente, más citadas.

Para recibir el premio Rendición se arrodilló ante la presidente del jurado, Elena Poniatowska y pronto lo tendremos en México hablando de su nueva novela, que distingue entre rendición y derrota. La primera alude siempre ante una causa mayor y la segunda, la claudicación, ante una causa absurda”.

“Cada día es un cambio, las nuevas y las viejas ideas de cómo la vida es otra de la que habíamos concebido y cómo nos movemos en esas situaciones de anhelo o pérdida”, dijo Ray a la agencia efe.

El autor de Tokio ya no nos quiere, Ya sólo habla de amor y El bebedor de lágrimas, cuando deja que se vean sus ojos, impresiona la fragilidad de su mirada, como un niño perdido en un mundo que no lo comprende, como un ser de otra galaxia aterrizado por sorpresa en un territorio desconocido.

Es amable y cuenta que su escritor favorito es William Shakespeare y su personaje es Puck (el del Sueño de una noche de verano): “ese diablillo bufonesco e inteligente que se salva de casi todos los rencores que lo circundan y de las tormentas por las que tiene que pasar con un poco de ingenio y mucho sentido del humor”.

Está muy contento con el premio, un territorio donde deberá defender su novela haciendo una gira por el mundo que durará más o menos un año, para la cual Santiago Roncagliolo ha dicho que hay que sobrevivir.

“Bueno, Santiago ya lo ha vivido, yo estoy apenas por vivirlo, pero este premio es maravilloso porque me llevará a todos los lugares que quiero”, dice Loriga.

¿CÓMO ES EL ARGUMENTO DE RENDICIÓN?

Han pasado diez largos años desde que estalló la guerra y el matrimonio sigue sin conocer el paradero de sus hijos, sin saber si su país fue el agresor o el agredido. Fuera cual fuese el origen de la contienda, él, hombre de campo, y ella, su antigua patrona, siguen amándose y sus vidas transcurren sencilla y rutinariamente.

Un día un muchacho mudo entra en su propiedad. Al principio lo encierran como a un prisionero, pero acaban por tomarle cierto cariño y, cuando las autoridades comunican que la zona debe ser evacuada y que tienen que poner rumbo a la ciudad transparente, los tres parten juntos. En ese momento el muchacho es bautizado como Julio.

Las puertas de la metrópoli muestran una clara advertencia: el aire mece los cuerpos sin vida de los traidores. En su interior, la ciudad transparente es casi un paraíso que provee a sus habitantes de todo aquello que cualquiera desearía en un hogar: armonía, limpieza y protección. Impera un orden riguroso, una calma autoritaria y una absoluta transparencia: no están permitidos los secretos ni las paredes.

En una sociedad en la que lo privado es de dominio público, en un mundo feliz y asfixiante que ataca pasivamente a la dignidad del ser humano, emergen los más estremecedores augurios de nuestro futuro.

Ese es el argumento que ha salido premiado por un jurado presidido entre otros por Elena Poniatowska, una escritora que Ray Loriga califica de “maravillosa” y que le ha dicho que “su novela es de gran calado”.

“Después de 25 años de carrera, la nave va y eso me llena mucho de orgullo”, dice el escritor, quien considera la supervivencia mayor que los principios morales.

“Hay que estar vivo para tener principios morales. La vida supera cualquier restricción de la cabeza”, mientras que “la rendición es postrar las armas frente a una causa mayor y la derrota es estar en un muro, sin tener esa oportunidad”.

“Una historia kafkiana y orwelliana sobre la autoridad y la manipulación colectiva, una parábola de nuestras sociedades expuestas a la mirada y al juicio de todos. Sin caer en moralismos, a través de una voz humilde y reflexiva con inesperados golpes de humor, el autor construye una fábula luminosa sobre el destierro, la pérdida, la paternidad y los afectos. La trama de Rendición sorprende a cada página hasta conducirnos a un final impactante que resuena en el lector tiempo después de cerrar el libro”, es el dictamen del jurado integrado entre otros por Santiago Roncagliolo y Andrés Neuman.

“He cambiado mi manera de escribir, pero no por rencor a mi novela anterior ni mucho menos a mi primera novela. Buscaba, eso sí, hacer algo diferente, algo incluso diferente para mí mismo. Adentro de mis capacidades, porque uno no puede aspirar muy lejos de su propio rol, decidí evolucionar”, dice Loriga.

“Más quisiera yo que se pareciera a George Orwell, por esa tesitura de observar un tiempo, más o menos entenderlo, más o menos apuntar algunas de las cosas de cada uno, para la contención de lo ajeno, lo social, de lo común, ojalá. El jurado ha sido muy generoso nombrando a Orwell y a Kafka, más quisiera yo, pero hacia ahí iban todas mis intenciones”, reconoce.

“El argumento es bastante sencillo. Una pareja se ha quedado sola en una guerra, que no se sabe cuál es porque todas las guerras se parecen mucho, sin hijos, y en medio de las bombas que cada vez suenan más cerca, aparece un hombre mudo que es la voz narradora y va contando todas sus experiencias”, cuenta Ray.

Durante los ocho años que estuvo sin escribir, hasta dar a conocer hace dos años Za Za, emperador de Ibiza, Ray Loriga escribía de todos modos. Eso sí. No publicaba.

“Este premio, más que asegurar mi carrera de escritor que estaba más o menos establecida, sí me da un aliciente para seguir en la nave, que sigue yendo”.

¿CÓMO COMIENZA RENDICIÓN?

Nuestro optimismo no está justificado, no hay señales que nos animen a pensar que algo puede mejorar. Crece solo, nuestro optimismo, como la mala hierba, después de un beso, de una charla, de un buen vino, aunque de eso ya casi no nos queda. Rendirse es parecido, nace y crece la ponzoña de la derrota durante un mal día, con la claridad de un mal día, forzada por la cosa más tonta, la misma que antes, en mejores condiciones, no nos hubiera hecho daño y que sin más consigue aniquilarnos, si es que coincide por fin ese último golpe con el límite de nuestras fuerzas. De pronto, aquello en lo que no habíamos ni reparado nos destruye, como las trampas de un cazador que nos supera en habilidad y a las que no prestábamos atención mientras nos distraíamos con el señuelo. A qué negar, en cambio, que mientras pudimos también cazamos así, utilizando trampas, señuelos y grotescos pero muy efectivos camuflajes.Si uno mira con cuidado el jardín de esta casa sabrá enseguida que vivió tiempos mejores, que la alberca vacía no desentona con el zumbido de los aviones que cada noche castigan no ya esta propiedad sino todas las de nuestro valle. Cuando ella se acuesta intento tranquilizarla, pero lo cierto es que sé que algo se derrumba y que no seremos capaces de poner nada nuevo en su lugar. Cada bomba en esta guerra hace un agujero que no vamos a ser capaces de rellenar, lo sé yo y lo sabe ella, pero jugamos y nos hacemos los tontos a la hora de dormir, buscando una tranquilidad que ya no encontramos, un tiempo como el de antes. Algunas noches, con tal de soñar mejor hasta recordamos…

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