El filme, que cuenta seis historias paralelas, ha sido rodado en Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Panamá y Honduras.

En Centroamérica cuesta mucho hacer cine y los cineastas lo saben bien. Precisamente por ello, hace cuatro años, un grupo de 12 productores y directores de seis países de la región decidieron unir esfuerzos para crear una película en conjunto: Días de luz. Se trata de un largometraje de ficción que busca ser la punta de lanza de una red de colaboración entre cineastas en América Central.

“Ante las numerosas dificultades para hacer cine en la región una reacción natural es unir esfuerzos y trabajar en conjunto por objetivos comunes, y así logramos conformar este colectivo de seis duplas de director-productor”, cuenta Karolina Hernández, productora general. Este proyecto, dice, pretende alimentar esa idea de crear una industria de cine regional, con sus propias formas de coproducción y también de distribución.

La historia en Días de luz comienza con un apagón que deja a toda la región centroamericana sin energía eléctrica. A partir de ahí se desarrollan seis historias diferentes, pero entrelazadas entre sí a lo largo del relato. Dos religiosos que intentan estafar a los fieles en Costa Rica, una adolescente que busca cómo celebrar su fiesta que quince años en Nicaragua, un reencuentro amoroso gracias a tecnología en Honduras y una mujer que intenta aplicarse un tratamiento médico del que depende su vida en El Salvador son algunas de las historias que buscan reflejar las realidades en Centroamérica.

La trama, asegura Gloria Carrión, guionista y directora de la película por Nicaragua, invita a los espectadores a reflexionar sobre las identidades y tradiciones tan parecidas que hay en la región, pero además sobre lo diferente que es cada país. “Si bien cada uno de nosotros tiene un pasado e identidad distinta, compartimos un tejido histórico y geográfico en común”, coincide Hernández.

Lo más complicado de esta producción que ha costado 500.000 dólares, afirman los participantes, ha sido la logística y la búsqueda de financiamiento. Los gobiernos y las empresas privadas, aseguran, deben entender la necesidad de invertir en cine como una forma de proteger y potenciar las identidades de los pueblos.

En este proyecto han tenido que experimentar con modelos de coproducción. No es fácil rodar en seis países y lograr organizar a todos los involucrados. Han trabajado con un equipo fijo como director de foto, diseño de sonido, director de arte, continuista, postproductor y editor, quienes plantearon los lineamientos de toda la producción en conjunto con los directores y productores por país.

La película también será una ventana para que los espectadores conozcan un poco de los sitios donde han sido las grabaciones: la Isla de Ometepe (Nicaragua), Llano Grande de Cartago (Costa Rica), Panchimalco y Santa Tecla (El Salvador), Zambrano (Honduras), Ciudad de Panamá y Antigua (Guatemala).

El filme, que brinda una mirada de qué es ser centroamericano y que aborda temáticas cotidianas en la zona como el fanatismo religioso, migración, acceso a la tecnología, llegará al cine en 2019 y pretende ser distribuida en toda América Latina, Estados Unidos y Canadá.

Fuente: El País.

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