La de los que sueñan con EE.UU. y la de las madres que buscan a sus desaparecidos en su viaje al norte / En un encuentro con los migrantes, las madres le aconsejaron: “Cuídense para no sumarse a los desaparecidos”

Un grupo de madres de migrantes centroamericanos desaparecidos se reunió este martes con la caravana de hondureños que busca cruzar estos días México en busca del sueño americano, en un emotivo encuentro en el que dieron ánimos a este masivo contingente.

“Llegamos para solidarizarnos con todos ustedes, migrantes de Honduras”, contó una madre de esta caravana que cruzó la frontera guatemalteca en la plaza central de Huixtla, en el suroriental estado de Chiapas.

Este grupo de madres de migrantes centroamericanos cruzó este martes al paso fronterizo de Talismán, entre México y Guatemala, con el objetivo de buscar a sus desaparecidos.

“Por favor, México, dejen a la gente en este lugar para que puedan trabajar juntos, aquí no hay ningún criminal”, dijeron las madres de los migrantes desaparecidos.

La Caravana de Madres Centroamericanas pidieron esta noche a los miles de migrantes hondureños que van en el éxodo rumbo al norte del país persistir y no rendirse en su caminar rumbo al norte, que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y el estadounidense Donald Trump deben entender que migrar es un derecho y que van a trabajar no a delinquir.

Tras manifestar su apoyo a los hombres, mujeres, niños, jóvenes y adolescentes que participan en esta caminata, las madres migrantes se dirigieron durante la noche a la multitud para pedirles a los migrantes que se cuiden mutuamente para que sus madres no sean las siguientes que se unan a esta caravana que año con año realizan en territorio mexicano.

Las Caravana de Madres Centroamericanas está conformada en esta ocasión por unas 30 mujeres de Nicaragua, Guatemala, El Salvador y Honduras, que por 14.ª ocasión buscan a sus hijos e hijas, a sus hermanos y hermanas, a sus padres, que en su búsqueda por el sueño americano desaparecieron en su trayecto en este territorio mexicano.

En esta ocasión, las madres migrantes recorrerán ocho estados del país, y participarán en la Ciudad de México en una Cumbre Mundial de Madres que buscan a sus hijos e hijas desaparecidas.

Reanudan marcha

Miles de migrantes centroamericanos reanudaron el miércoles su marcha a Estados Unidos y partieron antes del amanecer con el objetivo de recorrer otros 75 kilómetros de los más de 1,600 que aún les quedan para alcanzar su destino.

El agotamiento de cinco días de caminata en el extremo sur de México, después de siete días en Honduras y Guatemala, estaba comenzando a mostrar sus efectos: las autoridades mexicanas informaron el miércoles que unos 500 migrantes aceptaron una oferta para regresar a sus países en autobús. Muchos estaban enfermos o agotados, especialmente los niños.

Sin embargo, el tamaño de la caravana –que las Naciones Unidas estima está integrada por más de 7,000 personas– no parecía haber mermado cuando la multitud partió en la oscuridad de la madrugada ocasionalmente iluminada por linternas o los focos de la policía municipal que la escoltaba.

La hondureña Rosa Duvon de Cofradía Cortés empujaba por un camino lleno de baches un cochecito de bebé en el que iban dos pequeños varones ambos llamados Daniel –su hijo y su sobrino– a las cinco de la mañana.

“Esta cosa va a morir”, dijo sobre el carrito mientras señalaba una rueda trasera tambaleante. Aun así, se comprometió a seguir adelante.

En peor estado estaba María del Carmen Mejía de Copán, Honduras, que iba sudando abundantemente. En un brazo llevaba a Britany Sofía Alvarado, de 3 años, mientras con la otra mano sujetaba a Miralia Alejandra Alvarado, de 7, quien también estaba sudada y con fiebre.

Miralia “está malita, con fiebre. A ver si nos dan un jale (aventón) más adelante. Yo voy rendida ya”. Pero ella también se comprometió a continuar la marcha. “Ya caminé bastante, ya no quiero regresar. Yo quiero un mejor futuro para mis hijos”.

Si bien los niños representan solo del cinco al diez por ciento de los migrantes, son claramente la fuerza detrás de la motivación de la marcha.

Ludin Girón, una vendedora ambulante de Choloma, viajaba en el asiento de una mototaxi diseñado para dos con sus tres hijos, otra mujer y su hija. Girón sostenía a su hijo Justin en su regazo ayudada por su hija Astrid, de 5 años, y detrás de ellos iba sentada Nicole, de 3.

Relató que se fue de Honduras debido a la amenaza constante que representan las pandillas para sus hijos. “Está la violencia, ellos no pueden andar solos… con peligro siempre. Cuando ellos (las maras) miran una niña ya bonita, ya la quieren para ellos. Si ven un varón ya quieren meterlo a la droga”.

En la parte delantera de la mototaxi iba Reyna Esperanza Espinosa, una cocinera de tortillas de Cortés, Honduras, junto a su hija Elsa Araceli, de 11 años.

“En Honduras no hay trabajo, por eso decidimos venir para acá, para darle un mejor futuro a nuestros hijos”. Mientras algunos niños sufrían, otros disfrutaban la experiencia. “Es como una aventura porque nunca había salido para acá”, dijo Elsa Araceli.

Aunque el gobierno de México ha desanimado al grupo y ha dado lugar a las amenazas lanzadas por el presidente estadounidense Donald Trump de recortar los fondos que reciben los países centroamericanos, los migrantes han recibido una gran cantidad de ayuda de la población local a medida que pasa la caravana.

Los vecinos los han provisto de comida y los conductores se han detenido para permitirles subirse a automóviles, camionetas e incluso camiones y así ayudarlos a avanzar en el camino.

Un equipo de The Associated Press vio a la Policía Federal obligando a las camionetas de pasajeros a detenerse cerca de Escuintla, Chiapas, y haciendo descender a los migrantes. Si bien lo había hecho antes con los camiones recargados de personas por cuestiones de seguridad, en este caso los migrantes habían pagado sus boletos y viajaban en buenas condiciones.

“Dijeron ‘baja a los migrantes. El seguro no los cubre por ser extranjeros’. No es justo”, se quejó el conductor de una de esas camionetas, Johnny Morales Castellanos.
A su alrededor unos 50 migrantes se arremolinaron enojados tras gastar el poco dinero que tenían para recorrer unos cuantos kilómetros en lugar de hacerlo a pie con más de 30 grados centígrados de calor.

El hondureño José Escobar fue uno de los obligados a abandonar la camioneta. “Nos están discriminando. No es justo. En vez de ayudarnos la policía nos está perjudicando”.

Estas caravanas de migrantes –aunque en menor escala– han tenido lugar regularmente en los últimos años. Pero esta vez Trump se ha aprovechado del fenómeno y lo ha convertido en un llamamiento a su base republicana antes de las elecciones de medio término del 6 de noviembre.

La caravana ha avanzado aproximadamente 75 kilómetros desde que cruzó la frontera con Guatemala y los migrantes esperan recorrer el miércoles la misma distancia hasta la ciudad de Mapastepec.

Fuente: POR ESTO!

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