Reino Unido abandonará automáticamente el programa Galileo, un sistema de posicionamiento global europeo propio e independiente del de Estados Unidos.

Entre las muchas cuestiones que los partidarios del Brexit ocultaron o simplemente ignoraron figura el programa Galileo, que permitirá completar un sistema de posicionamiento global (GPS) europeo propio e independiente del de Estados Unidos. Se trata de uno de los proyectos más caros y ambiciosos de la historia de la UE que el Reino Unido abandonará automáticamente en cuanto se convierta en un país tercero. La cuestión se ha puesto sobre la mesa en la última ronda de negociaciones para gran irritación de los representantes británicos que denuncian que es un «castigo» por parte de la UE para hacerles pagar su decisión de abandonar el club, cuando se trata simplemente de una consecuencia legal más del Brexit.

El punto de mayor fricción no es que el Reino Unido pueda seguir asociada al programa como han hecho muchos países no europeos, entre ellos Israel o China, sino que por el hecho de salir de la UE dejará de tener acceso a los datos secretos de los satélites, que solo serán accesibles para los países miembros de la UE. La Comisión Europea reconoce que «hay elementos técnicos que se tienen que discutir» en las negociaciones sobre el Brexit, pero que en líneas generales «las consecuencias de la salida del Reino Unido sobre el programa Galileo ya han sido analizadas teniendo en cuenta que el Reino Unido se convertirá en un país tercero».

De hecho, aunque el Reino Unido ha participado hasta ahora intensamente en el desarrollo de Galileo, su decisión de salir de la UE va a afectar de forma notable a su industria aeroespacial. La reacción inmediata del Gobierno británico ha sido doble: por un lado el ministro de Industria, Greg Clark, dijo que Londres podría lanzar su propio sistema de GPS si fuera necesario. Pero por otro, la primera ministra Theresa May pretende incluir el acceso a los datos confidenciales de Galileo dentro de la nueva alianza militar que quiere establecer con la UE una vez que hayan dejado el club. Sin embargo, el aspecto jurídico de esta pretensión no está claro, según fuentes europeas.

Pero por ahora, todas las fábricas del consorcio internacional Airbus que participan en el programa de Galileo tienen que trasladarse desde suelo británico a Francia o a Alemania. Las instalaciones que Airbus tenía en Portsmouth y que emplean allí a unas 100 personas tendrán que ser llevadas al continente si Airbus quieren participar en cualquier concurso para Galileo a partir de marzo de 2019. Colin Paynter, el representante de Airbus en Gran Bretaña estuvo la semana pasada en el comité parlamentario del Brexit y reconoció que si ganan el contrato tendrán que trasladar sus actividades fuera del Reino Unidoporque «entra dentro de las áreas consideradas como sensibles porque afectan a la seguridad y solo pueden llevarse a cabo dentro del territorio de la UE».

El Reino Unido ha contribuido con unos 1.400 millones de euros en este programa, cuya financiación ha sido muy compleja. Primero se suponía que las empresas del sector aportarían al menos la mitad de los fondos necesarios, pero después la Comisión Europea tuvo que aportar el dinero de su propio presupuesto para salvarlo. Se pensaba que costaría unos 3.000 millones y probablemente habrá pasado de 12.000 cuando esté concluido en 2020.

Según la prensa británica, Londres ha dicho en las negociaciones que estaría dispuesto a pagar 1.300 millones de euros anuales para permanecer en los programas europeos de cooperación científica, además de 150 millones anuales más para seguir asociado a Galileo y a Copérnicus (el otro programa europeo de satélites de observación) después de dejar de ser miembro de la UE. Pero eso no resuelve el tema del acceso a los datos más sensibles.

En cuanto a la puesta en marcha de un sistema de GPS propio, puesto que han participado en Galileo se considera que los británicos serían capaces técnicamente de hacerlo, pero teniendo en cuenta las razones por las que deberían lanzarlo, se supone que tendría que ser una tecnología nueva, desarrollada desde cero, lo que significa un desembolso faraónico, según los expertos. Estados Unidos, que está construyendo su tercera generación de GPS, sabe muy bien qué significa esto en términos de retraso y de sobrecostes.

Fuente: ABC.

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