Durante el proceso de gestación el cuerpo de la mujer debe cambiar considerablemente para acomodar al bebé.

Durante el embarazo, el cuerpo de la mujer debe cambiar drásticamente para acomodar al bebé. Estos cambios afectan tanto a la estabilidad como a la postura y como consecuencia pueden originar patologías y algias (dolores) comunes durante la gestación y en ocasiones continuándose en el posparto.

 «El motor de tal cambio es el crecimiento uterino que va

provocando una protusión abdominal que origina cambios en la postura como la posteriorización de eje de gravedad a través del aumento de la curva lumbar, cifosis dorsal compensatoria, anteversión cefálica y de hombros», explica Carla Talens, fisioterapeuta y responsable de la Unidad de Suelo Pélvico del Hospital Vithas Nisa 9 de Octubre.

En relación a dichos cambios también se produce hiperextensión de rodillas, aplanamiento de los arcos plantares, aumento de la base de sustentación para mantener mejor el equilibrio; también incremento de presión sobre los talones.
Por otro lado, se experimentan cambios a nivel del tórax, principalmente el desplazamiento craneal del diafragma y la horizontalización de las costillas, que conlleva un incremento del diámetro de la caja torácica y, a nivel funcional, a un ligero descenso de la capacidad pulmonar total.
Consecuencias

Todos estos cambios producidos en la postura de la mujer embarazada, unidos al factor hormonal que permite mayor laxitud y movilidad articular, se relaciona a algias (dolores) propias de la gestación como las lumbalgias, pubalgias, sacroileítis, coxigodinias, dolor en plantas de los pies, en rodillas, el síndrome del túnel carpiano, etc.

Por otro lado en el suelo pélvico se suceden cambios propios de la gestación que lo predisponen a déficit funcional y consecuentes patologías.
Efecto mecánico

Debido al incremento de peso progresivo y así de presiones sobre el suelo pélvico, este pierde tono, se distiende y puede perder capacidad en su mecanismo de cierre esfinteriano y en su función de sostén visceral. Además, también le influye el factor hormonal, ya que el 80% de su composición es tejido conjuntivo. El suelo pélvico se vuelve más laxo y menos competente en sus dos principales funciones; cierre y sostén.

Por todo ello es frecuente experimentar pérdidas de orina, pesadez vaginal, infecciones urinarias o estreñimiento. La compresión en la zona pélvica y perineal durante los últimos meses de gestación dificulta también el retorno venoso favoreciendo la aparición de edemas y varices bulbares y en miembros inferiores.

La combinación de causas mecánicas que faciliten el estreñimiento junto con la dificultad de retorno venoso conllevan a la aparición de hemorroides, otra patología muy común durante la gestación.

Así pues, vemos que las algias y patologías que se dan con frecuencia durante el embarazo tienen unas causas justificadas pero no por ello deben asumirse como normales y dejarlas suceder sin más. Es muy importante establecer estrategias de prevención para evitarlas así como conocer las posibilidades terapéuticas para tratarlas durante el embarazo.

Fuente: ABC.

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