noalcanza232De mil y una formas deben ingeniárselas los habitantes de las zonas más humildes y olvidadas de Cancún para sobrevivir ante la carestía de la vida y los continuos incrementos en el precio de productos y servicios, aunado a que en muchas ocasiones los miembros de una familia deben sobrevivir con trabajos esporádicos o mal pagados.
No es extraño que se cuenten por centenares las mamás que se fajan los pantalones y conjugan las labores del hogar con un trabajo fuera de casa, apoyando de esta forma a la economía familiar, sin contar con que en ocasiones alguno de los hijos también se suma a la población activa, pero aún así, son contados con los dedos de la mano los que consideran que con lo que tienen es suficiente.
Tras llevar a cabo un recorrido por diferentes colonias irregulares, se pudo constatar que las amas de casa echan a volar su imaginación y hacen hasta lo imposible para que el gasto alcance, estirando el centavo hasta límites insospechables.
En muchas ocasiones las madres de familia aprovechan las ofertas de los grandes supermercados para obtener mercancías, especialmente frutas y verduras, a precios más accesibles; prefieren pagar pasaje y comprar fuera de sus colonias antes de hacerlo en los asentamientos, donde en la mayor parte de los negocios los productos tienen precios aún más elevados que en las tiendas del centro y de otras regiones menos alejadas del primer cuadro de la ciudad.
La señora Esther Trujillo Ramírez habita en una humilde vivienda forrada con cartones, lo que permite a la familia protegerse un poco más de las inclemencias del tiempo; vende ropa usada a precios casi de risa con objeto de contribuir a los ingresos familiares, ya que los ingresos de su esposo, cantinero de profesión, fluctúan considerablemente, además de que se echaron encima el compromiso de pagar puntualmente las letras de la vivienda que tramitaron mediante un crédito en uno de los nuevos fraccionamientos.
“El dinero no alcanza para nada y eso que hay bastante turismo, pero mucho de lo que obtiene se va en pagar la letra del departamento que sacamos en Urbi; la casa ya la tenemos pero el problema es que mi niño estudia aquí en el Milagro y si nos cambiamos, no alcanza para pagar los pasajes”.
Agregó que pese a la bonanza turística pasan muchos apuros económicos a la hora de hacer la despensa, ya que entre el salario mínimo que devenga su esposo y lo poco que ella gana con la venta de ropa, apenas logran comprar lo indispensable.
“La carne está carísima, el huevo ni digamos, el jitomate por las nubes, realmente es difícil alimentarse sanamente como recomienda la televisión, eso ya quedó para los ricos”.
En el caso de Teresa Aguirre Romero, se decidió a poner un puestecito en los tianguis donde vende ropa de bazar, “hay que buscarle como sea, a veces sale y otras no sale ni para los pasajes de regreso, depende mucho y cuando las cosas se ponen mal, no hay de otra que empeñar las poquitas cosas que tengo, de hecho ahora mismo lo tengo todo en el empeño, a ver hasta cuándo puedo sacarlo”.
Seidy Mendoza Canul, madre de dos niñas menores de edad, señaló que para salir adelante con los ingresos de su esposo, de oficio albañil, “a veces ponemos una olla de frijoles y alcanza para dos o tres días, por lo general se acompaña con un pedacito de queso o carne, pero muy racionado, está ya muy caro el queso y la carne como para comprar grandes cantidades y naturalmente, muchas tortillas, para que llene”.
En tanto que Clarisa García Beltrán, quien reside en la Región 102, manifestó que “hay que ver la manera de salir adelante; en lo particular soy viuda y tres de mis hijos trabajan, uno de ayudante de albañil, la mediana de cajera en un super y el pequeño en una llantera, pero entre los tres no sale un sueldo decente para que podamos vivir sin estrecheces, tan sólo en pasajes, luz, agua y renta se va casi todo y queda poco para los gastos diarios”.
Explicó que para apoyar a la economía familiar vende antojitos en las noches, pero la mayor demanda es en quincena y los sábados, cuando los trabajadores de la construcción rayan, pero no siempre las ventas son buenas.
“Hay veces que pasamos apuros hasta para comer y para que rinda lo que se prepara hay que ver el modo, comprar lo más económico y estirar el alimento con mucha tortilla; en ocasiones, cuando alcanza, podemos comprar carne para nosotros pero por lo general hay que conformarse con frijol y arroz, a veces un buen manojo de chaya con tres o cuatro huevos, además que se aprovecha lo que sobra de la venta del día”.

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