El titular mexicano de Turismo incide en la necesidad de reducir la dependencia del mercado estadounidense y de ir más allá del modelo tradicional de sol y playa

La industria turística mexicana llega a la temporada de verano en la cresta de la ola. La mejora de la economía estadounidense, el principal mercado emisor de visitantes; la depreciación del dólar en el tramo final del año pasado y la decisión de muchos nacionales de quedarse en México en vez de viajar a Estados Unidos tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca han llevado al sector al mejor momento de su historia. El titular del ramo, Enrique de la Madrid (Ciudad de México, 1962), está convencido de que la buena racha continuará en los próximos meses, pero subraya la importancia de “crear producto” más allá del tradicional modelo de sol y playa y por rebajar la dependencia del principal mercado emisor: EE UU. Y, por encima de todo, llama a atajar la inseguridad, “el único factor que puede detener al sector”.

Pregunta. Se habla mucho de la dependencia comercial de México y poco de la turística. Seis de cada diez visitantes son estadounidenses. ¿No es necesaria una diversificación?

Respuesta. Sí, hay que diversificar mucho más. Pero hay que recordar que el 85% del gasto turístico en México lo hacemos los propios mexicanos y eso nos pone en un menor nivel de riesgo respecto a EE UU. Es cierto que el 60% de los extranjeros que nos visitan son estadounidenses, pero hace diez años eran el 70% y nuestra estrategia es reducir esa dependencia hasta el 50%. Queremos atraer más asiáticos, europeos, latinoamericanos…

P. Como España, México sigue demasiado anclado en el modelo de sol y playa. ¿Cómo se puede cambiar esto?

R. Por un lado pienso “qué buena promoción hemos logrado para que casi en cualquier rincón del mundo la gente quiera ir a Cancún”. Es una marca potentísima. Pero somos un poco víctimas de nuestro propio éxito. Tenemos que educar mejor, en el buen sentido de la palabra, a las agencias de viajes y a los touroperadores, porque hay mucho más México que ofrecer. Tenemos 111 pueblos mágicos y mucho potencial para seguir desarrollando muchos tipos de turismo.

P. Pese a que la percepción de inseguridad es uno de los factores que más afecta a la llegada de turistas, México es una potencia. ¿Qué sería de México si ese problema se solucionase?

R. Sería una grandísima potencia. Es el tema que más me preocupa, porque es casi lo único que puede detener a este sector. Hemos perdido las caravanas que llegaban de EE UU por carretera a lugares como San Carlos [Sonora, noroeste del país]. La seguridad es un prerrequisito para el turismo. Pero también es importante que México se acerque a los estándares de desarrollo, en otros ámbitos, de EE UU: que, para los estadounidenses, ir a México sea como ir a Florida o a Los Ángeles. Si se avanza en todo eso, no hay ninguna razón para que este sector no siga creciendo y llegue a los 50 millones de visitantes [hoy son 35].

P. Uno de los factores que más ha empujado al turismo en los últimos tiempos ha sido la depreciación del peso. Pero la tendencia ha cambiado. ¿Hasta qué punto le puede perjudicar al sector?

R. Aunque la depreciación es algo que ayuda en el corto plazo, no es el factor fundamental del crecimiento del turismo en México. Temas como la apertura de nuevos vuelos o el crédito para el sector han influido más. El tipo de cambio solo acelera un poco algo que ya tiene una tracción.

P. No le preocuparía, entonces, que la apreciación del peso continuase.

R. No, porque nuestro factor de competitividad no es ese. Cuando alguna vez se lo oigo a empresarios, pienso: “Pues qué pocos méritos se dan”. Hay muchos otros factores que hacen el producto más competitivo. Además, en varios destinos mexicanos, como Cancún, el tipo de cambio es irrelevante: todas las tarifas están dolarizadas. A mí, como mexicano, me encantaría que el tipo de cambio regresase a 18. O a 15. Porque te habla de la confianza en el país.

P. ¿Se está notando el factor Trump en el sector turístico mexicano?

R. Está siendo incluso un poco positivo. La preocupación que teníamos era que los estadounidenses se sintiesen un poco incómodos al venir a México; que tuvieran la preocupación de no ser bien recibidos. Les hemos hecho saber que tenemos diferencias con Donald Trump, pero no con los estadounidenses: que los vemos como un factor importantísimo para México. Fuimos muy enfáticos y creo que hemos tenido éxito. Al revés no ha sido así: muchos mexicanos han reducido sus viajes a EE UU porque oyen cosas sobre la visa, sobre las dificultades… Hay muchos menos mexicanos saliendo a EE UU. Y quiero suponer que bastantes han optado por quedarse en México.

P. La generación de ingresos parece ser el talón de Aquiles del sector: vienen muchos visitantes, pero dejan poco dinero. ¿Qué falla?

R. El tiempo de estadía, para lo que hay que seguir desarrollando el producto turístico masivo, y avanzar en otros nichos de mayor gasto y valor agregado. No queremos medirnos por número de visitantes, sino por ingresos, por dinero que llega. Ahí todavía estamos en el puesto 14° en la clasificación mundial. Y podemos llegar al top ten.

P. ¿Qué pasó en 2014 para que el número de turistas aumentase en un 40% según las cifras del Banco de México? Muchos especialistas han puesto en duda la veracidad de estas cifras.

R. Le tengo un gran respeto al Banco de México, que es una entidad independiente. No trabaja para Turismo, no depende del Gobierno federal y, aunque en este país hay muchas cosas de medición que tenemos que hacer mejor, supongo que están haciendo su mejor esfuerzo. Han cambiado la metodología y ampliado la muestra: quizá lo que tenían que haber hecho es echar la corrección hacia atrás, eso es lo que quizá se hizo mal. En México, los datos solo son creíbles cuando son para mal. Además, en 2014 hubo una mejor percepción de la seguridad en México: cuando salía a Europa y Japón, lo que me decían era que el promotor de la visibilidad de los problemas del crimen en México era el propio Gobierno anterior [presidido por Felipe Calderón]. Cuando este Gobierno entra y simplemente lo visibiliza menos, la percepción de la seguridad cambió.

P. Dadas las cifras actuales, todo lo que no fuera un récord de llegadas y de ingresos este año y el próximo sería una decepción.

R. Sí. No puede no haber récord, porque seguiremos creciendo en positivo. Lo que puede cambiar es el ritmo de crecimiento: que el de las llegadas del exterior sea un poco más lento, al 6% en vez de al 9%. La economía en el mundo no está creciendo al ritmo al que nos gustaría y la competencia con otros destinos, que se están abaratando, es fuerte. No es un tema de México, sino factores externos. Lo que recojo en todos lados cuando hablo con empresarios es que estamos viviendo los mejores años del turismo en muchísimas décadas.

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