El actor presenta en Madrid su última película, ‘La cena’, dirigida por Oren Moverman, que participó en la sección oficial del Festival de Berlín.

En febrero estuvo en Berlín y se reunió con la canciller Angela Merkel, el mismo mes tuvo un encuentro en Madrid con la alcaldesa Manuela Carmena, ahora vuelve a esta ciudad y este miércoles hablará en el Senado para apoyar a la Fundación Rais, que trabaja con personas sin hogar. No, no es un líder político, es el actor que encandiló a varias generaciones con su impoluto traje militar blanco o pidiendo que le hicieran la pelota en las tiendas de Beverly Hills. Sí, Richard Gere (Filadelfia, 1949) está en Madrid. Presenta su nueva película, La cena, dirigida por Oren Moverman, que se pudo ver en la pasada Berlinale, donde competía en la sección oficial y que llegará a las salas españolas el 22 de diciembre.

El que sí es un político es el personaje que encarna Gere. Stan Lohman es un senador estadounidense que busca votos para conseguir que las enfermedades mentales tengan una cobertura sanitaria y que actúa con honradez y principios. Algunos, acorde con las corruptelas que actualmente abundan en ciertas familias políticas, podrían pensar que es ciencia-ficción o, más apropiado para el intérprete, un cuento de hadas. “En el primer guion que vi el personaje era un embrión, lo desarrollamos como si fuese Bill Clinton: carismático, alguien que tiene todo controlado, que es el centro de atención y con cierto toque superficial”, explica el actor. “Quería que el público se quedara con ese cliché, que se hiciera esa idea para luego romperla, explorar y profundizar en él”.

Stan Lohman y su hermano se reúnen a cenar con sus esposas para abordar un problema que han causado sus hijos adolescentes: al salir de una fiesta se encuentran con una indigente que duerme en un cajero, la insultan y la acaban quemando. Por supuesto, graban todo con sus móviles y el vídeo termina colgado en Internet. “Este es el tipo de películas que me gusta. Es una ironía que se llame La cena, cuando sales del cine y te sientas a cenar con tu pareja o amigos, continúa el filme, sigue la discusión… Con quién se siente cada uno identificado… Me gusta que provoque”, explica Gere. Y provoca porque pone sobre la mesa cuestiones como: ¿hay respeto por la vida del diferente?, ¿hasta dónde se es capaz de llegar por defender a la familia?, los peligros y la exposición pública que supone Internet… Reconoce el actor que a veces se ha sentido de manera parecida: “Tengo un hijo adolescente y he estado en situaciones en las que he querido protegerle si ha hecho algo que no era perfecto. He tenido ese sentimiento, pero de las emociones más fuertes hay que desconfiar. Esa sensación es muy difícil que case con el raciocinio”.

El senador y Gere coinciden en un aspecto, para ambos es imposible estar en una cena sin tener, al menos, cinco llamadas importantes. “La conciliación es complicada”, asegura un Richard Gere que compagina sus películas con su papel de activista en varias ONG, luchando por los derechos de los sin hogar, en contra de la política del Gobierno chino en cuanto a la situación del Tíbet, lo que le ha llevado a verse lejos de grandes proyectos cinematográficos ya que el mercado y el público del gigante asiático cada vez cuentan más en Hollywood. “Me pongo muchos sombreros”, bromea. “Tengo que tener mi vida bien compartimentada, la intento llevar de la manera más sencilla posible y con sentido de la responsabilidad. La meditación ayuda. Y si me apetece tomarme una copa de vino extra, no me la tomo”, dice un calmado y amabilísimo Gere, como si la meditación también la llevara a la entrevista.

 Al ganador de un Globo de Oro por mejor actor, por su papel en Chicago (2002) es inevitable preguntarle cómo respira ese Hollywood revuelto con las constantes denuncias de abusos sexuales. “Está en el mundo entero, no en una profesión, no en un país. Está en todas partes, en todos los niveles de la sociedad. Imagina a esas mujeres en una plantación recogiendo hojas de té, su jefe también va a usar su poder y el poder nunca se utiliza de manera generosa”.

Al terminar la mañana de entrevistas, se toma un descanso cuando finaliza la de EL PAÍS, Gere mantiene sus ojillos sonrientes, esos que cualquier espectador reconocería porque ha visto decenas de veces. Todavía se quedará en Madrid, su pareja es española. Con respecto a algún coqueteo con el cine de aquí dice que le encantaría: “Conozco a un par de directores, a Pedro [Almodóvar] desde hace tiempo y a veces hablamos de cine”. Finaliza diciendo: “Estoy abierto”.

Fuente: El Pais.

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