El presidente prohibió la entrada al país a inmigrantes de cinco países de mayoría musulmana

El Tribunal Supremo de Estados Unidos dio este martes un gran espaldarazo a Donald Trump al bendecir su polémico veto migratorio para siete países, cinco de ellos de mayoría musulmana, por no considerarlo discriminatorio ni un exceso de poder presidencial. La mayoría conservadora del alto tribunal, con cinco votos a favor y cuatro en contra, ha permitido resolver a favor del presidente la que ha sido una de sus principales cruzadas desde que llegó a la Casa Blanca. Demócratas y organizaciones de derechos civiles han protestado.

La batalla por el veto migratorio de Trump comenzó justo una semana después de su llegada a la Casa Blanca. El 27 de enero de 2017 la nueva Administración desató un caos en los aeropuertos y una ola de protestas al aprobar el veto de entrada durante 120 días a ciudadanos de siete países de mayoría musulmana(Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen) con el argumento de la seguridad nacional. Para los sirios, el veto era indefinido.

Los tribunales no tardaron en tumbarlo por considerarlo discriminatorio contra ciudadanos de una religión. A los pocos meses aprobó una nueva orden ejecutiva algo descafeinada (era de 90 días, excluía a Irak y a aquellos que ya eran poseedores de un visado y, además, limitaba el veto a los sirios), que también fue suspendida por los jueces de instancias inferiores al Supremo. La tercera versión, una proclamación presidencial aprobada el pasado septiembre, afectaba a cinco países mayoritariamente musulmanes (Irán, Libia, Somalia, Siria y Yemen), fue a su vez congelada por jueves de Hawaï y Maryland.

Para Trump, la resolución representa un espaldarazo de especial relevancia en este un momento convulso de su política migratoria, cuya última polémica, la separación de niños y padres indocumentados, le ha llevado a tener que rectificar su doctrina de tolerancia cero en la frontera. “Esta decisión supone también un momento de reivindicación especial después de meses de comentarios histéricos de los medios de comunicación y de políticos demócratas que rechazan hacer lo que se necesita para asegurar nuestra frontera y nuestro país”, dijo el presidente en su comunicado.

El Supremo considera que el veto migratorio no vulnera la primera enmienda de la Constitución, que impide al Gobierno favorecer a una religión frente a otra, y ratifica el poder presidencial a la hora de decidir quién entra en EE UU. Durante la campaña electoral, como candidato, el propio Trump había dado argumentos a los detractores de este veto al afirmar que había que prohibir la entrada al país de “los musulmanes” -citados de forma genérica- para reducir los riesgos del terrorismo islamista.

El juez encargado de escribir la opinión mayoritario de los jueces, John Roberts, recalcó que la resolución no aborda la solidez o congruencia de la política promovida en sí por el veto, sino que considera que la suspensión de la entrada de un extranjero al país supone un acto legítimo de “la autoridad ejecutiva” que podría haber sido “adoptado por cualquier otro presidente”.

En la victoria judicial de Trump ha resultado clave la mayoría conservadora del Supremo, asegurada en 2017 después de que el presidente republicano, ya instalado en la Casa Blanca, nominase a Neil Gorsuch. Este jurista relevó a Antonin Scalia, el juez fallecido en febrero de 2016, cuando todavía faltaba casi un año para que Obama dejara la presidencia. Los republicanos bloquearon en el Congreso la nominación del juez Merrick Garland, propuesta por Barack Obama, y dejaron el campo libre para que un futuro presidente republicano pudiera elegir al nuevo juez del Supremo.

La división se hizo palpable este martes, con la disensión de los cuatro jueces considerados progresistas (Sonia Sotomayor, Stephen Breyer, Ruth Bader Ginsburg y Elena Kagan) . Sotomayor, que emitió la opinión discrepante, insistió en el “ánimo antimusulmán” de la proclamación presidencial y comparó esta decisión del Supremo con la que en 1944 -en el caso conocido como Korematsu contra EE UU- dio por buena la detención de japoneses-americanos durante la Segunda Guerra Mundial.

El argumento de la Administración estribaba en que la decisión no atendía a la religión, sino al peligro para la seguridad nacional, la fiabilidad de los pasaportes o la fluidez en el intercambio de información sobre sospechas terroristas y antecedentes criminales, entre otros. Para las asociaciones de derechos civiles, sin embargo, supone una limitación desproporcionada, basada en prejuicios islamófobos y que a la postre afecta a más de 100 millones de personas.

El Supremo ya había dado oxígeno al veto migratorio de Trump antes de la resolución final. El pasado junio aceptó el caso y, mientras resolvía, levantó la suspensión temporal del grueso de aquella normativa. La conocida como tercera versión del veto, también paralizada por jueces de primera instancia, entró en vigor en diciembre por decisión del alto tribunal.

Fuente: elpaís

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