José Luis Hernández Garvi publica «Ocultismo y misterios esotéricos del franquismo» (Luciérnaga, 2017), una obra que se adentra en la faceta más oscura del antiguo jefe del Estado.

Inicios de la década de 1940. La misma época en la que Europa vivía atónita el cénit del nazismo. Ese fue el período en el que arribaron al yacimiento de Castiltierra (en Segovia) un grupo de expertos enviados desde la Alemania de Adolf Hitler con el objetivo de colaborar en las excavaciones de uno de los tesoros arqueológicos más grandes de nuestro país.

En principio solo buscaban participar en la extracción. Sin embargo, y debido a que las privaciones estrangulaban por entonces a la España de la posguerra, el falangista Julio Martínez Santa-Olalla (al frente de la «Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas») solicitó a los germanos que embalasen una buena cantidad de las piezas obtenidas y las estudiasen en su tierra natal. Dicho y hecho. Deseosos de aprovechar la oportunidad, cargaron todo y lo enviaron a Alemania bajo la promesa de devolverlo una vez que fuese analizado.

Sin embargo, la mayoría de aquellas fíbulas y objetos pertenecientes a enterramientos visigodos jamás regresaron a nuestro país. «Ante el avance aliado, las autoridades nazis tenían otros problemas de qué preocuparse y desatendieron las peticiones de los españoles. Finalmente fueron devueltas a España algunos huesos y restos humanos, pero la mayor parte del Tesoro de Castiltierra se encuentra actualmente disperso en varios museos alemanes», explica a ABC el escritor José Luis Hernández Garvi.

El controvertido devenir de las piezas arqueólogicas halladas en Castiltierra es solo uno de los temas que Hernández Garvi trata extensamente en su nuevo libro: «Ocultismo y misterios esotéricos del franquismo» (Luciérnaga, 2017). Una obra que analiza la que, a día de hoy, es una de las facetas más escondidas de Francisco Franco: su relación con el mundo esotérico. Aunque eso sí, con «rigor histórico» y siendo fiel «a los datos contrastados», como bien explica el autor a este diario.

La obra, a su vez, recorre los períodos más controvertidos del antiguo jefe del Estado: su traumática infancia, su tendencia a la soledad, su «baraka» (la suerte que, según él, le venía ofrecida desde el cielo) y -entre otras tantas cosas- su amor por las reliquias sagradas. Una afición que compartía con el mismísimo Felipe II.

Y todo ello, pasando por temas como la importancia del fenómeno de las caras de Bélmez para el franquismo, o los detalles esotéricos que esconde el Valle de los Caídos. «Esta megalómana obra funeraria está llena de detalles que en muchas ocasiones pasan desapercibidos para el visitante», explica Garvi a ABC. Entre los mismos destacan unas extrañas letras góticas similares a las usadas por los nazis («escondidas» a primera vista) y -entre otras tantas cosas- el deseo de Francisco Franco de que fueran cuatro gigantescas columnas elaboradas por el ingeniero del siglo XVI Juanelo Turriano las que adornasen la entrada al complejo.

1-¿Por qué no se ha estudiado a fondo hasta ahora esta faceta de su vida?

Porque no existe documentación privada ni archivos personales que nos ofrezcan rasgos inequívocos de su carácter, de la misma forma que su verdadera personalidad sigue siendo un gran secreto que ha permanecido encerrado entre los muros del Palacio de El Pardo.

Los historiadores e investigadores carecen por tanto de una base documental fiable para aclarar definitivamente aquellos aspectos más oscuros del personaje, cuáles eran sus ambiciones y qué había realmente detrás de cada de sus decisiones. A lo largo de su vida tampoco se puede hablar de que Franco tuviera verdaderos amigos, aunque si hombres de confianza, como es el caso del almirante Carrero Blanco, con los que compartió confidencias de salón. Sus pensamientos más íntimos se los reservó para el ámbito familiar.

En relación con esto último, aquellos aspectos de su biografía relacionados con el ocultismo o con los misterios esotéricos, tema que trato en los diferentes capítulos de mi libro, han permanecido en una confusa nebulosa en la que pocos se han atrevido a entrar ante el riesgo de ser acusados de divulgadores de rumores o leyendas urbanas. Lo que he pretendido con mi obra es arrojar un poco de luz sobre este tema tan polémico, por supuesto sin abandonar el rigor histórico y la fidelidad a los datos contrastados.

2-¿Cómo es posible que no tuviera amigos o confidentes?

Franco fue un niño introvertido, rasgo que se acentuó durante su juventud, etapas de su vida que no fueron precisamente felices. Despreciado por un padre tiránico, que lo avasallaba constantemente y le consideraba un “canijo” incapaz de llegar a ningún lado, se refugió en su madre, una mujer devota humillada por los constantes escándalos de faldas que protagonizaba su marido. Su delgadez, baja estatura, y voz atiplada, tampoco le ayudaron a integrarse fácilmente con otros niños, desarrollando una serie de complejos que derivaron en una falta de empatía hacia los demás.

Convertido en un joven solitario, no logró adaptarse al ambiente de camaradería que existía en la Academia de Infantería de Toledo donde ingresó como cadete. De esa forma “Paquito”, sobrenombre despectivo por el que era conocido entre sus compañeros, se transformó en una especie de bicho raro que rehusaba el trato con los demás.

Cuando se convirtió en oficial, rechazó cómodos destinos en la Península y prefirió viajar hasta el Norte de África, decidido a luchar contra los rifeños levantados en armas. Al contrario de lo que hacían sus compañeros oficiales, que se olvidaban de la guerra compartiendo juergas interminables, Franco apenas salía durante los permisos, rehuyendo el contacto con sus camaradas y prefiriendo quedarse en el cuartel leyendo novelas de aventuras y también opúsculos políticos de ideología reaccionaria. A veces le gustaba pasear en solitario y perderse entre las callejas de los zocos locales para empaparse de exotismo norteafricano.

Encerrado en sí mismo, sus complejos y el resentimiento hacia los demás le hicieron albergar un creciente deseo: convertirse en un personaje que gracias a sus méritos en combate fuera admirado por todos, un héroe reconocido y famoso por sus hazañas, ganándose el respeto que hasta entonces se le había negado.

3-¿Creía que la «baraka» le venía dada por Dios?

En la tradición musulmana, que a su vez bebe de fuentes que se pierden en la noche de los tiempos, el concepto de “baraka” tiene el significado de una especie de don que se concede a los elegidos para llevar a cabo la obra de Dios en la tierra. En este sentido, estoy seguro que Franco, influido por la trascendencia mesiánica del concepto, transmitido por los soldados indígenas que tenía bajo su mando, tuvo en algún momento de esa etapa de su vida la revelación que le llevó a pensar que había sido bendecido por la “baraka” divina.

Su convencimiento se reafirmó con ocasión de un suceso que a punto estuvo de costarle la vida. En 1916 Franco resultó gravemente herido en el transcurso de los combates por la toma de una colina. Desahuciado por los sanitarios y médicos de campaña que lo atendieron en un primer momento, sobrevivió milagrosamente a una herida de bala que era considerada mortal de necesidad. Después de permanecer convaleciente durante varios meses se reincorporó a su unidad. Cuando los soldados marroquíes le vieron aparecer, demacrado y extremadamente delgado, creyeron estar en presencia de un renacido que había regresado de entre los muertos.

Desde un primer momento Franco creyó que su salvación se había debido a la intervención divina. Convencido de que estaba rodeado de un aura sobrenatural otorgada por la “baraka “ que le protegía, el joven oficial debió sentirse como un elegido al que Dios tenía reservado una misión trascendente, aunque entonces Franco no supiera identificar de qué naturaleza. Este rasgo de personalidad mesiánica y megalómana ha sido compartido por muchos dictadores a lo largo de la historia.

4-¿Existen otros episodios tan claros de «baraka»?

En el sentido amplio del concepto podemos encontrar varios episodios a lo largo de su vida, en especial durante la Guerra Civil. Tomemos un ejemplo conocido. Al principio de la contienda, el bando sublevado necesitaba las tropas del Ejército de África, las más profesionales y curtidas con las que contaba, para continuar con su ofensiva en la Península. Sin embargo, el cruce del Estrecho de Gibraltar estaba amenazado por la poderosa flota de guerra que se había mantenido fiel a la República. El que llegaría a ser conocido posteriormente como Convoy de la Victoria se organizó en un intento desesperado por transportar las tropas a pesar del peligro.

Pocos mandos sublevados, por no decir ninguno, apostaron por el éxito de la misión. Durante los preparativos, Franco sí se mostró convencido de que alcanzarían su objetivo. Cuando las tropas llegaron a la Península sin sufrir bajas, el general presentó aquel éxito como una victoria obtenida gracias a la intermediación divina, que ejecutaba sus designios a través de su intercesión, creencia que se encargó de difundir posteriormente la propaganda del régimen.

Los sucesivos accidentes aéreos que costaron la vida a José Sanjurjo Emilio Mola, únicos militares que podían disputarle el poder, también fueron interpretados por Franco como señales de la voluntad divina, que de esa forma despejaba el camino para que pudiera alcanzar sus más altas ambiciones.

5-Cuando logró ese «objetivo final», Franco comenzó a rodearse de objetos de culto y reliquias. ¿Por qué?

Se puede decir que desde su ascenso al poder. En cierto sentido también los consideraba como objetos de poder, amuletos que le podía proteger contra las fuerzas del mal, identificadas con aquellos que no pensaban como él y buscaban la destrucción de España, idea de estado que durante el franquismo se identificó con su persona.

6-¿Cuál fue la más reseñable?

Sin duda, una de las más conocidas fue la mano de Santa Teresa, religiosa elevada por el franquismo a la categoría de “Santa de la Raza”. La reliquia permaneció en el despacho de Franco hasta su muerte, presidiendo muchas de sus decisiones como Jefe del Estado. Expoliada por las fuerzas republicanas, la recuperación de la mano de la santa, cubierta por un valioso relicario, fue presentada por la propaganda franquista con aire de leyenda heroica, detalle que entra en contacto directo con muchas de las antiguas tradiciones cristianas, difundidas por toda la geografía española, que narran la aparición de misteriosos objetos sagrados o de tallas de imágenes religiosas.

Tras la muerte de Franco, la mano de la santa fue devuelta a su congregación. Sin embargo, al relicario se le había añadido un adorno que no pasó desapercibido: alrededor de la muñeca estaba engastada la Cruz Laureada de San Fernando, la más alta condecoración militar de las Fuerzas Armadas españolas, concedida a Franco por sus compañeros generales al término de la Guerra Civil.

Dentro de esta categoría de objetos sagrados, o si lo prefieren de objetos de poder, estaría la que es conocida como Espada de la Victoria, entregada a Franco como símbolo de su triunfo contra las fuerzas de la República. Presente en muchos actos de la liturgia religiosa castrense de los años de la posguerra, la existencia de esta espada y su significado simbólico entra en contacto con otras tradiciones antiquísimas y legendarias. Dentro de nuestras fronteras parece clara su conexión con “Tizona”, la espada del Cid Campeador, otro de los héroes ensalzados por el régimen franquista. Tampoco podemos evitar relacionarla con Excalibur, el mítico filo del rey Arturo que le confirió su autoridad sobre caballeros y súbditos.

7-Hitler también era un amante de las reliquias…

Así es. Son bien conocidos, gracias en muchos aspectos a su difusión por parte de la cultura popular, los esfuerzos emprendidos por los más altos representantes del régimen nazi para encontrar objetos mágicos de poder que pudieran hacer invencibles a los ejércitos del Tercer Reich. Este deseo les llevó incluso hasta la España de posguerra.

En 1940, Heinrich Himmler realizó una visita oficial a España. El objetivo oficial de su viaje era coordinar los detalles de seguridad que debían adoptarse durante la entrevista que pocos días después iban mantenerHitler y Franco en Hendaya. Después de pasar por Madrid, Himmler viajó hasta Barcelona, con el único deseo de visitar el monasterio de Montserrat, donde algunas teorías elucubradas por las mentes calenturientas de teóricos del ocultismo nazi habían situado el Santo Grial.

En un momento determinado de su visita al monasterio, el jefe de las siniestras SS preguntó a los monjes que le acompañaban durante su recorrido dónde se encontraba la mítica reliquia que supuestamente ellos custodiaban. Sorprendidos por la pregunta, los monjes le contestaron que allí no estaba. Himmler era un hombre maleducado poco acostumbrado a que le llevasen la contraria, por lo que respondió airado, “todo el mundo en Alemania sabe que el Grial se encuentra aquí”. Ante su insistencia, los monjes negaron que fuera cierto, respuesta que le hizo torcer el gesto y dar por terminada la visita.

De regreso en Barcelona se llevó otra desagradable sorpresa cuando descubrió que le habían robado su cartera personal de la suite que ocupaba en el hotel Ritz. Algunas teorías, que pueden calificarse de leyendas urbanas, señalan como autores del robo a los miembros de una supuesta y misteriosa sociedad secreta que velaría por mantener el secreto de la existencia del Santo Grial. Otras, más rigurosas desde el punto de vista histórico, apuntan a una posible intervención de los servicios secretos británicos, que de esa forma se habrían apoderado de una valiosa información sobre los planes que podría albergar Heinrich Himmler.

8-¿Tuvo Franco alguna relación con la «Ahnenerbe»?

El directamente no, pero si la tuvieron algunos personajes del régimen, sobre todo durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, cuando parecía que los ejércitos de Hitler eran invencibles. Uno de los más destacados fue Julio Martínez Santa-Olalla, arqueólogo formado en Alemania que había sido nombrado al frente de la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas. Falangista y declarado germanófilo, Santa-Olalla defendía el origen celta del pueblo español y menospreciaba la influencia de los íberos, teoría un tanto forzada que buscaba hallar pruebas de un hipotético pasado ancestral ario de nuestro país. Por eso no es de extrañar que cuando Himmler visitó España, las autoridades franquistas pensasen en él como la persona idónea para acompañar a tan ilustre invitado.

En los años siguientes, Santa-Olalla mantuvo intensos contactos con la famosa Ahnenerbe, la Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana fundada por los nazis, con la intención de crear una institución gemela en España que habría perseguido rescatar del olvido ese supuesto pasado ario de nuestras raíces hispanas, ideas descabelladas en las que tan solo creía él. De haber existido, la Ahnenerbe española se habría encargado de definir los rasgos de esa “raza” que encarnaría los más altos principios del ideario franquista.

Sin embargo, el cambio del curso de la Segunda Guerra Mundial enfrió los contactos con la Alemania nazi y se terminó abandonando un proyecto que nunca pasó de los delirantes sueños del responsable de la Comisaría General de Excavaciones. Denostado por el mundo académico, la carrera científica de Santa-Olaya cayó en el ostracismo.

9-¿Volvieron los nazis en alguna ocasión a España?

Durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, la presencia nazi en España resultó evidente, gozando de la protección de un amplio sector del régimen. Personal de la Ahnenerbe siguió mostrando un especial interés por los importantes yacimientos arqueológicos de época visigoda que había en la Península. Considerados como un pueblo ario, las huellas del pasado visigodo llamaron poderosamente su atención.

Santa-Olalla siempre se encargó de recibir a sus invitados como merecían. Así, escogió el yacimiento de la necrópolis visigótica de Castiltierra como el lugar ideal donde exponer sus teorías ante una selecta audiencia, entre ellos el propio Himmler. En el término municipal de esta localidad segoviana se habían realizado algunas excavaciones que en los años treinta habían sacado a la luz un auténtico tesoro arqueológico. Cuidadoso con los detalles, Santa-Olalla se encargó de preparar una escenografía acorde con sus ilustres invitados. Para trabajar en el yacimiento se escogió a varios vecinos de los alrededores que tuvieran ojos claros y cabellos rubios, figurantes que debían contribuir a ofrecer una apropiada imagen aria. Sin embargo, la prevista visita de Himmler tuvo que suspenderse en el último momento debido al mal tiempo, para consternación del propio Santa-Olalla.

10-¿Entonces, los alemanes regresaron en 1941 a Castiltierra?

Debido a la falta de medios durante la posguerra, Santa-Olalla pidió la colaboración alemana para continuar con la excavación, solicitud que fue atendida. Hasta Alemania viajaron cajas repletas de valiosos objetos arqueológicos extraídos del yacimiento de Castiltierra, la mayoría sin catalogar, para su estudio y datación. Sin embargo, las circunstancias de la guerra demoraron su análisis sin que los científicos alemanes fijasen una fecha concreta para su devolución. Ante el avance aliado, las autoridades nazis tenían otros problemas en qué preocuparse, desatendiendo las peticiones de los españoles. Finalmente fueron devueltas a España algunas piezas, sobre todo huesos y restos humanos, mientras la mayor parte del Tesoro de Castiltierra se encuentra actualmente disperso en varios museos alemanes.

11-¿Qué tipo de piezas eran?

Fíbulas, hebillas de cinturones… Piezas de gran valor arqueológico presentes en los enterramientos visigodos.

12-¿Por qué no fueron devueltas?

Creo que nunca existió mala intención por parte alemana. Simplemente las piezas quedaron olvidadas. Se trata de un contencioso al que los responsables de cultura de los respectivos gobiernos nunca han concedido demasiada importancia durante todos estos años.

13-En su libro habla de las numerosas claves ocultistas que existen en el Valle de los Caídos, algunas similares a las nazis…

Todo el enorme complejo que abarca el complejo de esta megalómana obra funeraria está lleno de detalles que en muchas ocasiones pasan desapercibidos para el visitante, incluso para aquel que puede estar más habituado a buscar claves escondidas en los monumentos de nuestro pasado. Por poner un ejemplo, escondidas en el bosque circundante existen varias capillas, algunas hoy en día completamente derruidas, que marcan las estaciones de un Vía Crucis que termina justo debajo de la gran explanada que se extiende a la entrada principal del monumento. A los pies de las tres cruces podemos encontrar inscripciones en letras góticas que nos recuerdan poderosamente a la grafía utilizada por los nazis en sus ceremonias.

14-¿Tiene entonces el Valle de los Caídos muchas referencias ocultistas?

Así es. Una de las más sorprendentes es quizá la que encontramos en la carretera que conduce hasta el monumento, cerca de la entrada. Se trata de cuatro grandes columnas, colocadas por parejas a ambos lados de la carretera, sin ningún tipo de decoración ni inscripción. Se trata de los conocidos como “Juanelos”, llamados así porque su talla es atribuida a Juanelo Turriano, el ingeniero mecánico de origen italiano que en el siglo XVI diseñó un ingenio para subir el agua del Tajo a la ciudad de Toledo, y constructor del que es conocido como Hombre de Palo, el sorprendente autómata que recorría las estrechas calles de la antigua capital imperial pidiendo limosna.

No es la única referencia de carácter ocultista que existe en el monumento. Entre otras muchas, destacaría la del gran crucifijo que preside el Altar Mayor dentro de la cripta. La cruz fue tallada en el tronco de un enebro de los montes segovianos de Valsaín, árbol que fue escogido personalmente por Franco. La tradición hebrea y de las Sagradas Escrituras afirma que del fruto del enebro se puede extraer un brebaje que al que lo bebe le permite entrar en contacto directo con los ángeles, que cumplirán cualquier deseo que se les pida. ¿Otra coincidencia?

Fuente: ABC.

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