Tenían éxito profesional. Vivían entre lujos. Les encantaba la fiesta… Pocas parejas fueron tan fotografiadas durante los 90 como Johnny Depp (Kentucky, 1963) y Kate Moss (Londres, 1974). Depp era un rockero vocacional y estrella por casualidad de un Hollywood que adoraba su cacareado exotismo de ancestros indios. Moss era el emblema de lo que se llamó el heroine chic, la cabeza visible de la nueva generación que, con su extrema delgadez y su aspecto de llevar una vida nocturna poco saludable, quería desbancar a las Claudias, Cindys y Naomis de las pasarelas.

Cuando se conocieron, la carrera de Depp iba tan lanzada como deprimente resultaba su vida personal: el 21 de junio de 1993 su representante anunciaba el fin de su relación con la actriz Winona Ryder. Un amor que él creía tan eterno que hasta se lo había tatuado. Peor sería lo que ocurriría el 30 de octubre: su íntimo amigo River Phoenix moría, con 23 años, por sobredosis a las puertas del local The Viper Room, propiedad de Depp.

Fue entonces cuando Kate Moss apareció en la vida de Depp. Ella tenía 19 años, él 30. La leyenda cuenta que el flechazo surgió cuando ella entró en el Café Tabac, hogar de los ricos y famosos. Otros dicen que los presentó un amigo común. Es enero de 1994 y Depp ve en Moss su nueva Winona, con la que también le separa una década. Moss, además, es una invitación a huir de ese ambiente de Hollywood que ahoga al actor aspirante a músico, para escapar del funeral de la moribunda Generación X que supondrá la muerte de Kurt Cobain en abril de 1994.

Kate Moss es modelo, pero modelo británica. Y los artistas británicos, desde la época de Twiggy, sienten veneración por la profesión. Gracias a Moss, Depp conoce a las máximas estrellas del resurgir de la escena musical británica, el llamado brit pop, incluidos los malcarados hermanos Gallagher, de Oasis, para los que tocará, años más tarde, la guitarra en su tema Fade In-Out.

La nueva pareja son ricos, jóvenes, bellos y una bicoca para los paparazis, porque no tienen miedo e incluso se diría que les gusta dejarse ver acaramelados en público. A Moss, además, le encanta la fiesta lo mismo o más que a Depp, hasta el punto de que la apodaban The Tank (El Tanque), por su aguante con la cerveza. Normal que en el hombro en el que Johnny se había tatuado “Winona forever” (Winona para siempre) ahora se lee “Wino Forever” (Borracho para siempre)”… El alcohol corre por sus venas y por su epidermis: los tabloides británicos escriben que les gusta (literalmente) “bañarse en champán” y, siempre sutiles, hablan estos periódicos de su “romance cocainómano”

Pero todo lo que sube, baja. El 13 de septiembre de 1994, Kate y Johnny se encierran en la suite presidencial del hotel The Mark, en Manhattan, Nueva York. A altas horas de la noche, otro ilustre inquilino, ni más ni menos que Roger Daltrey, el cantante de The Who, llamaba a recepción para protestar por el ruido que hacían Johnny y Kate.

Quién lo ha visto y quién lo ve: el pionero en el arte de destrozar habitaciones, denunciando a uno de sus émulos. Tal vez avergonzado por ser un chivato, declara a la prensa: “En una escala del 1 al 10, a Johnny Depp y a Kate Moss le doy un uno a su habilidad para destrozar habitaciones. Tardaron un montón en hacerlo. The Who habrían hecho lo mismo en tan solo sesenta segundos”

Al día siguiente, la foto de Depp esposado y escoltado por la policía da la vuelta al mundo. En el informe policial se lee: “daños por valor de 10.000 dólares”, en una habitación que costaba 2.200 la noche. Su amigo, el director de cine John Waters, que le ha dirigido en Cry Baby, El Lágrima (1990), declara: “Johnny ha inventado el grunge. Está guapo esposado”. La revista People tituló su cobertura del suceso como “Demolition Man” (El Demoledor). Depp se convierte, oficialmente, en el chico rebelde de Hollywood. Y la pareja con Moss, en la más popular entre las celebrities. La pareja rompe en 1997, después de casi cuatro años de relación. En 1998, se dice que tienen un nuevo encuentro durante al Festival de Cannes: esta vez será Kate en solitario la que destroce la habitación del glamouroso Hotel de Cap, que le prohibirá la entrada de por vida.

Sus caminos se separan. Solo volverán a ser vistos juntos en 2013, en un vídeo de Paul McCartney, pero los fans los siguen soñando juntos. Internet, por ejemplo, está llena de nostálgicos de la pareja. Una cuenta de instagram (@kateandjohnny) se dedica a recopilar sus imágenes en saraos. No figura, claro está, la instantánea de ese día en que aquel muchacho que salía encorvado y con el gorro de lana verde encalado hasta las orejas, acabó en el calabozo por destrozar una habitación. Un escándalo menor con el que acababa de inventar el grunge… o eso dijeron.

Fuente: ELPAIS

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