¿Nos lavamos demasiado? Sobre todo no lo hacemos del todo bien

¿Siente tirantez o picor en la piel cuando sale de la ducha? No se extrañe, es más común de lo que cree. Cada vez hay más personas que acuden a las consultas médicas y dermatológicas alegando que tienen la piel sensible, explica Santiago Vidal Asensi, jefe del Servicio de Dermatología en el Hospital Central de la Defensa y director de Clínica Dermogalénica: “Aproximadamente el 50% de las mujeres y el 30% de los hombres se quejan de padecer picores, descamaciones o tiranteces”. ¿Nos lavamos demasiado? Es la pregunta del millón y la respuesta es que sí, pero sobre todo no lo hacemos del todo bien.

“La teoría de la higiene excesiva, y la alteración que provoca en el manto protector, se ha introducido en el debate científico en los últimos años y parece tener relación con los desequilibrios en el microbioma cutáneo —los gérmenes que habitan en nuestra piel de forma natural—, que a su vez están condicionados por el adecuado mantenimiento de la estructura de nuestra epidermis”.

Sí, nos hemos obsesionado con la limpieza y la desinfección y los expertos advierten de que la calidad y composición adulterada del agua corriente combinada con productos de higiene demasiado agresivos están detrás del deterioro progresivo del manto hidrolipídico, ese escudo protector de la epidermis formado por una mezcla de sebo y sudor al que no damos tregua.

Tranquililidad, no tiene que dejar de ducharse, la solución podría ser más sencilla de lo que piensa: poner un filtro en la ducha.

Cuanto más dura es el agua, peor es para su piel

“Comprobar en carne propia la calidad del agua es sencillo: si al salir de la ducha la piel se siente molesta y tirante, incluso, pica, es un síntoma claro de que no es tan inodora, insípida e incolora como debería”, comenta Mari Carmen Vallejos, farmacéutica y product manager de A-DERMA.

El principal villano que se cuela en su casa a través de las cañerías es la cal, y cuanto más tenga el agua más dura se considera. Y según la farmacéutica, esto puede desencadenar —además de los síntomas ya mencionados— “la aparición de enfermedades más severas como el eccema atópico (un tipo de dermatitis o inflamación de la piel) o agravar otras como la psoriasis”.

Algunos estudios, como el llevado a cabo por la facultad de Medicina de la Universidad de Sheffield y la Universidad de Notthingham en el Reino Unido para el gobierno británico, afirman que la combinación de la cal con el magnesio y los productos de higiene agresivos puede acarrear problemas serios para la piel y también el cabello.

Los efectos son visibles: el cabello teñido de cobrizo vira a fucsia y anaranjado

Como indica la investigación británica, si la epidermis se queja de las malas aguas, el cabello no se queda atrás, sobre todo cuando ha sufrido alguna transformación química, como una coloración. “Los rubios y pelirrojos son los que más se resienten, porque pierden brillo y elasticidad, se tornan ásperos al tacto, quebradizos y cambian de tono”, explica Françoise Blanchard, director técnico de Vegetalement Provence y especialista en coloración orgánica libre de tóxicos. “Sobre todo los cobrizos, que viran hacia fucsias y anaranjados que nada tienen que ver con el color original”.

La cal y los compuestos químicos que se usan en el proceso de potabilización, como el cloro, desequilibran el pH natural del bulbo piloso y la fibra capilar, añade Blanchard: “Perjudican seriamente la salud capilar produciendo —más allá del aspecto de la melena— problemas como hipersensibilidad del cuero cabelludo, caspa, grasa, alopecia, etcétera”.

Un aviso importante: uno de los problemas que generan las aguas duras es que los cosméticos de higiene prácticamente no hacen espuma y por eso tendemos a usar más cantidad de producto de la que precisamos (con el agravante de que los que generan más espuma tienen más conservantes). Este exceso se queda depositado sobre la epidermis, el cuero cabelludo y la fibra capilar, dejando la piel áspera y seca, y el cabello deshidratado y sin brillo.

Filtro sí, pero cuidado con el gel

De ahí que sean muchos los expertos que recomienden colocar un filtro específico en la ducha que elimine estas sustancias. “Puede ser beneficioso para personas con la piel frágil que después de la ducha experimenten problemas epidérmicos”, aclara la farmacéutica.

Eso sí, el filtro, tiene que ir asociado, como alega la experta, a geles de ducha que sean syndets —sin jabón— para proteger el manto hidrolipídico, con tensioactivos suaves que no irriten y con sustancias nutritivas e hidratantes que neutralicen el efecto del agua dura para que la piel esté protegida y suave después de la ducha.

Lo mismo para el cabello. Françoise Blanchard recomienda el uso de champús sin conservantes químicos y con ingredientes de origen vegetal, sin espumantes ni siliconas industriales, que limpien la fibra capilar sin dejar residuos.

El mejor cuesta 40 euros y dura hasta seis meses

A diferencia de los empleados para los grifos corrientes del hogar, los filtros para la ducha están diseñados para limpiar el agua que corre a altos volúmenes de presión y temperatura. Su funcionamiento es sencillo: es un mecanismo que se coloca en la alcachofa, en el mango, o en el grifo, que en su interior contiene un complejo de gránulos de diversos metales o sustancias que purifican el agua al atravesarlo.

Existen muchos tipos en el mercado, pero el más completo es el conocido como de fluxión de degradación cinética (KDF por sus siglas en inglés). Se trata de un producto de filtración de agua hecho con bronce de alta pureza. Fue desarrollado en 1984 y patentado por Don Heskett en 1987 y está compuesto de gránulos de latón con aleaciones del 45% de cinc y 55% de cobre.

Esta tecnología es capaz de eliminar cloro, sulfuro de hidrógeno, metales pesados, hierro, y reducir otros contaminantes inorgánicos, además de inhibir el crecimiento de algas, hongos y bacterias. Su precio ronda los 40 euros y duran entre dos y seis meses ¿Otros? El de carbón activo y el de vitamina C o ácido ascórbico, aunque no son tan eficaces porque no interactúan bien con el agua caliente y solo son capaces de eliminar el cloro, y no siempre al 100%. Eso sí, son más baratos, a partir de 15 euros.

No comments so far.

Be first to leave comment below.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *