Entretenimiento global

Editorial septiembre 23, 2018 HL 0

Las series se han convertido en un lenguaje global que comparten millones de personas en todo el mundo

Los folletines de Charles Dickens alcanzaron un éxito tan enorme en América que una muchedumbre esperaba en los puertos la llegada de los barcos de Inglaterra para hacerse con el nuevo capítulo de David Copperfield o La pequeña Dorrit, novelas que se publicaban por entregas en la prensa. Eso sí, el gran narrador británico estaba furioso con sus lectores del otro lado del Atlántico porque el pirateo estaba a la orden del día: muchos de sus libros se publicaban sin permiso. De hecho, fue uno de los primeros defensores de los derechos de autor modernos. Ha pasado un siglo y medio desde entonces, pero no parece que las cosas hayan cambiado mucho. Eso sí, las novelas han sido reemplazadas por series, que contribuyen a construir nuestra percepción del mundo desde la ficción, como lo hicieron los relatos de Dickens.

Juego de tronos se ha convertido esta semana en la serie que más premios Emmy ha recibido en la historia, pero su importancia no radica tanto en los galardones que ha logrado (47 en siete años), sino en el lugar que ocupa en la imaginación global. Pese a que rompió todas las normas de la narrativa tradicional —el posible protagonista podía morir asesinado a la primera de cambio—, se ha transformado junto al fútbol en una especie de esperanto, en un lenguaje que comparten millones de personas. Cuando el príncipe heredero saudí ordenó la detención de decenas de sus familiares, periódicos de todo el mundo titularon: “Juego de tronos, en Arabia Saudí”. Expresiones como una “Boda roja” o “Madre de dragones” son compartidas casi como lugares comunes en los cinco continentes.

Resulta apasionante contemplar en directo, semana a semana, cómo se construye un mito global. Y no se trata solo de los dragones y los caminantes blancos. La primera protesta contra el nuevo candidato al Tribunal Supremo de EE UU, Brett Kavanaugh, por su conservadurismo en asuntos relacionados con los derechos de las mujeres, tomó la forma de una serie: activistas vestidas como personajes de El cuento de la criada, de Margaret Atwood, le recibieron a su llegada al Senado. Sabían que era un lenguaje universal, que no necesitaba explicaciones.

En esta edad de oro de la televisión, similar a la que vivió Hollywood, las series se han convertido en un activo de enorme importancia. Con el éxito internacional de La casa de papel, España ha demostrado que puede jugar en la liga global de las pantallas. Precisamente por eso, Netflix ha decidido construir sus estudios europeos en Madrid. No se trata solo del llamado poder blando —la influencia cultural de un país en otros—, sino de poder económico directo, de la conquista de los Siete Reinos del entretenimiento.

Fuente: elpaís

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