Ante un embarazo, tiene gran relevancia qué comemos, cuánto dormimos, qué ejercicio físico hacemos… Pero, ¿qué papel juegan las emociones? Existe una estrecha relación entre el estado emocional de la madre durante la gestación y la vida uterina. Así, el estrés en el embarazo puede dificultar el desarrollo evolutivo del bebé.

Cuando estamos estresados, se pueden alterar los niveles de 6 tipos de hormonas: cortisol, glucagón, prolactina, testosterona, estrógenos y progesterona. Estas oscilaciones afectan a la embarazada, pero también al feto. Por eso, cuando las madres experimentan un estrés psicológico severo durante la gestación, el embarazo aumenta su riesgo.

Dificultades para el recién nacido

Las principales manifestaciones del estrés las podemos ver reflejadas en diferentes planos: fisiológico, físico e incluso, social. Se altera el sueño, el apetito (comer en exceso o falta de apetito) y aparecen dolores frecuentes de cabeza, tensión muscular, irascibilidad… Además, el sistema inmunitario se debilita, lo que aumenta las posibilidades de infección.

Prematuridad y bajo peso al nacer

Esto, a su vez, puede precipitar el parto, por lo que se incrementan tanto las probabilidades de tener un bebé prematuro (nacido antes de 37 semanas de embarazo) o con bajo peso al nacer (menos de 2,5 kilos). Estos últimos, junto los bebés pretérmino, tienen riesgo de padecer muchos problemas en la niñez. Por ejemplo, enfermedades frecuentes, problemas de crecimiento, distracción, hiperactividad y déficits en la coordinación motora.

Enfermedades respiratorias y defectos físicos

El estrés en el embarazo puede causar asma en el bebé y otro tipo de afecciones dermatológicas, según múltiples investigaciones. Entre ellas, el eccema atópico a lo largo de los primeros 8 meses de vida del recién nacido.

Por otro lado, entre las alteraciones físicas que pueden afectar al bebé, se encuentra la estenosis pilórica. Se trata de un estrechamiento del píloris, situado en la parte inferior del estómago, y que conecta con el intestino delgado. Esta enfermedad requiere de cirugía inmediata.

Actividad circulatoria

Hemos mencionado antes los tipos de hormonas que más influyen en nuestro organismo ante una situación especialmente estresante. Tras pasar al torrente sanguíneo, estas llegan a la placenta, que es la conexión vital del bebé con la madre durante meses. A su vez, este conjunto hormonal aumenta en exceso el ritmo cardíaco del niño.

Por tanto, cuantos menos eventos ansiosos y estresantes afronte la mujer de manera prolongada durante este período, mejor: de esta manera “bombardearemos” menos al pequeño con torrentes hormonales.

Aprendizaje e intelecto

Además, en concreto una de las hormonas, el cortisol, que actúa en los adultos para restablecer la homeostasis, puede causar serias dificultades en el futuro desarrollo del bebé. Se ha demostrado quecuanto mayor sea el nivel de la misma en el líquido amniótico, más bajo podrá ser su cociente intelectual en el futuro.

Aunque no es una enfermedad, tener un CI por debajo de la media puede afectar a la vida cotidiana del pequeño. Además de dificultades de aprendizaje, aumenta el riesgo de padecer déficit de atención o hiperactividad. Asociado a esto, puede que le cueste más de resolver problemas de forma planificada y estratégica o de inhibir tendencias espontáneas.

Con cautela, pero sin alarmarse

Las alteraciones bruscas en el estado de ánimo o una ansiedad prolongada no son baladíes. Nuestro cuerpo nos avisa cuando llevamos días de mucha tensión acumulada. Sin descansar bien, con preocupaciones excesivas o sobrecarga laboral, académica o doméstica. Imaginemos ahora si a todos estos eventos estresantes les añadimos el tener un ser humano creciendo en nuestro interior. ¡Es imposible que esos cambios anímicos no le afecten!

No obstante, es importante señalar que, acontecimientos inesperados que en algún momento se nos presentan de manera imprevista, no son peligrosos. Por ejemplo, si a una embarazada le asusta el ladrido de un perro que no se espera, no hay peligro alguno para el feto.

Es el estrés -generado en situaciones que son importantes para nosotros porque implican algún tipo de amenaza, pérdida o daño- prolongado puede generar todo este tipo de alteraciones al bebé. Además, hay que tener en cuenta que las reacciones emocionales no son iguales en todas las mujeres. Por tanto, el estrés no las afecta tampoco de manera idéntica.

Cuidar el descanso, la autoexigencia, afrontar las situaciones con calma, comer sano o hacer ejercicio físico bajo supervisión médica. Todos ellos son magníficos aliados para evitar el estrés en el embarazo.

Fuente: La Mente es Maravilloso.

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