EditorialLo más importante en una relación entre países interesados en incrementar sus vínculos de manera potencial es la voluntad política de sus gobernantes.
Desde su arribo a la presidencia, en diciembre de 2012, Enrique Peña Nieto inició un giro en la política hacia Cuba. En 2013, México condonó el 70% de una deuda de 487 millones de dólares contraída años antes por el Gobierno cubano. 
A fines de enero de 2014, el mandatario mexicano realizó una visita oficial a Cuba luego de participar en la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que tuvo lugar en La Habana. En esta ocasión, fue recibido por Fidel Castro en su residencia, en la que conversaron en privado durante una hora. 
Poco antes de la reunión, Peña Nieto dijo en rueda de prensa que el encuentro buscaría un relanzamiento de la relación bilateral que “por un momento pareció pasar por un deterioro y que, nuevamente, queremos apoyar este proceso de relación económica y social con Cuba”. 
Después tuvo lugar en el Palacio de la Revolución la recepción presidida por el gobernante cubano, Raúl Castro, con motivo de la visita oficial de su homólogo mexicano y en la que se rindieron los honores propios a su rango. 
La visita oficial de Raúl Castro a México y que tiene como sede a Mérida, capital de Yucatán, culmina este sábado tras la firma de numerosos acuerdos en importantes esferas, entre ellas, el establecimiento de un diálogo político de alto nivel; lo relativo al flujo migratorio legal, seguro y ordenado y el combate a la trata de personas; el intercambio educativo y deportivo; así como la promoción de las inversiones mexicanas en Cuba. 
Respecto al tema migratorio, me gustaría señalar que aunque existen Acuerdos Migratorios entre Cuba y Estados Unidos para garantizar también una migración segura y ordenada, la llamada Ley de Ajuste Cubano, implantada en 1965 durante el gobierno del presidente Lyndon Johnson y aún vigente, concede asilo casi automático, entre otros beneficios, a cualquier cubano que arribe a territorio estadounidense por cualquier vía y sin importar los perjuicios para lograrlo. Práctica que no se aplica para ningún migrante de otro país.
Lo más importante, dijo Peña Nieto en sus palabras, luego de la suscripción de los documentos el viernes, “es que hemos refrendado el cariño, respeto y admiración de ambos pueblos”. 
Mientras Raúl, también en un emotivo discurso, resaltó que no sólo existe una cercanía geográfica y familiar, sino de carácter histórico, desde las luchas de la isla por su independencia, basados en sentimientos de amistad y solidaridad. “México es tierra que todos debemos amar como la nuestra”, repitió con José Martí. En un momento de su discurso, dijo sonriente, “en Yucatán resulta difícil distinguir si estamos en México o en Cuba”.
Los exitosos resultados iniciales de esta cumbre bilateral no estallan como un relámpago en cielo despejado, es el trabajo conjunto por rescatar la unión, identidad y hermandad de nuestros pueblos.

Pedro Díaz Arcia

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