Los hábitos de alimentación, actividad física, contención del estrés, entre otros, se insertan en el marco familiar desde edades tempranas

Este miércoles 14 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Diabetes. Esta conmemoración nació con el objetivo de tener un día anual en donde, además de las campañas que se realizan todo el año, se recuerde sobre la importancia en la prevención de esta enfermedad crónico degenerativa.

El tema de este año es Familia y diabetes; dentro de la prevención se pretende hacer hincapié en el rol fundamental del núcleo familiar como uno de los principales actores para prevenir la enfermedad. En este sentido, se considera que las personas evidentemente no somos islas, ya que es en nuestra familia donde adquirimos, en una primera instancia, algunos de los hábitos que formarán parte de nuestro estilo de vida.

En estudios de ciencias sociales, se sabe con certeza que la familia juega un rol decisivo en la forma en la que vemos el mundo, en la que nos conducimos, los valores que tenemos, pero también los hábitos y costumbres. A lo largo de nuestra vida, estos hábitos pueden moldearse o adaptarse a las circunstancias de vida que estemos viviendo, pero invariablemente queda un remanente de la forma en que crecimos. Cuando consideramos que la diabetes es una enfermedad relacionada con el estilo de vida, entendemos por qué la familia juega un rol central en la prevención. Los hábitos de alimentación, actividad física, contención del estrés, entre otros, se insertan en el marco familiar desde edades tempranas.

Por otro lado, se sabe también que cuando se diagnostica diabetes a una persona, la enfermedad no sólo tiene consecuencias a nivel fisiopatológico. El recibir una noticia de este tipo generalmente afecta a todo el núcleo familiar, pues, al final, se sabe que para que exista un buen control de la enfermedad es necesario realizar cambios al interior del estilo de vida de una familia. Cualquier cambio para un ser humano, es un hecho que cuesta trabajo. Para la familia, muchas veces existe estrés emocional para asumir la importancia del control de la enfermedad de uno de sus allegados.

Lo difícil de vivir con diabetes para algunos pacientes es sentir que sus familias los vigilan por un lado; por el otro, sentirse a merced de una enfermedad que no tiene cura. Si bien la diabetes no tiene cura, es un padecimiento que, con un buen control, permite vivir muchos años sin consecuencias graves. En este sentido, es necesario que además de la educación en diabetes, se consideren los factores emocionales y de estrés de la persona y de su medio familiar para la comprensión del abordaje de la enfermedad.

El hecho de que el tema del año sea la familia muestra que para el tratamiento de cualquier enfermedad, además de las alteraciones fisiopatológicas que conlleva, es necesario tener una comprensión profunda del medio sociocultural en la que se inserta. Una persona con diabetes, además de ser paciente, es eso: una persona que convive y mantiene vínculos afectivos con otras personas que también resultan afectadas con la enfermedad desde otro punto de vista.

Por otro lado, no sólo para la diabetes, sino para la prevención de situaciones problemáticas en muchos otros sentidos, recordemos que el núcleo familiar resulta fundamental en la forma en la que aprendemos desde etapas tempranas cómo funciona el mundo y qué significados les damos a esos funcionamientos. En el Día Mundial de la Diabetes, consideremos, pues, que el medio sociocultural es uno de los grandes factores determinantes del éxito o fracaso de ciertos tratamientos.

Fuente: eleconomista

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