Patrizia Reggiani, que ordenó el asesinato de su marido, lleva años enfrentada con sus hijas y ahora su madre quiere inhabilitarla.

La historia de la familia Gucci está aderezada con demasiados elementos propios de la ficción más rebuscada. Personajes excéntricos, conspiraciones, un asesinato, una viuda negra detrás del crimen, giros inesperados, luchas intestinas, venganzas y una herencia multimillonaria en el ojo del huracán son solo algunos de ellos. Y todo envuelto en el halo de glamur que solo una de las firmas de moda más vendidas del mundo puede darle. Desde hace años existe una guerra sin cuartel por la fortuna de Maurizio Gucci entre su viuda y ordenante de su muerte, Patrizia Reggiani; y las dos hijas del matrimonio. Pero ahora ha entrado en el juego la madre de la conocida como La viuda negra de Italia, quien con 90 años quiere inhabilitar a su hija, de 69. Este es el último capítulo de un serial que no deja de sorprender en el país.

La desconcertante historia de la familia Gucci comienza el 27 de marzo de 1995 con el asesinato en Milán de Maurizio, nieto y heredero del fundador de la casa de moda, Guccio Gucci. Cuatro disparos por la espalda acabaron con su vidaa las puertas de su casa en la capital de la moda italiana. Dos años después, se descubrió que su exesposa Patrizia, uno de los personajes más excéntricos de la crónica social italiana, había contratado a un sicario para que apretara el gatillo. La pareja se casó en 1973 y, tras 12 años de relación, él la abandonó por una mujer más joven (le dijo que se iba en un viaje de negocios del que nunca volvería). Aunque no firmaron el divorcio hasta 1991.

En 1998, Patrizia Reggiani fue condenada a 26 años de prisión por su muerte. En 2011 se le propuso la libertad condicional a cambio de trabajos sociales, pero, en un alarde de su extravagante carácter, la rechazó, alegando que nunca había trabajado, tampoco pensaba hacerlo y que prefería la vida en la cárcel, cuidando de sus plantas y de un hurón que se agenció como mascota entre rejas. Finalmente, salió en libertad de la prisión de San Vittore de Milán en 2013. El año pasado, cuando casi nadie recordaba el escándalo, el caso sufrió un viraje inesperado. Un tribunal concedía a La viuda negra de Italia una compensación de un millón de euros al año de manera vitalicia de la herencia de su exmarido, en virtud del acuerdo de separación que habían firmado cuando terminaron su relación. Entonces decidieron que Patrizia recibiría un millón anual, de por vida. Además, le corresponderían otros 25 millones atrasados que no llegó a cobrar. La justicia italiana consideró que haber ordenado su asesinato no es un motivo válido para ignorar los acuerdos que habían firmado ambos anteriormente.

Pero de momento la viuda no ha podido estrenar su fortuna porque el caso continúa en los tribunales. Sus dos hijas, Allegra y Alessandra, que son las actuales administradoras del patrimonio Gucci y las que deberían entregarle el dinero, recurrieron la sentencia, alegando que su madre había ordenado asesinar a su padre y aún esperan un veredicto definitivo. La relación entre madre e hijas ha pasado por diferentes estadios a lo largo de los años. En un primer momento las dos hermanas la defendieron a ultranza. “Basta con verla, parece un pajarito… pobrecita, ha sido víctima de una extorsión, ella no ha hecho nada, decían en televisión entonces. Ahora, con este cambio de versión, parece haber solo dos posibles hipótesis: un intento de tutelar y proteger a su progenitora o una guerra abierta por el dinero.

Además, se ha sumado otra protagonista a la intrincada trama: la madre de Patrizia Reggiani. Silvana Barbero tiene 90 años, vive con ella y la ha citado en los tribunales para inhabilitarla y nombrar a un administrador que gestione los bienes que espera heredar. Las dos mujeres se han enfrascado en una dantesca contienda con declaraciones cruzadas en televisión. La madre la acusa de ser influenciable y alega un comportamiento extraño en los últimos meses. Dice que se está rodeando de malas compañías y teme que haya vuelto a la tesitura de hace casi tres décadas, cuando orquestó la muerte de Maurizio Gucci con la ayuda y bajo la manipulación de una vidente, según su versión. La singular Patrizia Reggiani, que acostumbraba a pasearse con un loro al hombro, siempre se ha declarado “no culpable del asesinato y culpable de haber elegido las compañías equivocadas”.

Otra muerte sospechosa

Recientemente, la madre explicaba sus temores en una entrevista telefónica en el programa de la Rai Storie italiane. “Es una cruz que llevo conmigo, esperaba que todo hubiera terminado”, contaba Barbero. En la misma transmisión, la hija se defendía y decía estar “escandalizada” por las declaraciones y la actitud de su progenitora. “No soy influenciable, habría que escuchar lo que dicen de mí las personas que he encontrado en Saint Victor Residence —así llama a la prisión en la que cumplió condena— porque han estado conmigo 18 años, han hecho un recorrido conmigo”.

Para más inri, madre e hija ya fueron sospechosas del asesinato del marido de una y padrastro de la otra, Fernando Reggiani, en la década de los años setenta. El hijo adoptivo del fallecido las acusó de envenenarlo cuando estaba gravemente enfermo para evitar que cambiara su testamento. Veinte años después, ambas fueron absueltas de ese caso.

Fuente: El País.

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