Ciudad de México.– En la crisis de 1994, el gobierno mexicano vio con horror cómo el peso se desplomaba y la economía se deterioró ante sus ojos por un repentino cambio en la política monetaria de Estados Unidos. ¿Suena familiar?, cuestiona el Financial Times.

Hace 21 años, México vivió un año de horrores. El 1 de enero, la rebelión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas estalló, al mismo tiempo que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN). Ese fue el inicio de una cadena de zozobra que encontró su desenlace la noche del 19 de diciembre cuando el gobierno federal tomó la decisión de devaluar el peso, lo que ocasionó un colapso financiero durante 1995.

La pérdida de capacidad adquisitiva para cubrir vestido, salud, educación y esparcimiento aumentó de 30 por ciento en 1994 a 46.9 por ciento en 1996.

Sin embargo, matiza el diario, a pesar de algunos paralelismos con las actuales y sombrías condiciones económicas globales, hay diferencias notables.

Por un lado, el sonido de succión del capital extranjero hacia el norte, una característica definitoria de la crisis de 1994, no se encuentra en el caso del mercado de bonos, afirma.

“Hasta el momento las participaciones extranjeras en los Bonos M han sido extremadamente resistentes”, dijo al diario británico Álvaro Vivanco, analista de América Latina de BBVA Securities en Nueva York. “Las personas que tienen Bonos M se comprometen con México en el largo plazo, y en todo caso, se han ido añadiendo cada vez que vemos una liquidación”.

La participación extranjera en los Bonos M ha aumentado un 17 por ciento desde hace un año, según datos del Banco de México (Banxico). Y en el segundo trimestre, México tuvo el quinto mayor incremento en la propiedad extranjera de bonos denominados en moneda local fuera de 15 mercados emergentes rastreados por el Bank of America Merrill Lynch, nueve de los cuales sufrieron descensos.

Las razones, de acuerdo con los analistas, son, en primer lugar, porque el mercado de deuda de México es más grande y más líquido que la mayoría de sus pares latinoamericanos, haciéndolo más accesible para los inversores internacionales.

Datos del Banco America Merrill Lynch muestran que las tenencias extranjeras representan el 60 por ciento del total del mercado, muy por encima de la siguiente más alta, Perú, donde es del 45 por ciento. Brasil y Colombia -con el 21 por ciento y 16 por ciento, respectivamente – están detrás.

En segundo lugar, continúa el FT, los fundamentos de la economía mexicana están muy intactos. El déficit por cuenta corriente es modesta, la inflación está por debajo del objetivo y el gobierno ha puesto en marcha medidas de austeridad fiscal para compensar la caída de los precios del crudo.

Además, Estados Unidos es el socio comercial más grande de México y una importante fuente de sus flujos de remesas, por lo que el fortalecimiento de la economía estadounidense y el mercado laboral deben crear más demanda de las exportaciones mexicanas y significar más dinero enviado a casa.

“Si nos fijamos en México desde un punto de vista macroeconómico, las cosas parecen estar bien”, afirma a la publicación especializada Ezequiel Aguirre, estratega de BofA Merrill Lynch. “Esta es una economía sin un aparente desequilibrio de la cuenta corriente y el gobierno tiene una política monetaria sólida sobre la inflación.”

Vivanco, de BBVA, reconoce que los compradores de Bonos M también deberían beneficiarse de un alza esperada en las tasas de interés en México con el fin de frenar cualquier posible volatilidad de la moneda en la estela del ampliamente anticipado ajuste monetario de los Estados Unidos.

“El banco central de México está tratando de defender los flujos en el extremo más largo de la curva”, dice.

Sin embargo, expone el texto, los bonos del Estado a corto plazo de México están menos en la gracia de los inversores extranjeros. El carry trade en pesos denominado ”Uridashi”, los bonos en moneda extranjera que se venden a los inversores minoristas japoneses, ha dejado de ser rentable este año. La inversión extranjera en Cetes, bonos denominados en pesos mexicanos a corto plazo, se ha reducido casi un 21 por ciento en el último año.

Aún así, los economistas están relativamente despreocupados por el riesgo de contagio más amplio. La participación extranjera en Cetes son un tercio del tamaño de la cuota de Bonos M extranjeros, lo que limita el potencial impacto de la volatilidad del mercado.

“Mientras que los Cetes han bajado, los Bonos M han estado proporcionando apoyo”, dice Ramón Aracena, economista jefe para América Latina del Instituto de Finanzas Internacionales. “La variable importante a tener en cuenta es que los clientes fieles no están abandonando los títulos en pesos”, concluyó para el diario epsecialista en finanzas.

EL FINANCIERO

No comments so far.

Be first to leave comment below.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *