La detención del Mister Universo Manuel Manchado evidencia cómo el tráfico de medicamentos, que mueve 1.500 millones de euros al año en España, elude la Justicia.

Manuel Manchado, Mister Universo 2003, camiseta de tirantes, mochila al hombro, cuerpo tatuado y abultado con anabolizantes, entraba el pasado miércoles por la mañana en su gimnasio de Leganés con cara de “fotos no, gracias”. Solo dos días antes había sido detenido en el marco de la Operación Reaparecer de la Policía Nacional junto a otras 28 personas. Le habían vuelto a pillar comerciando con medicamentos ilegales, hasta 62 tipos distintos que fabricaba con sus socios en tres laboratorios clandestinos ubicados en Madrid, Valencia y Málaga.

Su gimnasio, un garaje remodelado y adaptado para levantar hierros, lleva su propio nombre y se anuncia con fotos de gran tamaño suyas (y de todos sus músculos) a la entrada. Allí él es Dios, digan lo que digan la Policía y los jueces. Una especie de superhombre rodeado por un aura de impunidad: “Aquí sigue, ayudando a todo el mundo, no hace nada malo”, dice uno de los usuarios del local. Es el tipo al que todos (y todas) buscan con la mirada; y también con el ratón en sus páginas de Facebook o Instagram. El más admirado. El modelo a seguir. El asesor y el consejero. El reclamo.

Nada importa que ayer o hace diez años fuera detenido (operación Mazas de la Guardia Civil) y condenado por la Audiencia Nacional por comerciar productos ilegales entre sus clientes. “Apenas hay jurisprudencia en este asunto”, señala un investigador de la Policía. “Lo máximo que les puede caer son cuatro años, y suelen llegar a acuerdos de conformidad para rebajar las condenas y no ingresar en prisión”, señalan. “Algunas multas son irrisorias, de mil euros, cuando es un negocio que mueve muchísimo dinero, hasta el punto de rivalizarse con el narcotráfico el tercer puesto en tráfico de productos ilícitos, después del tráfico de armas y el de personas”, apunta el agente. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el tráfico de medicamentos ilegales mueve 1.500 millones de euros al año en España, 15.000 millones en Europa y 150.000 millones a escala mundial.

El estatus de Manuel Manchado (El Toro) y su reconocimiento en el mundo del culturismo fue detectado por un veterano comercial y también viejo conocido de la Policía, Paco Hernández, que en esta ocasión ha vuelto a ser detenido con él. Hernández, que gestionaba con su familia un laboratorio clandestino en Galapagar (Madrid), es considerado el cerebro de esta organización, que también contaba con una rama internacional en Holanda, donde un ciudadano holandés —ya detenido— se encargaba de alojar y redireccionar si era necesario la página web en la que anunciaban impunemente sus productos marca “Spartan”. Todo un compendió de sustancias cuyo principio activo compraban en China por toneladas —hay 100 kilos de producto procedente de ese país paralizados en el aeropuerto de Barajas en el marco de esta última operación—  y que procesaban y distribuían desde esos laboratorios.

“Desde que se implantó la receta médica ya no se podía ir a la farmacia a pedir cualquier cosa para ponerse grande, y comenzó todo un mercado negro de productos que ha encontrado en Internet su principal canal de comercialización e impunidad”, explican los agentes, que se enfrentan a una legislación débil, que ni tan siquiera penaliza el consumo por lo que se ven obligados a demostrar la existencia de “almacenamiento con intención de tráfico” para encajar el delito en los artículos 359 y siguientes del Código Penal.

Aunque Internet ofrece un amplio anonimato, los tres principales socios de esta red jamás hablaban por teléfono de temas concretos porque sabían que podían estar siendo vigilados, “todas las remesas las pactaban de manera presencial y era el propio Hernández el que llevaba las cajas con el producto a los gimnasios”, aseguran los investigadores. Su pareja y sus dos hijas (menores) eran las encargadas de preparar la mayor parte de las cinco millones de dosis de medicamentos ilegales que han sido intervenidos: “Hacían 800 cajas de producto diarias”, concreta el investigador.

Incluso llegaron a hacer cajas falsificadas de Winstrol (stanozolol) con marca Bayer o Sandoz que encargaban en China y que ellos solo montaban, les ponían las pegatinas correspondientes (también falsificadas) y le introducían el producto (pastillas, polvos o inyectables) que ahora la Policía va a analizar. “Con toda seguridad, y por lo ya incautado en otras operaciones, son sobredosis de testosterona, superiores a las que se prescriben legalmente”, explica el agente. En 2017 la Policía realizó 11 operaciones de este tipo y desmanteló cinco laboratorios. Y en lo que va de año han llevado a cabo tres y destapado cuatro laboratorios clandestinos.

Los “ciclos”, como se conoce a los periodos en los que se están hormonando, implican todo un cóctel de medicamentos, puesto que unos son para evitar los efectos secundarios de otros. “Si toman testosterona artificialmente su cuerpo deja de producirla naturalmente y por eso alternan dos tipos, para tratar de engañar a su organismo. Uno de los efectos más inmediatos es la bajada de la libido y la disfunción erectil, por eso toman viagra. Al activarse la producción de progesterona en su organismo deben tomar inhibidores (Esterasa) para evitar el crecimiento de las mamas o de los pezones…”. El bucle de medicamentos no parece tener fin el relato del agente.

“Nuestro producto es una puta mierda, yo paso de metérmelo”, aseguran los investigadores que comentaban algunos de los otros detenidos, pertenecientes a eslabones más bajos de la cadena comercial, en sus conversaciones telefónicas. Los investigadores han acreditado que los tres socios habían realizado una inversión de 250.000 euros en el negocio pero que podían obtener una rentabilidad de hasta 50 millones de euros. La investigación patrimonial de los implicados no ha hecho más que comenzar.

Fuente: El País.

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