El líder de Morena y el exgobernador de Zacatecas inician la reconciliación de las fuerzas progresistas de cara a las presidenciales del próximo año.

El líder de la izquierda mexicana, Andrés Manuel López Obrador, es odiado y querido a partes iguales. Para unos es un peligro que amenaza a México y para otros —unos pocos más, según las encuestas— es la única esperanza para las elecciones presidenciales del próximo año. Pero en lo que todos coinciden es en que no deja indiferente a nadie.

Algo parecido, a una escala más local, sucede con Ricardo Monreal, el delegado de Cuauhtémoc, un barrio de la ciudad de México con dimensiones de capital europea.

Juntos han sido uno de los matrimonios políticos más prolíficos y su divorcio ha sido la telenovela más seguida entre las familias de la izquierda en la capital mexicana. Hasta hace tres meses, Monreal había sido un fiel escudero y eficaz operador de campaña de López Obrador.

Sin embargo, no fue el elegido en unas extrañas encuestas internas para ser candidato del partido de este, Morena, a jefe de Gobierno de la Ciudad de México y el distanciamiento se convirtió en enfrentamiento, al que ambos pusieron fin este sábado durante una charla de cerca de una hora y media.

Para cerrar las heridas han contado tres circunstancias con más gramos de cálculo político que de épica y lealtad.

La primera es que Claudia Sheinbaum, la preferida de López Obrador para convertirse en jefa de gobierno de la capital mexicana en 2018 y uno de los puestos clave en el asalto al poder que prepara el tabasqueño, ha quedado tocada políticamente tras el terremoto.

El sismo del 19 de septiembre reveló que la escuela Rébsamen, ubicada en Tlalpan, donde ella es delegada y en la que fallecieron cerca de una veintena de niños, no contaba con informes de seguridad ni de protección y había sido modificada notablemente ante la indiferencia de la Administración que dirige.

“Ha quedado muy tocada y sabemos que el tema de la escuela le perseguirá de ahora en adelante”, reconocen ante este diario operadores de Morena cercanos a López Obrador.

Escuchando al Frente Ciudadano

La segunda tiene que ver con la indefinición del Frente Ciudadano, la alianza política entre el PRD (Partido de la Revolución Democrática) y la derecha del PAN (Acción Nacional) que hasta el momento no ha concretado su oferta para que Monreal sea su candidato.

 El propio Monreal considera que la presidenta del PRD, Alejandra Barrales, quiere aspirar a ese puesto dejándolo a él de lado.

Y el tercer motivo, tiene que ver con la capacidad de Monreal para ganar elecciones. En 2006 manejó con éxito la cuarta circunscripción electoral que abarca, entre otros lugares, Ciudad de México, Guerrero y Michoacán y en 2012 lo hizo a nivel nacional.

El exgobernador de Zacatecas es un gran operador político y conoce como nadie el terciopelo y las cloacas de unos comicios. A su experiencia recurrió durante las pasadas elecciones en el Estado de México, que finalmente perdió frente al poderoso PRI (Partido Revolucionario Institucional) que jugaba en casa.

Algo que ha complicado los contactos es que López Obrador prácticamente no utiliza teléfonos y la poca comunicación entre ambos ha sido a través de terceros. Monreal sigue enemistado con Martí Batres y Claudia Sheinbaum, los brazos políticos de López Obrador en la capital, pero el punto de inflexión se dio en una cena el pasado 25 de octubre entre Monreal y la histórica líder de la izquierda Ifigenia Martínez.

La activista hizo de intermediaria y poco después se pusieron en contacto, revelan fuentes cercanas a las partes.

Durante la reunión del sábado entre ambos, que Monreal definió como “franca, clara y sin simulaciones”, este escuchó por boca del tabasqueño las tres propuestas que hasta ahora le había hecho llegar a través de terceros para retenerlo en el partido: la Secretaría de Gobernación en caso de victoria, la coordinación de la campaña o la dirección de Morena, dijo a este periódico.

La reunión entre ambos, en un domicilio sin testigos, según Monreal, o en una camioneta entre Querétaro y San Luis, según otras fuentes, ha echado a andar la sociedad, aunque falta escuchar la embestida final del Frente que podría echarla al traste. “Estoy al 55% contra 45% a favor de continuar con Andrés Manuel. El viernes era de 60/40 en contra”, resumió Monreal a este periódico tras su encuentro.

Juntos podrían ser el Felipe González y Alfonso Guerra que llevo al Partido Socialista español al poder en 1982, pero separados podrían ser Manuel Zelaya y Xiomara Castro en Honduras, divorciados y alejados del poder.

Fuente: El País.

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