Nada garantiza el empleo en un futuro en el que cobrarán protagonismo profesiones que aún ni existen, pero las estadísticas confirman que los másteres son una eficaz herramienta para mejorar la empleabilidad.

Unas veces son la llave al empleo, y otras ayudan, y mucho, a dar un paso adelante en la carrera laboral. Realizar un máster es un requisito que diferencia a un candidato de otro a la hora de ser elegido para un puesto de trabajo. Se trata, además, de una utilísima herramienta para ascender en una compañía, reciclarse y crecer profesionalmente. Sin duda, estos programas aumentan la empleabilidad, y también los salarios. No son obligatorios, pero sí muy valorados por las empresas. Sobre todo en determinados sectores y cargos.

Ya nadie se atreve a afirmar que poseer un máster es una garantía al cien por cien para acceder al mercado laboral con éxito, como ocurría hace veinte años. Aunque diferentes informes apuntan en esa dirección o, por lo menos, demuestran que un postgrado de este tipo acelera el acceso al empleo e impulsa el desarrollo de una carrera. De hecho, en 2016, la tasa de desempleo entre los postgraduados se situó en el 5,01% frente al 11,5% de los universitarios que habían estudiado un grado, según el informe «La Empleabilidad de la Población Cualificada 2017», de EAE Business School.

También el barómetro de Empleabilidad y Empleo Universitario de la CRUE (la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas) aporta datos sobre cómo mejora un máster la empleabilidad de un estudiante: más del 50% de los magister obtienen el primer trabajo antes de los seis meses, incluso el 26% antes de los tres primeros meses. Y otro análisis de la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario de Cataluña, realizado en todas las universidades catalanas, demuestra que 9 de cada 10 titulados de máster trabajan antes de cumplirse dos años desde la finalización del curso, a tiempo completo (8 de cada 10) y con una media de ingresos mensuales de 2.176 euros.

Y es que el sueldo es otro elemento que mejora con la adquisición de un mayor nivel de conocimientos. La diferencia salarial entre empleados con formación de máster o postgrado puede ser hasta un 55% superior sobre quienes tienen estudios de nivel medio (Secundaria Obligatoria o similares) o de un 27% sobre titulados en Formación Profesional, como recoge el informe «Oferta y demanda de empleo en España 2016», realizado por Infoempleo y Spring Professional, la división de mandos intermedios y directivos del Grupo Adecco. «El máster no solo incrementa la empleabilidad de los estudiantes también ofrece más posibilidades de mejorar condiciones laborales: puede aumentar la retribución y la promoción dentro de la empresa», señala Pilar Herreros, vicerrectora de Estudios de la Universidad Complutense de Madrid.

El camino a la especialización

No obstante, que nadie se engañe, «el primer requisito que miran las compañías es tener experiencia y competencias en los puestos que requieren. Un máster hoy día no tiene un retorno directo, sino a medio y largo plazo. Son importantes para actualizarse, para cambiar, pero no es lo más determinante a la hora de buscar trabajo, aunque ayuda mucho», advierte Carlos Abelló, manager de Spring Professional.

Lo que sí hay que tener en cuenta es que precisamente un máster puede proporcionar esas capacidades que solicitan las compañías. «La especialización es uno de los requisitos más valorados por las empresas, hay que ser bueno en tu campo y para ello has de especilizarte. Salvo en algunos casos, generalmente de grados marcadamente técnicos, solo los másteres te pueden ofrecer esa especialización», afirma Pilar Herreros.

Pero no solo se trata de especialización o de adquirir más y mejores conocimientos, estos programas posgrados aportan lo que se conoce como «competencias blandas». En el caso de cargos de responsabilidad, «te enseña a pensar como un directivo, a tener un visión directa sobre qué decisiones puedes o no tomar, a pensar en conjunto lo que necesita la compañía», dice Abelló. Para el resto de los profesionales, «un máster permite ver que una persona tiene constancia, sentido de la responsabilidad, capacidad de esfuerzo y compromiso… algo muy necesario en el mundo empresarial», sostiene Rubén González, director de Política y Planificación Academica de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

Desde luego, estos programas parecen muy necesarios por el escenario laboral que dibujan Jorge M. Martínez yMartín Martín-González, director técnico e investigador, respectivamente, de la Cátedra Unesco de Gestión y Política Universitaria y miembros de la dirección del Observatorio de Empleabilidad y Empleo Universitarios. Ambos expertos explican dos fenómenos: «La demanda de trabajo cualificado es baja —afirman—. De esta forma, muchas veces los titulados de máster están accediendo a empleos para los que están sobrecualificados y al mismo tiempo aumenta las dificultades de obtener un empleo de aquellos que tienen menor nivel educativo. Asimismo, conforme aumenta el número de titulados de máster hay más competencia para obtener un puesto y, de esta forma, tener un máster se vuelve casi imprescindible para hacerse un hueco en el mercado laboral». Aún así solo el 10% los jóvenes españoles realiza un máster frente al 23% de la OCDE y el 21% de la UE.

Si bien solo dos de cada diez ofertas de empleo piden entre sus requisitos formación de postgrado, eso cambia cuando se demandan titulados universitarios.Entonces el porcentaje se dispara: el 39,2% entidades valoraban muy positivamente a los magíster, según el informe de Infoempleo.

Claro que todo dependen del sector y del cargo que se ocupe en la compañía. Hay que tener en cuenta que existen máster habilitantes, los que por su naturaleza o incluso imperativo legal son necesarios para ejercer una profesión como determinadas ingenierías, abogacía, arquitectura… Y otros que aportan especialización y capacitación en competencias claves demandadas por la empresa. Los que más valoran que un candidato cuente con formación de posgrado son las compañías de asesoría jurídica, internet, consultoría, asesoramiento e investigación. Y en especial para cargos intermedios y directivos. En estos casos, triunfan principalmente los programas que doten de conocmientos de dirección y gestión.

A la vista está que la oferta de máster no ha hecho más que crecer en número y en variedad en los últimos años. Varios factores han influido en ello. El Plan Bolonia cambio todo. De las licenciaturas de 5 años se pasó a grados de 4 años que se completan con un año más de especialización en un máster. «La formación en grado es suficiente y de calidad, pero según la normativa europea, debe tener carácter generalista por lo que el plan de estudios no puede, ni debe, abarcar todas y cada una de las especialidades que existen. De ahí que se haga necesaria la realización de másteres y cursos de formación continua», explica la vicerrectora de la Complutense.

Relación universidad y empresa

Los cambios tecnológicos también obligan a dar respuestas rápidas de formación y atender así a los nuevos perfiles profesionales que necesitan las empresas. Y el máster es la herramienta que tiene nuestro sistema educativo para ello. «Las tecnologías hacen que se modifiquen muy rápidamente los perfiles profesionales y eso obliga a las universidades a mantener permanentemente actualizada su oferta de estudios. Unos planes adaptados a las nuevas circunstancias sociales para que la formación de los estudiantes no pierda valor», cuenta la vicerrectora Herreros.

Hay otro factor que no puede pasar desapercibido, como explica Rubén González, de UNIR. «Es necesario que las universidades escuchen a las empresas —asegura— y crear nuevos títulos que respondan a sus necesidades. Los másteres son la manera que tienen el sistema de favorecer la empleabilidad de los estudiantes y de dar respuesta a los requerimientos de las compañías».

Para los estudiantes estos programas suponen pensar a otro nivel, subir un peldaño más en el conocimiento, y también en el proceso de madurez. Como explican Jorge M. Martínez yMartín Martín-González, «el máster es un entorno completamente diferente al Grado no solo en cuanto a contenidos también en las metodologías docentes y en las dinámicas de aprendizaje y socialización que se producen entre quienes estudian un máster. Una mayor edad, con un nivel superior de madurez e, incluso, la posibilidad de llevar ya una trayectoria laboral, son condicionantes del aprendizaje y su posterior traslación al mundo del trabajo. En muchos casos, el aula del máster se convierte en un espacio para encontrar soluciones a los problemas que encontramos en el trabajo». El primer paso, por tanto, para entrar en el mercado laboral.

Fuente: ABC.

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