1439152902_509994_1439153471_noticia_normalLa sombra de Michael Phelps se prolongó desde San Antonio, en Texas, donde se celebran los campeonatos nacionales estadounidenses, hasta flotar sobre Tartaristán, el rincón de la Rusia central donde ayer concluyeron los Mundiales de Natación en la ciudad de Kazán. Las fulgurantes marcas que el mejor nadador de todos los tiempos logró este fin de semana en 200 y 100 mariposa, sus pruebas fetiche, tuvieron tal impacto que oscurecieron a todas las estrellas masculinas reunidas en la piscina del estadio del Rubin. Solo las mujeres rindieron completamente a la audiencia en unos campeonatos que solían generar mejores resultados en el año preolímpico.

Los equipos destacaron más que los individuos en Kazán. El estadounidense Ryan Lochte se mostró más pesado que en otras ocasiones porque tiene 31 años y emergía después de dos años de inactividad; el potentísimo británico Adam Peaty porque su récord en 50 braza no tiene relevancia olímpica; el retador Chad le Clos porque fue incapaz de imponerse al crepuscular Cseh en los 200 mariposa; y el chino Sun Yang porque empañó su prestigio renunciando a nadar la final de los 1.500 sin previo aviso, en un bochornoso episodio de cierre de jornada para un torneo que la FINA y el anfitrión organizaron con solvencia.

Paltrinieri gana el 1.500 y Sun Yang no se presenta

Gregorio Paltrinieri es el nuevo rey del 1.500. El italiano ganó el oro con 14m 39,67s (nuevo récord europeo). Lo hizo sin poder competir contra su máximo rival, el doble campeón del mundo y plusmarquista mundial Sun Yang. Sun (tercer tiempo en las series) se borró de la final a última hora. “En el calentamiento se notó incómodo, le dolía el pecho y le comunicamos a la FINA que no iba a salir”, explicó el director técnico de la Federación china. A Sun, sentado a su lado, no le dejaron hablar.

Ninguna actuación masculina sobrecogió tanto a los excursionistas como las resonancias de las hazañas de Phelps en Texas. Había demasiados ingredientes en contra del nadador norteamericano como para que sus obras no adquirieran un trasfondo épico. Si su tiempo en 200 mariposa, 1m 53,94s, está a cuatro décimas de su marca en los Juegos de Londres, donde consiguió la plata, los 50,45s en 100 constituyen la segunda mejor marca de siempre con bañador textil, solo cinco centésimas por encima del tiempo de Ian Crocker en su legendaria actuación de los Mundiales de Montreal, en 2005. Con 30 años, después de dos temporadas sin apenas entrenar, y compitiendo contra sí mismo en una piscina a la que nadie habría prestado atención de no haber sido por él, el logro de Phelps merece el asombro general.

Phelps no estuvo en Rusia porque su propia federación lo sancionó para predicar con el ejemplo, Frank Busch, técnico universitario de leyenda y actual director de los equipos de USA Swimming, ofreció un discurso de puritano emocionado, ayer en Kazán. “Cuando Michael se sometió a rehabilitación se convirtió en un hombre diferente”, dijo Busch, recordando que el campeón fue detenido hace un año por conducir borracho y luego se internó en una clínica que prometió curarle una presunta adicción al alcohol y al juego.

“Ha ordenado su vida”, prosiguió el técnico, “de modo que puede sentirse orgulloso de haber superado la adversidad para afrontar retos que le hagan sentirse bien como ser humano. Lo más importante es cómo ha cambiado su vida. Para mí tiene todo el crédito. Pasó las 48 horas más difíciles de su vida. Lo golpearon por todos lados. Y está motivado. No es cuestión de un día. No es solo un fenómeno del deporte. Ni un idiota que nada bien. Este tío es un hombre en una misión. Y su misión es transformar la natación en un deporte infinitamente más popular de lo que fue”.

La mística de Phelps, la gloria y el lado oscuro del héroe, dejaron en un segundo plano un torneo notable en muchos aspectos. China lideró el medallero culminando el cierre con una victoria en el relevo femenino de estilos que le valió el oro número 14 y un total de 34 medallas. Estados Unidos logró 12 oros y 28 medallas a pesar de bajar el nivel. Rusia se aferró a su equipo de sincronizada para situarse en tercer puesto con 9 oros y por detrás destacó el fantástico trabajo de Gran Bretaña con 14 medallas, la mayor cosecha de su historia en un gran campeonato de natación.

EL PAIS

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