Después de pasar por el quirófano en febrero para reparar el codo, el serbio, ya en octavos, ha ampliado su repertorio de servicios. “Ahora debo alternar”, explica. “Varía constantemente”, atestigua Bautista

En París hubo este miércoles noticia, concentrada en tres segundos: uno por cada hachazo que dio Novak Djokovic a la arena de la pista Suzanne Lenglen, cuando estaba a punto de ceder un set contra Roberto Bautista. En ese lapso mínimo de tiempo volvió el antiguo Nole, el originario, al que le hervía la sangre y le ardían los ojos; el que no regalaba nada, ni un céntimo, cuando estaba sobre la pista y de lo que se trataba era de vencer o vencer, sin otra opción. Fueron tres segundos de puro Djokovic. Furia: ¡Zasca, zasca, zasca! Y la herramienta reventada. El serbio terminó entregando esa manga en el tie-break, pero no así el partido. Ganó (6-4, 6-7, 7-6 y 6-2, en 3h 48m), accedió a los octavos (contra Fernando Verdasco, este 7-6, 6-2 y 6-4 a Grigor Dimitrov) y volvió a enviar señales positivas: el dragón durmiente despertó. Es decir, el fuego interior no ha desaparecido del todo.

“Algunas veces las emociones sacan lo peor o lo mejor de ti. A lo largo de mi carrera, algunas situaciones como esta me han ayudado a liberarme de la presión y otras no… De todos modos, no estoy orgulloso de ello. No me gusta hacer esto, pero a veces ocurre”, explicó después ante los periodistas. “Ningún tenista debe hacer eso, porque debemos ser un ejemplo, pero hay veces que pierdes el control. A Novak se la ha ido la piña un poco…”, continuó Bautista, tremendo mérito el suyo porque compitió en París solo una semana después de que falleciera su madre. “Él lo está intentando a muerte, pero esto no es cuestión de hacer un clic y ya está: soy de nuevo Novak, el mismo de antes. No. Esto cuesta mucho y él está mejorando”, sentenció el castellonense, de 30 años.

Pese a las malas maneras, ese arrebato supone una maravillosa novedad para el tenis. Lentamente, Djokovic parece ir reconduciéndose hacia su vieja versión y el aficionado lo agradece, porque su regreso definitivo le aportaría muchísima pimienta al circuito. Como en los viejos tiempos, jugó y gesticuló con intensidad, y despistó a Bautista con un abanico de servicios que tiene un sentido físico. Después de medio año en el dique seco, como consecuencia de una lesión en el codo que le obligó a pasar por el quirófano en febrero —porque reapareció en el Open de Australia pero el dolor no remitía—, Nole decidió variar la mecánica del saque para no dañar la articulación.

Y el resultado es una fotografía con nuevos matices: distintas posturas, distintas rotaciones, distintos grados de elevación del codo. Maniobras de más o menos recorrido (tendiendo siempre a esto último) y, por lo tanto, menos agresivas. “Debo alternar”, explicó hace unos días el 22 del mundo. “Cambié de raqueta y llevé a cabo algunas modificaciones. Comencé a explorar nuevas técnicas, diferentes movimientos. Si analizas mis partidos desde Melbourne o Indian Wells hasta aquí te darás cuenta de que estoy haciendo tres tipos de servicios. Es algo en lo que estoy trabajando con mi equipo. A veces me siento bien y otras no tanto, pero es cuestión de coger ritmo y confianza para llegar a estar lo más cómodo posible”, expresó el ganador de 12 grandes.

Cambios de velocidades, efectos y direcciones

“Varía constantemente”, atestiguó Bautista. “No es para nada repetitivo y crea muchas dificultades al restador porque va variando velocidades, efectos y direcciones durante todo el partido. Cuesta descifrarlo, porque va cambiando todo el rato el gesto, aunque con Novak siempre ha costado”, agregó el español, que ayer encajó 10 aces, planteando una dura resistencia de principio a fin. “He estado a un buen nivel y he competido de tú a tú, pero cuando juegas contra alguien como él y tienes la oportunidad, o la coges o es muy difícil que tengas otra. Estás fuera. Desgraciadamente, el partido se ha definido en tres o cuatro puntos y he tenido mis opciones”, lamentó el de Castellón, despedido por el serbio con un fuerte abrazo y condolencias.

“Roberto nunca te va a regalar una victoria. Contra él siempre tienes que merecértela. Me gusta Roberto. Es un buen chico y siempre nos hemos llevado muy bien dentro del tour. Nos tenemos toneladas de respeto y aprecio, y he tratado de transmitirle todo mi apoyo. Son momentos difíciles para él y su familia”, expuso con elegancia Nole, un caballero como la copa de un pino. “En mi opinión, las opiniones no son controlables”, cerró este viernes. “Puedes observarlas e intentar adquirir una habilidad para evitar que te conduzcan a situaciones comprometidas, pero no se pueden controlar. Si conocéis a alguien que se capaz de hacerlo, decídmelo y hablaré con él”, concluyó con una sonrisa que se extendió por toda la sala.

Alexander Zverev, al borde del ‘ko’

Por la mañana abrió la central el alemán Alexander Zverev, uno de los jugadores que teóricamente le deberían poner espinas a Rafael Nadal. Sin embargo, el de Hamburgo sufrió de lo lindo en su pulso contra Damir Dzumhur, que lo tuvo contra las cuerdas. El bosnio desaprovechó una bola de partido y luego, después de 3h 54m, lo pagó: 6-2, 3-6, 4-6, 7-6 y 7-5. No obstante, al igual que en la ronda previa contra Dusan Lajovic, Zverev volvió a irse a cinco mangas y esta vez cometió 73 errores no forzados, además de entregar ocho veces el saque. Deberá mejorar ostensiblemente ante Lucas Pouille o Karen Khachanov, cuyo partido fue interrumpido por la lluvia.

Quien no pasó apuros fue Fernando Verdasco, un clásico de los octavos en París. El madrileño superó a Grigor Dimitrov, alérgico a la tierra batida, por 7-6, 6-2 y 6-4 (en 2h 21m). Se filtró de esta forma por séptima vez en la cuarta parada del grande francés. Camino de los 35 años, todavía no renuncia a conseguir un trofeo del máximo caché. “Me gustaría conseguir cualquier título importante a nivel individual, porque ya tengo tres Copas Davis, y mi gran sueño es un Grand Slam o un Masters 1.000. Puede ser que no lo consiga, pero quiero darlo todo”, afirmó el 35 de la ATP.

Fuente: elpaís

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