“Las poblaciones y comunidades de crustáceos (langostas, cangrejos y camarones), en particular en ecosistemas críticos como los arrecifes coralinos y otros sistemas costeros, están siendo afectadas de manera negativa por factores tales como el cambio climático, la propagación de enfermedades, la sobre pesca y la degradación de los hábitats”, advirtió la doctora Patricia D. Briones Fourzán, investigadora titular del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la UNAM, adscrita a la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales (UASA) en Puerto Morelos.

La responsable del Laboratorio de Ecología de Crustáceos explicó que estos se encuentran entre los organismos más diversos y abundantes en todos los sistemas marinos, en los cuales, juegan un papel importante en casi todas las tramas tróficas marinas.

Indicó que además de su importancia ecológica en los ecosistemas que habitan, diversas especies de crustáceos, como el grupo de las langostas marinas, constituyen recursos pesqueros de gran relevancia a nivel mundial.

Durante la entrevista, la doctora Briones Fourzán, quien entre noviembre de 1995 y febrero de 2001, fue jefa de la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales (UASA), recordó que el Laboratorio de Ecología de Crustáceos se creó junto con la UASA en 1982, y el interés se dio debido a la escasez de estudios sobre langostas en particular y crustáceos en general en el Caribe mexicano, después de haber realizado estudios sobre langostas en el Pacífico.

En ese sentido, mostró físicamente parte del importante trabajo que realizan en coordinación con el también investigador titular, doctor Enrique Lozano Álvarez, y los técnicos académicos Cecilia Barradas Ortiz y Fernando Negrete Soto dentro de dicho laboratorio, lo que les ha permitido conocer las condiciones y comportamientos de las diversas especies de langostas que hay en la región durante los últimos años. En los diversos proyectos de investigación participan, además, estudiantes de licenciatura, posgrado y postdoctorado, coadyuvando así a la formación de nuevos especialistas.

Destacó que la investigación que se realiza en el laboratorio tiene dos vertientes principales, que son la ecología poblacional y la comunitaria.

A nivel poblacional -explicó- nos interesa investigar, para determinadas especies de crustáceos, su dinámica reproductiva, patrones de movimiento, su ecología alimentaria, ecología química, ecología conductual, ecología de enfermedades, y sus relaciones con competidores, depredadores y presas, así como los factores que pueden desacoplar la abundancia de sus fases pelágicas (larvas y post larvas) y bénticas (juveniles y adultos).

“En este tipo de estudios utilizamos en gran medida a las langostas espinosas como organismo modelo, porque estos crustáceos alcanzan un gran tamaño, son muy longevos, resistentes y fáciles de mantener en condiciones artificiales. Además, las langostas están entre los principales invertebrados depredadores en sistemas arrecifales coralinos del mundo y representan recursos pesqueros de gran valor a nivel mundial”.

En tanto que el caso de la ecología comunitaria, dijo que el interés es conocer los factores y procesos que afectan la distribución, riqueza y abundancia de las comunidades de crustáceos (y otros invertebrados) en los diversos ambientes que componen los sistemas arrecifales coralinos, así como, su relación con el resto de la biota arrecifal.

Por ejemplo, señaló que es importante investigar cómo están siendo afectadas las comunidades de crustáceos en los ambientes costeros por la degradación de los hábitats debida al desarrollo costero desmedido y a los recientes arribazones de sargazo.

“Hace alrededor de 20 años hicimos un amplio estudio sobre la comunidad de crustáceos de los pastizales marinos en Puerto Morelos, y esa información va a resultar ahora muy valiosa para investigar cómo está siendo impactada esta comunidad por la llamada marea marrón del sargazo, que es producida por la descomposición de las toneladas de sargazo flotante que llegan a la costa y que alteran, entre otras cosas, la penetración de la luz, la concentración de oxígeno y el pH en las praderas marinas”, sostuvo.

Enfermedad de la langosta del Caribe

En ese sentido, la investigadora destacó que uno sus proyectos de investigación que llevan a cabo aborda los parásitos y enfermedades de la langosta del Caribe, Panulirus argus.

Esta especie de langosta es la de mayor importancia comercial a nivel mundial porque es la que más se pesca e incluso, en Quintana Roo, es uno de los recursos pesqueros de más valor.

“Esta especie era en general poco afectada por parásitos y organismos patógenos, pero eso ha venido cambiando en las últimas dos décadas. Hoy en día es afectada por un virus llamado Panulirus argus virus 1 (PaV1), que ataca principalmente a las langostas juveniles, en las que resulta letal”, declaró.

Dijo que las langostas también son infectadas por las cercarias (tipo de larva) de un tremátodo parásito. Dentro de la langosta, las cercarias se enquistan en sus músculos, convirtiéndose en metacercarias (juvenil del tremátodo), hasta que la langosta es consumida por una tortuga caguama, Caretta caretta, especie en la cual, los tremátodos maduran sexualmente y se reproducen.
En ese sentido, la doctora Patricia D. Briones Fourzán dejó en claro que esta enfermedad ataca únicamente a esta especie de langosta del Caribe y que por ningún motivo afecta al ser humano que la consume.

“Las langostas del Caribe se mueven mucho y pueden ocupar muchos tipos de hábitats, tales como manglares costeros, pastizales marinos, arrecifes coralinos, hasta fondos marinos a unos 80 metros de profundidad y en ese sentido, nuestros estudios pretenden, por un lado, desentrañar los efectos relativos del tamaño de las langostas, el tipo de hábitat y las comunidades que contienen los distintos hábitats, en la probabilidad que tienen las langostas de estar infectadas por estos parásitos, y por otro lado, determinar cómo afecta cada uno de estos parásitos a las langostas infectadas”, insistió.

Relató que en el caso del virus, “hemos detectado una mayor probabilidad de infección en langostas pequeñas y en hábitats de pastizal marino, por lo que una de nuestras hipótesis es que los pastizales son reservorios del virus porque los protegen contra los efectos dañinos de la radiación ultravioleta”.

No obstante, la entrevistada mencionó que esta enfermedad hace muchos años que se detectó, y a lo largo de ese tiempo se han podido efectuar diversos estudios; por ello, ahora se sabe que el virus ataca células de la sangre y de otros órganos, como el hepatopáncreas, las branquias, el corazón, etcétera., en las langostas que infectan, y destacó que actualmente, junto con investigadores del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) de la Unidad de Mérida, Yucatán, están viendo cómo las afecta a nivel molecular (proteómica y metabolómica).

“En el caso del tremátodo, hemos detectado una mayor probabilidad de infección en langostas adultas, pero se desconoce cómo son afectadas las langostas por las metacercarias enquistadas. En otros animales, las metacercarias pueden tener efectos muy drásticos como, por ejemplo, modificar el comportamiento del hospedero para que se exponga más a ser depredado y así el parásito pueda completar su ciclo de vida”, indicó.

Y agregó: “pero por lo general, los efectos son más sutiles, afectando características tales como la tasa de crecimiento, la fecundidad, el comportamiento social, la condición nutricional, el desempeño natatorio, etcétera., de tal manera que se deben analizar muchas de estas características y compararlas entre langostas parasitadas y no parasitadas. Eso es lo que estamos haciendo ahorita”.

Cooperativas de Quintana Roo hacen pesca sustentable

En torno al tema de enfermedad viral que ataca a la langosta del Caribe, que es un recurso pesquero de gran relevancia a nivel mundial, la investigadora dejó en claro que en Quintana Roo, diversas cooperativas pesqueras aplican mecanismos para una captura sustentable, y muchos pescadores conocen bien cómo identificar al crustáceo cuando está enfermo.

“Ellos identifican cuando la langosta está enferma y aunque no afecta al ser humano que la consuma, saben que lo mejor es sacarla del agua e incinerarla, porque de lo contrario, al dejarla en el mar, podría seguir infectando a otras más y esto sí les afecta porque el producto se va reduciendo”, comentó.

Sin embargo, dentro de todo lo bueno de cómo actúan las cooperativas, la entrevistada lamentó que la vigilancia por parte de las autoridades competentes no resulte suficiente, porque mientras unos cuidan que exista una pesca sustentable del crustáceo, en algunos lugares se registra una desmedida actividad furtiva donde sacan productos sin importar la talla comercial y tampoco toman en cuenta si están enfermas o no.

Los arrecifes ya sufren a causa del cambio climático

En la amplia entrevista, la doctora Briones Fourzán mencionó que los arrecifes coralinos también están siendo degradados, tanto por el cambio climático global como por el desarrollo costero desmedido y la entrada de nutrientes a las aguas costeras por falta de plantas de tratamiento de aguas negras, y estas investigaciones las han hecho en Parque Nacional Arrecife de Puerto Morelos, particularmente en los arrecifes conocidos como Bonanza y Limones.

“Curiosamente, en un estudio reciente no encontramos diferencias importantes en la comunidad de crustáceos decápodos (camarones, cangrejos, langostas) entre esos dos arrecifes, que tienen niveles de degradación muy diferentes. Sin embargo, sí encontramos diferencias sustanciales en la heterogeneidad de sustratos y el uso de dichos sustratos por los crustáceos en estos arrecifes. Esto podría estar indicando lo que se conoce como ‘efectos sub-letales’ de la degradación del hábitat en algunas especies”, subrayó.

Ante todo lo anterior, seleccionaron dos especies de langostas, una de ellas generalista en términos de uso de tipos de hábitats, Panulirus argus, conocida como “langosta del Caribe”, y la otra especialista, Panulirus guttatus, llamada también “langosta pinta”, que es una especie que solo se encuentra en el hábitat de arrecife coralino, para hacer un análisis comparativo de su ecología trófica en estos dos arrecifes.

“Lo que encontramos fue que la ecología trófica de la langosta del Caribe no parece estar siendo afectada todavía por los niveles de degradación del hábitat arrecifal porque estas langostas, aunque vivan en el arrecife, pueden alimentarse tanto en el arrecife como en otros hábitats (pastizales marinos, lechos de algas, fondos duros someros). En cambio, la langosta pinta está siendo afectada porque esta especie solo puede vivir y alimentarse en el arrecife: su nivel trófico difirió entre los dos arrecifes, y su nicho trófico fue más reducido en el arrecife degradado. Entonces, la degradación de los arrecifes, ya está impactando de manera sub-letal a la Panulirus guttatus, pero de continuar dicha degradación (como está pronosticado), esta especie podría desaparecer, por lo menos a nivel local, porque no puede hacer un uso facultativo de otros hábitats”, advirtió.

Pero además, dijo que con esas condiciones, muchos otros crustáceos que son especialistas de hábitat, también podrían ya estar siendo afectados a nivel sub-letal por la degradación ambiental, lo que podría resultar en cambios a nivel comunitario en un futuro no muy lejano.

“El conocimiento que se genera en este laboratorio puede ser útil para desarrollar estrategias sólidas de explotación de crustáceos de importancia comercial, como las langostas, frente a situaciones tales como el cambio climático, así como para desarrollar estrategias de manejo que promuevan enfoques de manejo sostenible y de conservación de la biodiversidad en ecosistemas costeros frágiles como los sistemas arrecifales coralinos”, explicó la investigadora del ICMyL de la UNAM.

Fuente: PorEsto

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