Los científicos han descubierto que las colonias modifican según sus necesidades una parte de la larva que se creía sin función para crear insectos de defensa.

Al observar una fila de hormigas, llama la atención la diferencia de tamaños: las hay muy pequeñas, casi diminutas, al lado de otras que pueden triplicar el cuerpo de sus hermanas, pero que recorren el mismo camino. Lo más probable es que todas pertenezcan a la misma colmena y sean del tipo obrero, pero ¿cómo es posible que sean tan distintas si son de la misma especie?

Esta pregunta ha tenido intrigados a los científicos durante años, incluido el propio Charles Darwin, quien se cuestionó toda su teoría sobre la evolución por este hecho. Que algunas hormigas obreras, sobre todo las del género Pheidole -del que se conocen más de 1.000 especies distintas-, posean una gran cabeza acompañada de enormes mandíbulas no es casualidad, sino que ha sido la propia colmena quien las ha «creado» así para convertirlas en soldados. Esta teoría se desgrana de un estudio publicado en la revista «Nature» por científicos de la Universidad McGill (Canadá), que afirma que un órgano desarrollado por algunas larvas -que hasta ahora se consideraba «inútil»- tendría la culpa de que estas obreras fueran más grandes y aguerridas.
«Fue un descubrimiento completamente inesperado. La gente había notado que durante el desarrollo de las soldados, un órgano aparentemente inútil aparecía para luego desaparecer, pero asumieron que era solo un efecto secundario de las hormonas y la nutrición responsables de convertir larvas en soldados», explica Ehab Abouheif, autor principal del artículo perteneciente al departamento de Biología de McGill.
El germen de unas alas que no existen.
En concreto, ese órgano «inútil» es el disco imaginal de las alas (es decir, un saco de células epiteliales que poseen las larvas al final de su desarrollo y a partir del cual se formarán estos apéndices). Se creía que este era inservible, ya que las hormigas soldado no vuelan. Sin embargo, a través de diversas técnicas (quirúrgicas y moleculares) para cortar porciones de este órgano vestigial, descubrieron que podían influir en el tamaño de las futuras hormigas.
«(Este disco imaginal) no era un efecto secundario de las hormonas y la nutrición, sino que es el responsable de generar los soldados. Es su presencia efímera la que regula el tamaño de la cabeza y el cuerpo, haciéndolas crecer a un ritmo acelerado, que engendra estos soldados de cabeza grande con mandíbulas enormes y cuerpos más robustos», explica Abouheif.
Aprovechando esta circunstancia, la colonia en su conjunto es capaz de mantener el equilibrio entre soldados y obreras. Estudios anteriores demostraron que la proporción permanece constante en todas las colonias del género Pheidole, con una proporción de obreras del 90-95% al 5-10% de soldados. De hecho, las colmenas mantienen esta distribución al detener el crecimientodel disco imaginal con una feromona inhibitoria cuando hay demasiados soldados.
No obstante, la colonia puede aumentar el número de este tipo de insectos muy rápidamente si está bajo amenaza o si su número de soldados ha disminuido por alguna razón.

¿Otros órganos «inútiles» que no lo son tanto?

Basándose en el descubrimiento de sus equipos en las hormigas, Abouheif propone que los órganos vestigiales o rudimentarios -es decir, que se creía que habían perdido su función- pueden desempeñar un papel mucho más importante de lo que se había imaginado anteriormente en el desarrollo de los organismos.

«Hasta ahora, la gente ha asumido que estos órganos simplemente ofrecen evidencia de evolución y descendencia común, ignorando cualquier posible función actual. Ahora que sabemos el papel crucial desempeñado en las colonias de hormigas Pheidole por el disco de ala vestigial, significa que tendremos que volver atrás y observar otros órganos rudimentarios bajo la misma luz. ¿Quién sabe lo que los científicos descubrirán?», se pregunta el científico.

Fuente: ABC.

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