Los sismos han perdonado a la capital peruana por 273 años ¿Hasta cuándo?

Muchos peruanos recordamos la tarde del 15 de agosto de 2007 como un momento de terror, desesperación y pánico. Ninguno podría estar 100% preparado para lo que venía, principalmente porque casi todo el país no cuenta con la infraestructura adecuada para enfrentar un sismo. Aquel día, lo único que podíamos hacer era buscar una zona segura para evitar la muerte.

A diferencia de La Punta, en Callao; parte de los distritos de Lima están situados en la parte alta de un acantilado. Cuando la tierra comenzó a temblar, todos los que vivíamos en esa zona costera creímos que el acantilado se abriría bajo nuestros pies para dar paso al océano. Sin embargo, nosotros no estábamos viviendo lo peor, pues el epicentro del terremoto de 7.9 grados estaba a más de 200 kilómetros al sur de Lima, en Ica.

Las comunicaciones colapsaron como nunca antes. Estábamos incomunicados de las personas que amábamos, sin saber si estaban a salvo o no. El miedo nos invadía y la tierra seguía temblando. Se podían escuchar gritos por todos lados y voces suplicantes en las calles, mientras que el azul oscuro del cielo se iluminaba con luces desconocidas que impartían más terror. No era el fin del mundo, ni había llegado el apocalipsis, pero en ese momento creíamos que sí.

Esa fue mi primera experiencia con un terremoto. Los temblores ya los había conocido muy bien desde pequeña como cualquiera que vive en una zona altamente sísmica. Pero el terror hacia un terremoto asoma cuando sabemos que no hay escapatoria de su capacidad destructora. Una habilidad que solo se ve reforzada por la imprudencia y negligencia de los propios habitantes, en este caso de los mismos peruanos.

El precipitado mensaje del entonces presidente Alan García Pérez al negar la existencia de una catástrofe fue evidencia de la carente gestión de las autoridades en cuanto a prevención sísmica. Aquel día murieron más de 500 personas y tuvimos cerca de 2.300 heridos. Además, unas 76.000 casas quedaron inhabitables dejando 431.000 damnificados. Todas estas fueron pérdidas que pudieron evitarse. Una tragedia cuyas cicatrices aún pueden verse tras 12 años de lo ocurrido. Tal como menciona el historiador Antonio Zapata, lo que gobernó tras el sismo fue una auténtica carrera política para ver quién conseguía más poder y no existió consenso para alcanzar los objetivos de reconstrucción urbana.

El terremoto de 8 grados que ocurrió hace poco en Loreto (en la región amazónica peruana) no tuvo pérdidas exorbitantes “gracias” a la gran profundidad de su epicentro. Pero con esta “suerte” no podemos contar siempre, mucho menos en Lima, una ciudad donde el 70% de las viviendas son informales y construidas sin criterios que avalen su seguridad.

Los especialistas del Instituto Geofísico del Perú advierten del silencio sísmico que vive la capital peruana desde hace más de 270 años, una prueba de la existencia de gran cantidad de energía acumulada. Lima está condenada a los escombros, es una verdad que todo el Perú conoce, pero que nadie se atreve a enfrentar. No solo el cielo limeño es gris, su futuro también lo es: se estiman 35.000 millones de dólares en pérdidas si surge un sismo de 8.5 grados en la escala Richter .

Desde el terremoto el pasado 26 de mayo, se han registrado más de 30 sismos en todo el Perú, unos cuatro sismos por día en promedio. Si las investigaciones, la historia y las últimas noticias no han sido lo suficientemente claras para generar una reacción efectiva ¿Qué es lo que le espera a los más de 32 millones de peruanos? ¿Qué tanto valoramos nuestras vidas como para seguir pasando por alto la correcta supervisión del crecimiento urbano?

Ejemplos como el de Chile muestran que es posible renacer tras una tragedia. Recordemos que nuestro vecino sureño sufrió un terremoto de 8.8 hace casi una década, uno mucho más devastador que el de Ica y el de Loreto. Las pérdidas se estimaron con una equivalencia al 18% del PBI del país, contando además con los daños que dejó el posterior tsunami. La historia chilena podría haber sido tan triste como la peruana de no ser por el liderazgo político del entonces presidente Sebastián Piñera, una cualidad carente en el Perú.

Si sumamos lo anterior a la extraordinaria resiliencia del pueblo chileno, tenemos como resultado que en tan solo un año ya contaban con un crecimiento económico del 6% anual. En resumen, una correcta gestión, políticas innovadoras y la colaboración sin obstrucción de los partidos opositores hicieron posible la extraordinaria recuperación de Chile tras el desastre, de la cual incluso se escribió un libro ¿Realmente queremos seguir negando nuestra realidad? El país seguirá padeciendo sismos. Pero para que los daños de estos sean menos lamentables, es indispensable mirar nuestras carencias y empezar a gestionar una verdadera preparación para enfrentar nuestra propia naturaleza.

Fuente: ELPAIS

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