Morena defiende, ante la controversia, que el nacimiento del nuevo cuerpo de seguridad no profundiza la militarización del país

A menos de una semana de que López Obrador anunciara la creación de la Guardia Nacional, el Congreso mexicano ya ha empezado a despejarle el camino. Morena, que tiene mayoría en el Senado y la Cámara de Diputados, presentó este martes una iniciativa para reformar la Constitución y facilitar el encaje legal del nuevo cuerpo de seguridad. Esto, pese a la controversia que causó el anuncio del próximo presidente, que inaugurará su mandato el 1 de diciembre.

Aunque la creación de la Guardia Nacional era una posibilidad comentada hacía semanas, el anuncio de López Obrador dejó boquiabierto a más de uno. Sobre todo por los detalles. Lejos de integrarse a la nueva Secretaría de Seguridad Pública, la Guardia Nacional formará parte de las Fuerzas Armadas, junto al Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea. Su máximo responsable será el propio López Obrador, seguido de cerca por su secretario de Seguridad, Alfonso Durazo. Pero el mando operativo, el día a día, correrá a cargo del secretario de la Defensa, un militar.

A día de hoy se ignora qué implicaciones tendrá en la práctica la aparición de la Guardia Nacional. López Obrador dijo este martes que la Policía Federal desaparecerá poco a poco, y sus efectivos -unos 20.000-, se incorporarán a la nueva fuerza “si así lo quiere el Congreso”. Pero no explicó si la Federal desaparecerá cómo institución, si quedará en el limbo por un tiempo… Al fin y al cabo, las reformas que propone Morena plantean una revisión de la Guardia Nacional en tres años. Si por algún motivo el nuevo Gobierno decidiera echarse atrás, ¿podría revivir a la Federal?

Hasta ahora, el plan de seguridad del nuevo Gobierno genera todo tipo de dudas. Y ni siquiera los oficiales del partido son capaces de resolverlas. De momento, se esfuerzan en convencer de que la Guardia Nacional y el Ejército son -serán- distintos.

La creación de la Guardia sorprendió por las críticas dirigidas al Ejército y la Armada estos años, desde que Felipe Calderón, presidente de 2006 a 2012, les encargara el combate al crimen organizado al iniciar su mandato, un conflicto que aún se prolonga y que ha dejado más de 200.000 muertos y decenas de miles de desaparecidos. Desde 2006, los señalamientos en contra de las Fuerzas Armadas por tortura, ejecución y desaparición forzada se cuentan por decenas. El mismo López Obrador ha dicho en varias ocasiones que el Ejército debería volver a los cuarteles. Al escuchar su anuncio el jueves pasado, muchos no entendían qué había motivado su cambio de opinión.

Morena se escuda en que la Guardia Nacional no será como el Ejército. “Sus integrantes tendrán una formación diferente, de acuerdo con un plan de estudios elaborado conjuntamente por las secretarías de Defensa, Marina y Seguridad Pública”, decía este martes el diputado Mario Delgado, líder de Morena en la cámara baja. “Tendrán una formación que les permita trabajar en tareas de seguridad pública, con los mejores valores y disciplina del Ejército. Porque no hay cuerpo con mayor disciplina que el Ejército. En todo caso, no es profundizar en la militarización”, añadía el legislador, en una entrevista radiofónica con la periodista Carmen Aristegui.

En una entrevista con la revista Nexos, el académico Alejandro Madrazo, experto en políticas de seguridad, refuta el argumento formativo. “Tendría que ser un entrenamiento distinto… Y lo que se propone ahora es darles entrenamiento militar, el mismo entrenamiento de quienes ahora violan derechos. Lo mismo para el marco institucional: lo único que la Guardia Nacional va a tener de distinto del Ejército es el nombre (se homologa organización, rango, jerarquía, entrenamiento, etcétera)”.

Delgado, encargado de presentar la iniciativa en la Cámara de Diputados, insistía en que el mando de la Guardia Nacional recaerá exclusivamente en López Obrador. De cualquier manera, la desaparición de la Policía Federal y la integración de parte de sus efectivos en la Guardia Nacional inquieta a las organizaciones de la sociedad civil. El colectivo Seguridad sin Guerra, que lleva años criticando el modelo de seguridad del Estado mexicano, publicó una carta hace unos días en la que criticaba la creación de la Guardia Nacional. “Es momento de levantar nuestra voz en contra de una Guardia Nacional que dependa de los militares en México. 30 millones de personas votaron por la paz, no por más guerra. 12 años de guerra han sido suficientes”.

Y es que hay parte de las reformas que son directamente ambiguas y que dejan en el aire hasta dónde llegarían las atribuciones de la Guardia Nacional. Por ejemplo, la que refiere al carácter de auxiliares de la fiscalía: “Tratándose de conductas que presuntivamente puedan ser delitos del orden federal, la Guardia Nacional podrá actuar como auxiliar del Ministerio Público Federal, bajo su conducción y mando”.

O también la que elimina la obligación del presidente de la República a consultar al Senado sobre el uso de la Guardia.

Falta por ver ahora cuánto tiempo le costará a Morena aprobar las reformas. López Obrador ha jugueteado con la idea de abrir su presidencia con la Guardía Nacional ya en marcha. Raúl Mejía, experto en derecho constitucional, dice que no le parece posible que esto ocurra antes de final de año. “Primero”, explica, “tiene que aprobarla la Cámara de Diputados con una mayoría de dos tercios, luego el Senado lo mismo. Y después la tienen que mandar a los congresos de los estados. Cuando la aprueben los congresos de la mitad más uno estará hecho. Y no me parece posible que ocurra hasta el año que viene”.

Fuente: elpaís

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