Pese a la política de dos hijos, la natalidad ha vuelto a descender

Cuando James Chen y Subrina Huang se enteraron en 2015 que altos funcionarios del Partido Comunista de China habían decidido poner fin a la política de un solo hijo introducida en 1979 y permitir que todos los padres tuvieran un segundo hijo, consideraron con entusiasmo buscar el segundo.

“Pensamos que nos gustaría tener otro, yo quería un niño”, cuenta Chen, de 35 años, en una cafetería en Shanghái.

Pero cambiaron de parecer. La pareja ya gasta 20 mil yuanes (tres mil 172 dólares) al año en clases extracurriculares, incluyendo inglés y danza, en su hija de 6 años, y los costos se incrementan a medida que los niños avanzan en la escuela. Luego está el problema de la vivienda. “Con dos hijos, tendríamos que plantearnos comprar una nueva casa”, dice Huang, de 33 años, quien gana cinco mil yuanes al mes trabajando en una empresa que fabrica suelos. Ese es un panorama desalentador en una ciudad donde el costo de la propiedad es 91 veces el salario promedio después de impuestos, de acuerdo con Numbeo, un sitio web que compila datos del costo de la vida (en Nueva York, el múltiplo es 25.)

“Tener un bebé ya no es nada fácil, no puedo imaginar tener un segundo”, dice Chen, quien gana seis mil yuanes al mes como profesional de auditoría interna para Dell Inc.

Chen y Huang no están solos. El 5 de febrero en Beijing, Yang Wenzhuang, un funcionario de la Comisión Nacional de Salud y Planificación Familiar, dijo que alrededor del 80 por ciento de las parejas chinas refieren que las presiones financieras les impiden tener un segundo hijo. Aunque el número de recién nacidos aumentó 7.9 por ciento para alcanzar 17 millones 900 mil en 2016, el primer año que la política se relajó, retomó la tendencia a la baja el año pasado, reportando 630 mil nacimientos menos, según la Oficina Nacional de Estadísticas de China. “Por supuesto, cuando cambias la política, es posible que haya un repunte, pero eso no significa que sea sostenible”, dice Anke Schrader, investigadora del Conference Board China Center for Economics and Business, con sede en Beijing. En enero coescribió un informe titulado “La política de dos hijos no producirá un boom de natalidad”. Schrader lo resume así: “la carga financiera de criar hijos en China es demasiada en la actualidad”.

Eso es particularmente cierto en las ciudades de China, donde el 14.3 por ciento del gasto total de los hogares se destina a la educación de los hijos, según un estudio publicado por la Universidad de Beijing el año pasado. Considerando los altos precios de los apartamentos, no sorprende que las tasas de fertilidad en lugares como Beijing y Shanghái hayan caído por debajo de uno, quizás las más bajas del mundo, dice James Liang, autor de The Demographics of Innovation, un libro que analiza las implicaciones económicas del envejecimiento de la población china. Aunque la fertilidad es más alta en las zonas rurales, las mujeres en edad fértil de todo el país tuvieron un promedio de 1.6 hijos el año pasado, ligeramente por debajo de Rusia y semejante a la tasa de Canadá (Liang estima que la tasa en China comenzará a caer nuevamente luego de que se disipe el entusiasmo inicial por el cambio en la política).

“China enfrenta una crisis de natalidad”, afirma por otra parte Wei Siang Yu, médico y empresario singapurense que creó Fertility UFO, una serie de videos lanzada el 30 de enero en la que los médicos brindan consejos a las parejas que intentan concebir. Las últimas proyecciones del gobierno indican que la población del país alcanzará un máximo de mil 450 millones en torno al año 2030, y luego descenderá a mil millones al concluir el siglo.

El fracaso del gobierno para detonar una auténtica explosión de la natalidad preocupa en los círculos políticos. El 7 de febrero, el periódico estatal China Daily publicó un artículo que exponía: “Existe la creciente preocupación de que el país pueda experimentar una bomba de tiempo demográfica, porque en las próximas décadas es probable que el número de personas jóvenes caiga por debajo del número requerido para mantener un nivel óptimo de empleo”. La población en edad de trabajar de China, aquellos entre 16 y 59 años, es de 902 millones, según la Oficina Nacional de Estadísticas.

Pero ha estado disminuyendo desde 2012 y tuvo un descenso de cinco millones el año pasado. En la década que comienza en 2025, China registrará siete millones de jubilados por año. “Esto aumentará la presión sobre los programas de bienestar social, ya de por sí precarios e infrafinanciados”, advierte el informe del Conference Board. “Los trabajadores soportarán cargas importantes para sostener a sus padres y abuelos”.

La innovación y el espíritu empresarial también podrían verse afectados a medida que envejece la población activa de China, dice Liang, citando a Japón como un ejemplo de advertencia. No solo habrá menos jóvenes, que suelen tener un mayor apetito por el riesgo que sus mayores, sino que serán una minoría en el mundo laboral.

“En un país que envejece, (los empleados más jóvenes) generalmente tienen una posición más baja en la jerarquía de la empresa”, apunta Liang. “Tienen menos habilidades de gestión, menos recursos financieros y menos conexiones sociales también. Por tanto, son menos competentes como empresarios”.

Las autoridades han sopesado propuestas para reducir los impuestos a las familias numerosas y reducir la edad legal mínima para contraer matrimonio a 18 (la actual es de 20 años para las mujeres y 22 para los hombres), pero no las han implementado.

Este año podría ser diferente. Los delegados de la Asamblea Popular Nacional de China, que tendrá su reunión anual a principios de marzo, probablemente consideren rebajas fiscales o incluso subsidios directos para las familias que tienen un segundo hijo, algo muy factible después de los decepcionantes números de nacimientos del año pasado. Además, las autoridades sanitarias de China ya anunciaron un ambicioso plan para agregar 89 mil camas de maternidad en los hospitales y 140 mil obstetras y parteras en 2020. Entre tanto, el alcalde de Beijing, Chen Jining, reveló planes para agregar 30 mil lugares en preescolar y construir más escuelas preescolares.

Con todo, es difícil que estos esfuerzos reviertan la tendencia descendente de la natalidad en el país asiático, por lo menos en el futuro más inmediato.

Como señala Schrader del Conference Board, China ya cuenta con políticas relativamente generosas para apoyar a las familias, incluido un promedio de 161 días de licencia de maternidad con goce de sueldo, una medida excepcional que ni siquiera varias naciones desarrolladas ofrecen. Y diversas provincias también han alargado la licencia de paternidad desde que se introdujo la política de dos hijos. El Tíbet, por ejemplo, ahora ofrece un permiso remunerado de un mes a los nuevos padres.

Pero puede que China ya vaya muy avanzada en la ruta del desarrollo como para que estas políticas marquen la diferencia. En todo el mundo, a medida que las personas tienen más educación y más dinero, las tasas de natalidad generalmente caen, señala el economista Gan Li de la Universidad de Finanzas y Economía del Suroeste en Chengdú. Esto se debe a que las parejas tienden a enfocarse más en sus carreras y están menos interesadas en tener las grandes familias que las sociedades tradicionales han favorecido. “China ya es un país de altos ingresos en sus grandes ciudades”, dice Gan. “La tendencia de una tasa de fertilidad cada vez más baja continuará, independientemente de las políticas”.

Fuente: EL FINANCIERO

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