Tras su separación de Dasha Zhukova, el oligarca ruso suma ya tres discretos divorcios. Ahora su segunda esposa, Irina, acaba de dar su primera entrevista en una década.

El fin del matrimonio de Román Abramóvich con su segunda esposa, Irina, fue “el divorcio ideal”, según afirma la edición rusa de la revista Tatler. Varios medios británicos se hicieron eco la semana pasada de la rara entrevista que la exazafata, que estuvo casada con el oligarca ruso entre 1991 y 2007 y es la madre de sus cinco hijos mayores, acaba de conceder a esta publicación, considerada la biblia de la alta sociedad. Lo cierto es que Irina Abramóvich (de soltera, Malandina), de 51 años, no da titulares jugosísimos. De su relación con su ex solo afirma que ambos tratan de enseñar a sus hijos “amabilidad, compasión y el hábito de trabajar duro”. También relata a qué se dedica cada uno de sus cinco vástagos: Anna de 26 es graduada en filosofía por la Universidad de Colombia; Arkady, de 25, tiene un negocio de éxito del que no da más datos; Sofía, de 21, es una amazona entusiasta y se graduó en la Royal Holloway University de Londres; Arina planea entrar en la facultad de veterinaria en Australia e Ilya, de 16, está todavía en el colegio.

Pero sobre todo se extiende hablando de su fe ortodoxa y, al ser preguntada sobre sus intereses actuales, menciona “la interacción con Dios, mis hijos, los amigos cercanos y el mundo de la cultura”. Aunque sigue afincada en Londres, mantiene un perfil infinitamente más bajo que en los tiempos en los que alternaba con Bernie Ecclestone, Elton John o Mohamed Al-Fayed, y ella y su entonces marido eran los miembros más conocidos de la colonia de megarricos rusos que le supuso a la capital británica el sobrenombre de Londongrado.

Irina conoció a Abramovich en 1990, cuando trabajaba como auxiliar de vuelo en la aerolínea rusa Aeroflot. Su matrimonio se prolongó 16 años, y terminó después de que el multimillonario conociera a Dasha Zhukova –que recientemente se convirtió en su tercera exmujer–. Pero, en 2008, The Telegraph publicó unas declaraciones realizadas por Irina a la versión rusa de la revista OK en las que explicaba que su existencia distaba de ser un cuento de hadas, ya que vivían rodeados de guardaespaldas armados y cambiaban de número de teléfono cada semana para evitar convertirse en blanco de secuestradores.

El acuerdo de divorcio se consumó en Moscú y, aunque los detalles nunca se han hecho públicos, varias fuentes sitúan la cifra que percibió Irina en unos 155 millones de libras. “Irina y los niños estarán atendidos el resto de sus vidas, pero el silencio de ella será la cuota”, afirmaba una fuente del mismo periódico el año de su ruptura. La vida de Román Abramóvich siempre ha sido un juego de equilibrios entre la extrema discreción (apenas se prodiga en eventos y evita conceder entrevistas) y la ostentación desaforada. Según la lista Forbes 2018, es la 140ª persona más rica del mundo, con una fortuna de casi 10.000 millones de euros. Entre sus posesiones destaca el Chelsea FC, una flota de yates (incluido el segundo mayor del mundo), numerosas propiedades inmobiliarias, cuadros de Bacon o Freud o su propio Boeing 767.

El año pasado, el magnate del acero y su tercera mujer, Dasha Zhukova, madre de sus dos hijos pequeños, también anunciaron su separación “amistosa”. “Continuaremos trabajando juntos como cofundadores de Garage –el museo de arte contemporáneo de Moscú–, y del centro cultural New Holland Island en San Petersburgo”, rezaba su declaración conjunta. La proverbial discreción de ambos (de hecho, durante años evitaron hacer público que se habían casado) hace pensar que su divorcio se manejará, una vez más, con la máxima confidencialidad. Aunque acaban de posar en aparente armonía en la fiesta del décimo aniversario de Garage, ella, que vive en Nueva York y alterna con supermodelos, diseñadores y estrellas del pop, parece haber rehecho su vida con Stavros Niarchos, nieto y heredero del famoso armador griego del mismo nombre. En cuanto a él, medios como el AD norteamericano o el Daily Mail lo relacionan con Polina Yumasheva, exmujer de otro oligarca ruso, Oleg Deripaska.

De sus tres exexposas, la más desconocida ha resultado ser también la más habladora. Olga Yurevna Lysova, que estuvo casada con Abramóvich menos de tres años a finales de los 80 y que tras su divorcio se quedó con el pequeño apartamento que habían compartido en Moscú, no ahorró detalles sobre su relación en una reveladora entrevista que publicó el Daily Mail en 2007, después de que se hiciera público el divorcio con Irina y la nueva relación con Zhukova. “Si te quiere, te consigue. Pero eso también se aplica al divorcio”, afirmaba Olga sobre la actitud del magnate ruso hacia las mujeres. Y añadía: “Le gusta que le digan que él es el jefe, que es único y el más maravilloso. Y, mientras te quiere, se queda contigo. La pregunta es: ¿por cuánto tiempo?”.

Fuente: El País.

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