Del último Sha de Persia al Rey saudí Fahd, repasamos las historias de desamor más trágicas de Oriente Medio

Las historias de amor propias de las «Mil y una noches» no están exentas de amargos desenlaces. Bodas fastuosas, que se prolongaron durante días en exóticos escenarios como la antigua Persia o Jordania, y que dieron la vuelta al mundo. Muchas de ellas, celebradas dentro de las cortes reales con más raigambre, desembocaron en abruptos divorcios. Esta semana, salía a la luz que el Rey de Marruecos Mohamed VI y su mujer, Lalla Salma, han finiquitado su matrimonio, tras 16 años de convivencia y dos hijos en común. Un divorcio esperado, puesto que ella había desparecido de la escena pública desde hacía meses, y a la vez silenciado, ya que la Casa Real aluita se resiste a emitir un comunicado oficial. Tras la ruptura del monarca marroquí y la Princesa Salma, en seguida vienen al recuerdo otras sonadas historias de desamor, que dejaron huella en los reinos del desierto.

En busca del hererdero

El último Sha de Persia, Reza Pahleví, y su segunda mujer, Soraya Esfandiary, protagonizaron el 12 de febrero de 1951 una de las bodas más pomposas de la historia. Soraya, que se crió entre Europa y la ciudad de Isfahan en Irán, coincidió en Londres con la Princesa Shams, la hermana mayor del soberano iraní. Ésta vio a la joven de 18 años como la candidata perfecta para su hermano. El Sha se acababa de divorciar de la Princesa Fawzia de Egipto, con la que tuvo una hija, y para garantizar la estabilidad de la corona debía contraer nupcias de nuevo y traer a un heredero al mundo. La Princesa Shams propició el encuentro entre Soraya y su hermano en Teherán, con una cena de gala que se desarrolló bajo la atenta mirada de la Reina madre, Tadj ol-Molouk. Un día después, el padre de Soraya, el embajador de Irán ante la República Federal de Alemania, le dijo: «Al Shah le gustas mucho. ¿Estás lista para casarte con él?». La pareja se comprometió y Soraya recibió su primera gema del Sha, un diamante deslumbrante para su dedo anular. Vivieron un romance de cuento de hadas, pero su vida idílica hizo aguas al conocerse la esterilidad de la joven Soraya. Tres años después de su boda, en octubre de 1954, un médico les certificó los problemas de Soraya para concebir un hijo, privándoles de un heredero. La disolución del matrimonio se anunció el 14 de marzo de 1958, y Soraya renunció a su cargo de Reina. Partió al exilio, y el Sha le permitió llevar una apacible vida, viajando entre Roma, Munich y París, donde se convirtió en un icono de moda y pasó a formar parte de la alta sociedad, presumiendo siempre de su impresionante colección de joyas. Realizó glamurosos pasados con gemas de Cartier, Bulgari y Harry Winston. Pero ninguna joya fue suficiente para devolverle la felicidad que experimentó junto al Sha antes de ser repudiada por su infertilidad. La princesa de los ojos tristes nunca recuperaría el brillo en su mirada. Después de fallecer en París en 2001, se hicieron públicas sus desgarradoras memorias: «El palacio de las soledades».

Guerra de religiones

En el caso de Janan Harb, la viuda secreta del Rey Fahd bin Abdulaziz al Saud, su condición de cristiana de origen palestino se convirtió en el principal escollo de su matrimonio.

Su historia de amor se fraguó cuando ella era una inocente veinteañera que, huyendo de la Cisjordania ocupada por Israel, buscaba fortuna en Beirut. Él tenía 45 años y era el favorito de su hermano, el Rey Faisal bin Abdulaziz al Saud, para sucederle en el Trono. Harb se convirtió al Islam antes de casarse con el monarca en marzo de 1968. El matrimonio no tardó mucho en desmoronarse. La recluyeron entre las cuatro paredes de una mansión de Riad y le prohibieron tener hijos. Se quedó embarazada hasta en tres ocasiones, pero su marido la obligó a abortar. No quería tener «a unos pequeños Arafat correteando por el palacio», declaró Harb en unas controvertidas memorias, en referencia al fallecido líder palestino Yasser Arafat.

En 1970 comenzó a urdirse un plan para alejarla definitivamente de la Familia Real saudí. El actual Rey Salman quería deshacerse de ella a toda costa. «Pensaron que yo era una amenaza para Fahd, ya que se estaba preparando para convertirse en Rey. No podían aceptar la existencia de una esposa cristiana palestina. Pero creo que Fahd hizo un trato para dejar que me fuera viva», remarca Harb, quien en 1971 fue deportada a Reino Unido.

En el reino hachemita, también abundan los divorcios y las separaciones. El Rey Hussein de Jordania se divorció en dos ocasiones; de la Reina Dina, y de la Princesa Muna, de origen británico y madre del actual Rey Abdalá. El desamor, en este segundo matrimonio, vino de la mano de otra mujer. Hussein se enamoró de la joven Alia Baha ed Din Touka. Muna acató la petición de divorcio y abandonó Jordania con una suculenta pensión bajo el brazo.

¿Qué porvenir le espera ahora a Lalla Salma de Marruecos? La última palabra, como siempre, la tendrá el Rey.

Fuente: ABC

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