1437058695_573021_1437060474_noticia_grandeCerca de la mitad de las gotitas de agua que conforman las nubes del hemisferio Norte se condensan alrededor de partículas de polución, por eso, llegar a entender cómo se forman las nubes en entornos no contaminados ha sido todo un desafío. Un nuevo estudio de la Universidad de Washington y el Pacific Northwest National Laboratory acerca de cómo se forman las nubes en el océano Antártico nos abre una ventana a los cielos preindustriales y a los mecanismos naturales detrás de la creación de las nubes.

La conclusión de esta investigación es que los océanos ricos en vida producen más nubes que a su vez son más reflectantes, debido a que el plancton, los microorganismos que son la base de los ecosistemas marinos, produce gases y pequeñas partículas que catalizan la formación de nubes. “Esta idea ha estado flotando ahí fuera cómo una hipótesis, pero nunca ha habido demasiadas evidencias que la corroboren” afirma el experto en nubes Robert Wood, profesor de ciencias atmosféricas en la Universidad de Washington (Seattle, Washington, EE UU).

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Lejanos y fríos, los mares estudiados, situados entre los 35 y los 55 grados sur son de los más importantes desde el punto de vista de la regulación del clima terrestre. Los resultados del estudio mostraron que a lo largo de un año, el incremento del albedo que provoca el plancton refleja cuatro vatios de energía solar por metro cuadrado, lo cual no parece mucho, pero en nuestro mundo sobrecalentado sí que lo es.

Los organismos marinos minúsculos contribuyen a las nubes directamente, al ser elevados por la evaporación y la brisa, e indirectamente, al producir gases sulfurosos. / Daniel McCoy. Universidad de Washington. (Science Advances.)

Hay dos factores que contribuyen a la reflectancia de las nubes, al albedo. El primero es la cantidad de partículas liquidas suspendidas en la nube y al tamaño de dichas partículas. Cada una de estas gotitas se forma alrededor de una partícula de aerosol (que son partículas solidas y liquidas suspendidas en el gas, en el aire), y la misma cantidad neta de líquido repartida en más partículas refleja más luz.

Gracias a datos de satélites de la NASA, el equipo de la Universidad de Washington pudo observar que en verano las nubes formadas sobre los mares del sur están compuestas de gotitas más pequeñas, pues las tormentas remiten y se reduce la cantidad de sales y demás aerosoles, así como de agua en ascenso a la atmósfera. Pero, a su vez, los científicos sabían que, a pesar de esto, en verano las nubes no solo no se vuelven menos reflectantes, si no todo lo contrario. Buscando una explicación llegaron a dos.

Uno de los responsables del olor a mar es el sulfuro que el fitoplancton libera. Estos gases, principalmente dimetil sulfido, reaccionan al ascender a las capas superiores de la atmósfera y allí se convierten en la primera contribución del plancton a la formación de nubes, al servir de semilla alrededor de la cual se condensa el agua. La otra manera en la que el plancton contribuye se produce cuando la evaporación eleva directamente a los microorganismos, que sirven también de sustrato para la formación de las gotas. Juntos, durante los meses del verano, estos dos procesos doblan la concentración de gotas suspendidas en el aire e incrementan sustancialmente la cantidad de calor y radiación reflejados. Frenar el deterioro y la polución de nuestros mares y océanos es, por tanto, una asignatura troncal y pendiente de cara a frenar a su vez el calentamiento global y el daño que le estamos infringiendo a nuestro planeta.

EL PAIS

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